Lo que le enseñé al amigo de mi hijo
Tenía diecinueve años, las manos le temblaban y me pidió que le enseñara. Yo tenía treinta y ocho, una bata de seda y toda la noche por delante.
Tenía diecinueve años, las manos le temblaban y me pidió que le enseñara. Yo tenía treinta y ocho, una bata de seda y toda la noche por delante.