La noche que aprendí a tocarme sola
A los veintitrés todavía no sabía cómo tocarme. Una noche de verano, un ruido en el pasillo y una puerta entornada me lo enseñaron todo de golpe.
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964 relatosA los veintitrés todavía no sabía cómo tocarme. Una noche de verano, un ruido en el pasillo y una puerta entornada me lo enseñaron todo de golpe.
Encendí la lámpara del buró, me subí la blusa de tirantes y empecé a jugar con mis pezones pensando en él. Ni siquiera imaginé cómo terminaría.
Fingí escandalizarme, pero llevaba años mojándome con la idea de abrir las piernas delante de mi marido y un desconocido.
Le dije que volvía a casa, pero di la vuelta con el coche antes de salir del aparcamiento y fui directa a cumplir todo lo que llevábamos semanas calentando.
Me imaginé tus manos en el volante y tu polla en mi boca antes de llegar al mar; cuando la playa quedó vacía, ya no hubo freno posible.
Todo empezó con una discusión incómoda en el coche, pero en la fila del cine una señora desconocida lo cambió todo con una tensión que nadie debía notar.
Diego dormía boca abajo. Yo miraba el techo con la mano entre las piernas, y en la cabeza volvía aquella noche en la trastienda del bar de Rocco.
Entré al sendero tomada de la mano de un desconocido, con mi esposo vigilando afuera y la falda pegada a mis muslos del puro morbo.
Ella se quedó mirándome mientras yo deslizaba las manos por el cuerpo de su marido, y entendí que ese masaje no iba a terminar como cualquier otro.
Bajé la mano por debajo de la mesa mientras las estanterías silenciaban todo. Solo tenía que obedecer la voz al otro lado del auricular y fingir que estudiaba.
Cuando vi las esposas sobre la cama, supe que esa noche no iba a dormir: iba a descubrir cuánto me excitaba perder el control.
Cuando cerró el video y me mostró a la mujer con la que me había engañado, ya estaba demasiado mojada para fingir que quería irme.
Me quedé escondido en la cocina oyendo sus voces, y cuando ella entró y vio mi bulto supe que ya no había salida.
Entré al baño tomada de la mano de mi esposo y salí temblando, empapada y con una imagen en la cabeza que todavía me enciende.
Cuando vi su erección frente a aquella camilla, entendí que no había llegado un segundo tarde: había llegado justo antes del desastre.
Creí que solo iba a una fiesta del hospital, pero acabé arrodillada ante un hombre maduro y después mi esposo quiso verlo todo.
Cerré la cortina para probarme un vestido y acabé empapada, de espaldas al espejo, viendo cómo su erección ya no cabía en el pantalón.
Entre semana necesitaba otra polla, y aquel sábado convertí una pelea con mi marido en la excusa perfecta para cumplir mi fantasía más sucia.
No alcanzamos a llegar al hotel: en cuanto vimos el callejón vacío, supe que iba a follarme ahí mismo contra la pared.
Fui a pedir ayuda, pero cuando vi cómo me miraba en aquel despacho, supe que la conversación podía acabar de una forma mucho más peligrosa.
Los relatos de fantasías exploran los deseos más profundos: todo aquello que se imagina en la oscuridad y rara vez se confiesa. Es la categoría más libre del sitio, donde la imaginación erótica no tiene límites y cualquier escenario es posible si enciende al lector.
Aquí conviven los juegos de rol más atrevidos, los sueños húmedos que se repiten, los desconocidos del ascensor, las enfermeras y policías que no existen pero deberían, los encuentros imposibles con la persona equivocada y los guiones que cada uno escribe en su cabeza antes de dormir. Fantasías sexuales hechas relato, desde las más comunes hasta las más inconfesables, narradas con detalle para que el lector se meta dentro de la escena.
Todos los relatos son obras de ficción protagonizadas por adultos y dirigidas a mayores de 18 años. El catálogo crece día a día: si tu fantasía todavía no está escrita, es cuestión de tiempo que la encuentres acá.