Mi marido quería que su amigo me mirara desnuda
Estaba furiosa con la idea de mi marido, pero cuando me quité la última prenda y floté desnuda frente a ellos dos, entendí que me gustaba más de lo que debía.
Historias de miradas furtivas y placeres ocultos
1135 relatosEstaba furiosa con la idea de mi marido, pero cuando me quité la última prenda y floté desnuda frente a ellos dos, entendí que me gustaba más de lo que debía.
Durante una semana entera la observé desde detrás de una duna, convencido de que jamás me acercaría. Hasta que perdió las llaves de su casa un sábado por la tarde.
Me arrodillé en la arena de espaldas a ellas, fingiendo buscar algo en el bolso, sabiendo perfectamente que las dos no podían apartar los ojos de mí.
Bajé descalza por el pasillo mientras él dormía, decidida a darle a mi marido los cuernos que tanto deseaba, pero a mi manera: sin que nunca llegara a saber que ya los tenía.
Llevábamos doce años casados y jamás la había visto tan dueña de sí misma como aquella tarde, dejándose mirar de pie en el agua por hombres que no conocíamos.
Me senté frente a un desconocido, crucé las piernas muy despacio y dejé que mirara. Lo que no sabía era que no era el único par de ojos clavado en mí.
Pensé que el ruido era del piso viejo, hasta que reconocí qué era: un gemido de mujer. Y venía de la habitación de mi mejor amigo.
Sabía que debía irse, dar media vuelta y respetar la intimidad de Lucía. Pero los gemidos del otro lado de la puerta la clavaron en el sitio, conteniendo la respiración.
La sala estaba casi vacía cuando ella eligió sentarse a una butaca de distancia. No miraba la pantalla: me miraba a mí, y quería que yo lo notara.
Subí al último vagón pensando en un viaje tranquilo. Nunca imaginé que la mujer del vestido verde me invitaría a mirar todo lo que su pareja iba a hacerle.
Le dije que el límite lo ponía ella. Lo que no esperaba era cuánto me gustaría quedarme a un lado, mirando, mientras otros la descubrían.
La primera vez fue un reflejo en el cristal: una silueta inmóvil al otro lado del patio, mirándola desayunar en bata. No apartó la cortina. Tampoco la cerró.
La calentura del ascensor seguía encendida cuando entramos al departamento, y mi novio ya se había acomodado en una silla, dispuesto solo a mirar.
Cuando le bajé el tanga para ponerle crema, noté que la pareja de al lado había dejado de disimular. Y entonces entendí que mirar también era parte del juego.
Mientras ellas se iban de compras, nosotros nos quedamos solos con una cerveza, un móvil lleno de fotos y demasiada curiosidad por lo que el otro escondía.
Ese cubículo tenía una ventana hacia la sala de lectura. Yo creía que estudiábamos para el examen, hasta que sentí los ojos de aquel chico sobre nosotros.
Abrí la puerta con los auriculares puestos, sin sospechar nada. Cuando me asomé al salón, él no estaba solo, y tuve la sangre fría de quedarme mirando.
Llevaba un rato a mi lado, espiándome mientras yo me perdía en el cuadro. Cuando por fin habló, supe que las dos deseábamos exactamente lo mismo.
Se quedó quieta entre los árboles, roja de vergüenza, con las manos cruzadas a la espalda. —Solo déjame mirar —susurró—. Nunca he visto a un hombre hacerlo.
Llevaba todo el día sin ganas de nada. Hasta que al encender la caldera vi a la mujer del edificio de enfrente caminar casi desnuda por su cocina, ajena a mi mirada.
Los relatos de voyerismo juegan con uno de los placeres más antiguos: mirar sin ser visto. Historias eróticas de miradas furtivas, ventanas indiscretas y secretos espiados, donde la excitación nace de presenciar lo que no estaba destinado a nuestros ojos.
Encontrarás vecinas que se desnudan sin cerrar las cortinas, parejas espiadas en la playa o en el parque, cámaras ocultas, baños compartidos por error y exhibicionistas que disfrutan sabiéndose observados. También el costado contrario del mismo juego: el morbo de mostrarse, el dogging, las parejas que buscan público y los pillados in fraganti que deciden seguir adelante. Voyeurismo y exhibicionismo en español, sin culpa y con mucho detalle.
Como todo el sitio, son obras de ficción entre adultos destinadas a mayores de 18 años. Si lo tuyo es mirar, acá hay material nuevo cada semana para espiar sin que nadie se entere.