La profesora nos desnudó en la clase práctica
Cuando me hizo pasar al frente, pensé que solo señalaría músculos; no imaginé acabar desnuda, mojada y abierta ante las otras tres.
Historias de miradas furtivas y placeres ocultos
1258 relatosCuando me hizo pasar al frente, pensé que solo señalaría músculos; no imaginé acabar desnuda, mojada y abierta ante las otras tres.
A los veintitrés todavía no sabía cómo tocarme. Una noche de verano, un ruido en el pasillo y una puerta entornada me lo enseñaron todo de golpe.
Mi mujer solo iba a dejarse mirar, pero cuando vio cómo él se tocaba en la butaca, me pidió al oído que no lo dejáramos fuera.
Cuando ella dijo que quería jugar con cuatro hombres en la calle, ninguno imaginó hasta dónde iba a llegar aquella noche.
Creí que solo iba a espiarlos dormir, pero aquella mujer mandaba tanto sobre él que terminé pegado a la pantalla toda la noche.
Abrí la puerta sin ropa interior, lo dejé mirarme toda la noche y terminé tan mojada que apenas podía disimularlo.
Cuando se quitó el bikini delante de desconocidos, supe que no iba a conformarme con mirar el mar.
Llevábamos años provocándolo desde la arena, pero aquella tarde mi mujer abrió más las piernas y supe que ya no iba a quedarse solo mirando.
Primero fueron sus ojos desde el edificio de enfrente; después, su bulto rozándome mientras bailábamos en mi sala.
La vi cruzar el parque con una calma fingida, sabiendo que cada paso estaba diseñado para que alguien le clavara los ojos encima.
Primero me grabaron masturbándome; después, mi madre descubrió que el pecado en esa casa no era el deseo, sino quién fingía no tenerlo.
Cuando atendió la videollamada desde la oficina, ya estaba desnuda en el hotel y yo tenía a otro hombre esperando fuera de cámara.
Bajé el mando y contuve la respiración: al otro lado de la pared, sus gemidos empezaban a subir de tono y yo ya tenía la mano dentro del pantalón.
Acepté su cena por necesidad, pero cuando aparcó en la oscuridad supe que no quería tocarme: quería verme perder la vergüenza.
Desde la sombra del patio los vi besarse en el coche, y cuando él se abrió el pantalón ya no pude dejar de tocarme.
Escuché los gemidos al pasar por el pasillo. La puerta estaba entreabierta y no pude apartar la mirada. Tampoco pude quedarme quieta.
Todo empezó cuando el cabecero de su cama golpeó la mía. A partir de ahí, ya no pude fingir que no la escuchaba, ni que no la deseaba desde hacía meses.
Mi marido volvió del bar con una sonrisa rara, un número en el bolsillo y una idea sucia que me dejó empapada antes de tocarme.
Me puse el vestido que él eligió y, cuando sentí las miradas clavadas en mi culo, entendí por qué a mi marido le excitaba exhibirme.
Cuando se levantó la falda en plena carretera y dejó que los camioneros miraran, supe que ese viaje no iba a tener nada de inocente.
Los relatos de voyerismo juegan con uno de los placeres más antiguos: mirar sin ser visto. Historias eróticas de miradas furtivas, ventanas indiscretas y secretos espiados, donde la excitación nace de presenciar lo que no estaba destinado a nuestros ojos.
Encontrarás vecinas que se desnudan sin cerrar las cortinas, parejas espiadas en la playa o en el parque, cámaras ocultas, baños compartidos por error y exhibicionistas que disfrutan sabiéndose observados. También el costado contrario del mismo juego: el morbo de mostrarse, el dogging, las parejas que buscan público y los pillados in fraganti que deciden seguir adelante. Voyeurismo y exhibicionismo en español, sin culpa y con mucho detalle.
Como todo el sitio, son obras de ficción entre adultos destinadas a mayores de 18 años. Si lo tuyo es mirar, acá hay material nuevo cada semana para espiar sin que nadie se entere.