Samanta volvió temprano y nada volvió a ser igual
El ruido venía del gimnasio. Samanta pensó en ladrones; lo que vio detrás de la puerta entreabierta la dejó sin aire y cambió lo que sentía por su madre.
Relatos de encuentros grupales y placeres compartidos
1522 relatosEl ruido venía del gimnasio. Samanta pensó en ladrones; lo que vio detrás de la puerta entreabierta la dejó sin aire y cambió lo que sentía por su madre.
Eran las siete de la mañana, todavía me zumbaban los oídos por la música, y al abrir la puerta del piso entendí que esos gemidos no venían de ningún vídeo.
Cuando el caso me obligó a vestirme de mujer por primera vez, no imaginé que la mujer del espejo, Lía, terminaría arrastrándome a una noche que lo cambió todo.
Vivíamos los tres bajo el mismo techo y, al principio, lo único raro era el silencio. Después llegaron las copas, los bailes y una confianza que no debía cruzar ninguna puerta.
Cuando Sofía me susurró al oído que esa noche no estaríamos solas, sentí un escalofrío que no supe si era miedo o ganas. El desconocido ya subía las escaleras.
Llegué tarde al hotel, hambriento y harto de carretera. No imaginaba que esa noche terminaría en la habitación 205, repartiéndome a la camarera con mi compañero.
En el templo de obsidiana, Nerea apretó los dedos contra su propio vientre y susurró el deseo que la consumía: ser, por fin, el espejo exacto del cuerpo doble de su amada.
No recuerdo sus nombres, pero llevo años sin poder olvidar sus caras. Ni sus cuerpos. Y sobre todo no me perdono haber disfrutado tanto de aquella noche.
Toqué el timbre convencida de que estaríamos los dos solos. Me abrió una desconocida de pelo negro y sonrisa torcida que ya sabía mi nombre.
Creía que el vestuario estaba vacío cuando entró en la ducha. No contaba con que dos desconocidos lo estaban mirando, ni con las ganas que esa mirada le despertó.
Creía que llevábamos cinco años perfectos, hasta que entró en aquel local y eligió algo que dejaba claro que mi cuerpo ya no le bastaba.
Me senté en penumbra, decidida a no tocar a nadie y solo observar. Pero mis dedos tenían otros planes mientras la veía entregarse a dos hombres a un metro de mí.
Cuando empecé a provocar a Diego dentro de la carpa, Camila tenía los ojos cerrados. Pero su mano ya se movía bajo la bolsa de dormir, y supe que no estaba dormida en absoluto.
Llevaba cinco años de sequía y mi marido acababa de proponerme un trío en el que él participaría vestido de mujer. Lo más loco: yo ya sabía a quién invitar.
Llamó a su puerta empapada por la lluvia, sin orgullo y sin nada que ofrecer salvo su cuerpo. Ellos la miraron, se miraron, y ella supo que todo volvía a empezar.
Bajaba la mirada cada vez que ella entraba al local, fingiendo contar tornillos. Lo que nunca supe es que ella también me estudiaba a mí.
Cuando la asistente del director me entregó la bolsa con la lencería, supe que no había vuelta atrás: esa noche pertenecía a todos los hombres de aquella sala.
Encontré una copa de vino, un antifaz negro y un texto encendido en la pantalla. Lo leí despacio y entendí que esa noche mi marido había decidido cumplir su mayor deseo.
Las paredes eran de papel. La oímos gemir en el cuarto de al lado y entendimos que nos había estado escuchando todo el tiempo, esperando una invitación.
Cuando abrí la puerta esperaba encontrarla a ella sola en el sillón, como siempre. No conté con la segunda silueta que me miraba desde la penumbra del salón.
Los relatos de tríos y orgías cuentan lo que pasa cuando en la cama sobran las manos y faltan las inhibiciones: encuentros grupales donde el placer se multiplica y las reglas de la pareja tradicional quedan en la puerta. Historias eróticas de sexo grupal en español, contadas con todo detalle.
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Todos los relatos son obras de ficción protagonizadas por adultos que eligen compartir placer, dirigidas a mayores de 18 años. Si la fantasía de un trío te ronda la cabeza, acá vas a encontrar historias nuevas casi todos los días para alimentarla.