Nunca conté lo que pasó en el yate esa noche
La brisa nocturna, dos porros encendidos y la certeza de que todos dormían. Solo faltaba que uno dijera en voz alta lo que ambos pensábamos.
Relatos de deseo y encuentros entre hombres
8 relatosLa brisa nocturna, dos porros encendidos y la certeza de que todos dormían. Solo faltaba que uno dijera en voz alta lo que ambos pensábamos.
El agua caía sobre nosotros y yo estaba de rodillas. Esos tres días me enseñaron que hay placeres que no se pueden reprimir por mucho que lo intentes.
Éramos los mejores amigos desde el colegio. Nadie habría sospechado lo que hacíamos a solas cuando sus padres se iban de casa.
Me susurró el número de su habitación al oído y se marchó. Me quedé con el café a medio terminar y el pulso latiéndome en la garganta.
Cerró con llave, se sentó en el escritorio y me miró con unos ojos verdes que no juzgaban nada. Yo todavía tenía la respiración agitada.
El vapor lo difuminaba todo en aquel vestuario vacío, menos la certeza de que sus manos sobre mi espalda no tenían nada que ver con el deporte.
Abrí la puerta esperando a uno. Eran dos. Y traían una mochila con todo lo necesario para convertirme en su juguete durante horas.
Tres activos, un cubículo y yo boca arriba con las piernas en alto. La mejor noche de mi vida en la sauna.