Lo que hizo mi ex mientras yo no llegaba
Acostados, desnudos, todavía oliendo a lo que acabábamos de hacer, Sofía me dijo que tenía que contarme algo. Algo sobre Elena. Algo que me cambiaría la forma de verla para siempre.
Acostados, desnudos, todavía oliendo a lo que acabábamos de hacer, Sofía me dijo que tenía que contarme algo. Algo sobre Elena. Algo que me cambiaría la forma de verla para siempre.
Me desperté con el cuerpo todavía encendido y él ya tenía las manos en mi cintura. Esa mañana no iba a terminar pronto.
La encargada del almacén nunca le dio ni media sonrisa. Esa noche la encontró sola en la parada, sin colectivos y sin escapatoria.
Cuando su mano me ajustó la postura desde atrás, sentí su cuerpo contra el mío y supe que lo que venía no tenía nada que ver con el entrenamiento.
Ajustó los binoculares hacia la ventana iluminada del cuarto piso y encontró algo que no estaba destinado para él.
Cuando pasé por el paradero, Don Rodrigo me vio desde el bus. Lo que empezó como unas cervezas de cumpleaños terminó de una forma que no esperaba.
Tenía diecinueve años, las manos le temblaban y me pidió que le enseñara. Yo tenía treinta y ocho, una bata de seda y toda la noche por delante.