Samanta volvió temprano y nada volvió a ser igual
El ruido venía del gimnasio. Samanta pensó en ladrones; lo que vio detrás de la puerta entreabierta la dejó sin aire y cambió lo que sentía por su madre.
Historias reales contadas en primera persona
2077 relatosEl ruido venía del gimnasio. Samanta pensó en ladrones; lo que vio detrás de la puerta entreabierta la dejó sin aire y cambió lo que sentía por su madre.
Estaba apoyada en la pared, mirando el móvil, con un vestido negro que le quedaba demasiado bien. No fumaba. Solo esperaba, y yo todavía no sabía a quién.
Eran las siete de la mañana, todavía me zumbaban los oídos por la música, y al abrir la puerta del piso entendí que esos gemidos no venían de ningún vídeo.
Habíamos quedado para tomar algo sin más, como dos personas que se llevan bien. Lo que no esperaba era cómo terminaría esa noche de fiesta.
Vino a casa solo para que le retratara la boca. Lo que ninguno de los dos previó fue lo que esa cámara despertaría entre nosotros aquella tarde.
Salimos casi sin despedirnos. En el auto, con la rabia todavía ardiéndome por dentro, decidí recordarle a quién pertenecía esa noche.
Fui al baño riéndome con mis amigas y volví caminando junto a un desconocido que no dejaba de soltarme indirectas. No pensaba parar a tiempo.
Llevaba el disfraz demasiado apretado y media cerveza de más cuando empujé la puerta equivocada. Dentro estaba él, mirándome como si supiera que yo no iba a salir.
Me escondí entre los árboles solo para mirarla nadar. Lo que pasó cuando me descubrió aún me hace temblar cada vez que estornudo.
Su madre iba a misa los miércoles por la tarde, y ese hueco de media hora se convirtió en el secreto mejor guardado de toda la oficina.
Eran las tres de la mañana, ella se acurrucó más fuerte contra mí y mi mano encontró su piel. No había prisa, solo nosotros dos y el silencio de la ciudad dormida.
Lo decidí la noche anterior, mientras él dormía: a la mañana siguiente empezaría, sola, una rutina que llevaba años imaginando y que nunca me había atrevido a sostener.
Lo dejé pasar pensando que solo buscaba un vaso de agua. Diez minutos después estaba arrodillada frente al sofá y no quería detenerme.
Trabajaba mientras la ciudad dormía encerrada, y el único momento mío era ese vagón vacío. Hasta que él dejó de pedirme el permiso y empezó a pedirme otra cosa.
Llevábamos meses rozándonos con la mirada en el juzgado. Aquella tarde de feria, entre dos coches y lejos de todos, dejamos de fingir que no pasaba nada.
Apreté el último tornillo, le di la vuelta y supe que algo había salido mal. Lo que no imaginé fue cómo terminaría aquella siesta frustrada.
Tres meses después de la separación, Mariela apareció en mi puerta con la misma sonrisa de siempre. Lo que no esperaba era lo que estaba dispuesta a dejarme hacer esa mañana.
Lo invité a un café sabiendo que no era un café lo que quería. A los cincuenta, Raquel descubrió que la culpa nunca había podido con sus ganas.
No recuerdo sus nombres, pero llevo años sin poder olvidar sus caras. Ni sus cuerpos. Y sobre todo no me perdono haber disfrutado tanto de aquella noche.
Diez minutos antes de las seis guardé los papeles, retoqué mi lápiz labial rojo y conduje hasta el motel donde él me esperaba con una orden muy precisa de mi marido.
Las confesiones eróticas son historias íntimas contadas en primera persona, con el tono de quien le susurra un secreto a un amigo: experiencias sexuales narradas por sus propios protagonistas, con la crudeza y la honestidad de lo vivido. Es la categoría favorita de quienes buscan relatos que se sientan reales.
Aquí se confiesa de todo: la noche con el mejor amigo del marido, lo que pasó en ese viaje que nadie conoce, los amantes que nunca se nombraron, las fantasías cumplidas que jamás se contaron en voz alta y los deseos que todavía queman. Anécdotas de oficina, de vacaciones, de juventud y de madurez, escritas como un diario íntimo abierto al lector.
Todas las confesiones publicadas son obras de ficción narrativa protagonizadas por adultos y destinadas a mayores de 18 años. Si te gustan las historias eróticas reales o que se leen como tales, esta sección suma material nuevo constantemente.