Lo que hice en el cine vacío con un desconocido
Era virgen, estaba deprimido y solo quería que alguien le creyera. Acepté verlo en la última fila de un cine a oscuras, y lo que pasó allí todavía me da morbo.
Historias reales contadas en primera persona
2228 relatosEra virgen, estaba deprimido y solo quería que alguien le creyera. Acepté verlo en la última fila de un cine a oscuras, y lo que pasó allí todavía me da morbo.
Mi jefa me había encendido durante todo el vuelo. Cuando me levanté al baño, no esperaba que alguien más entrara detrás de mí.
Llevábamos semanas sin tocarnos y, cuando por fin la tuve contra la puerta de mi despacho, descubrí que el problema no era el deseo, sino tener que hacerlo sin un solo gemido.
Ella se agachó a recoger los trozos de la taza rota sin saber que, desde el marco de la puerta, alguien la observaba sin respirar.
No le dije mi nombre, él no me lo preguntó, y aun así esa tarde me conoció más que cualquier hombre que haya pasado por mi cama.
Llevaba treinta años repitiendo la misma vida, hasta que encontró aquellos pañuelos sobre la mesilla y algo dormido en su interior empezó a despertar.
Cada tarde corría la caja que hacía de puerta y se sentaba a mi lado, como si ese rincón estrecho fuera el único lugar del mundo donde podíamos ser otros.
Nadie en mi trabajo lo imaginaría, pero basta un conjunto de lencería barata y un vaso de algo fuerte para que el hombre que ven cada día desaparezca por completo.
Llevaba toda la vida diciendo que eso no era para mí. Una noche, después de cerrar el bar, un hombre me demostró cuánto me había equivocado.
Tiene veintidós años y me preguntó, mirando la calle, si de verdad me gustaba bajar entre las piernas de una mujer. Esa noche le conté todo lo que sé.
Cada vez que ella empujaba la puerta del bar, seis hombres se levantaban a la vez, como si hubieran ensayado esa escena cientos de noches.
Pensé que era una noche más de estudio hasta que ella giró la cabeza, me miró fijamente y dijo aquella frase que lo cambió todo entre nosotros.
Le pinté las uñas de rojo para su cita con otro hombre. Ella tenía la única llave de lo que me mantenía encerrado, y esa noche lo cambió todo.
Llevaba semanas con la misma curiosidad clavada en la cabeza, hasta que un viernes Marina me tomó de la mano y me dijo que ya era hora de probarlo.
Mateo le prometió que sería un éxito. Lo que no le dijo es que pensaba esconderse bajo el escritorio mientras ella saludaba a sus primeros seguidores en vivo.
No habíamos cruzado el portón del garaje cuando ella ya me había desabrochado el pantalón. Decía que no podía esperar a subir, y le creí.
Nunca la soporté, pero cuando me escribió pidiendo ayuda para encontrar trabajo se me ocurrió una idea. Mi novia decidió llevarla mucho más lejos de lo que yo planeaba.
Durante años fuimos amantes sin ataduras y siempre mandó ella. El día que me firmó el despido decidí que, por una vez, las condiciones las ponía yo.
Deslicé las uñas rojas por mi piel sin un solo vello y sonreí: en unas horas dejaría de ser la chica callada del cuarto piso para volver a ser otra cosa.
Tardé meses en reunir el valor para decírselo. Y cuando por fin lo hice, él solo sonrió y apagó la luz del pasillo.
Las confesiones eróticas son historias íntimas contadas en primera persona, con el tono de quien le susurra un secreto a un amigo: experiencias sexuales narradas por sus propios protagonistas, con la crudeza y la honestidad de lo vivido. Es la categoría favorita de quienes buscan relatos que se sientan reales.
Aquí se confiesa de todo: la noche con el mejor amigo del marido, lo que pasó en ese viaje que nadie conoce, los amantes que nunca se nombraron, las fantasías cumplidas que jamás se contaron en voz alta y los deseos que todavía queman. Anécdotas de oficina, de vacaciones, de juventud y de madurez, escritas como un diario íntimo abierto al lector.
Todas las confesiones publicadas son obras de ficción narrativa protagonizadas por adultos y destinadas a mayores de 18 años. Si te gustan las historias eróticas reales o que se leen como tales, esta sección suma material nuevo constantemente.