Mi cita con una madura acabó en su coche
Aparqué junto a la casa, encendí un cigarro y, cuando ella salió sin sostén bajo la blusa, supe que esa primera cita no iba a terminar con una simple conversación.
Historias reales contadas en primera persona
2412 relatosAparqué junto a la casa, encendí un cigarro y, cuando ella salió sin sostén bajo la blusa, supe que esa primera cita no iba a terminar con una simple conversación.
Nunca pensé que dejaría que un desconocido me sobara el culo entre tanta gente, pero el morbo me pudo y no aparté su mano.
Cada vez que la casa quedaba vacía, yo cerraba la puerta de su cuarto, abría su cajón secreto y me perdía oliendo, chupando y gimiendo sola.
Ella solo quería hacer una pregunta incómoda; esa misma noche terminó en mi cama, decidida a descubrir qué podía sentir.
Lo que iba a ser una cena incómoda terminó abriendo una puerta que ninguna de nosotras pensaba volver a cerrar.
Entré solo al cine x, nervioso y caliente, y acabé siguiendo a una pareja madura hasta un coche donde pasó de todo.
Entró al confesionario temblando, pero a medida que hablaba, cada detalle del chantaje la fue hundiendo otra vez en el mismo deseo sucio.
Acepté que me llevara a casa después de la fiesta, pero cuando estacionó en la oscuridad entendí que esa noche iba a ponerme a prueba.
Bajo el edredón, después de hacerla correrse varias veces, me pidió al oído que le abriera el culo despacio y sin dejar de mirarla.
Cerré la puerta, dejé el lubricante sobre la mesita y decidí probar por fin eso que llevaba años excitándome en secreto.
Bastó volver a olerlo para saber que esa noche no iba a salir de esa habitación caminando igual que entré.
Le dije que volvía a casa, pero di la vuelta con el coche antes de salir del aparcamiento y fui directa a cumplir todo lo que llevábamos semanas calentando.
La vi caminar descalza al atardecer y, cuando me habló, supe que esa noche no iba a parecerse a ninguna otra de mi vida.
Ella dejó la tarta intacta, me rozó bajo la mesa y sonrió como si ya hubiera elegido el final de la noche.
He probado muchas formas de follar, pero nada me enciende tanto como quedar en medio de dos cuerpos decididos a usarme y complacerme a la vez.
Lo cité después de clases para arreglar una ventana, pero los dos sabíamos que no era solo madera lo que estaba a punto de ceder.
Creí que aquel beso en el pueblo era lo único que tendría de él, hasta que volvió a mirarme como si los años no hubieran pasado.
Lo vi en la playa, brindamos de noche y, cuando cerré la puerta del hotel, supe que iba a terminar de rodillas chupándosela sin freno.
Lo primero fue por desesperación; lo siguiente, por morbo. La noche en que decidí esconderme para mirar ya no hubo vuelta atrás.
Estaba escondido en un armario con el celular grabando cuando ella se arrodilló frente al profesor y entendí que aquello apenas empezaba.
Las confesiones eróticas son historias íntimas contadas en primera persona, con el tono de quien le susurra un secreto a un amigo: experiencias sexuales narradas por sus propios protagonistas, con la crudeza y la honestidad de lo vivido. Es la categoría favorita de quienes buscan relatos que se sientan reales.
Aquí se confiesa de todo: la noche con el mejor amigo del marido, lo que pasó en ese viaje que nadie conoce, los amantes que nunca se nombraron, las fantasías cumplidas que jamás se contaron en voz alta y los deseos que todavía queman. Anécdotas de oficina, de vacaciones, de juventud y de madurez, escritas como un diario íntimo abierto al lector.
Todas las confesiones publicadas son obras de ficción narrativa protagonizadas por adultos y destinadas a mayores de 18 años. Si te gustan las historias eróticas reales o que se leen como tales, esta sección suma material nuevo constantemente.