La cita a ciegas que acepté a mis años
En la puerta solo había un antifaz y una nota: «Póntelo y llama». Podía salir corriendo, pero a sus años estaba cansada de no atreverse a nada.
Relatos con mujeres experimentadas y seductoras
1372 relatosEn la puerta solo había un antifaz y una nota: «Póntelo y llama». Podía salir corriendo, pero a sus años estaba cansada de no atreverse a nada.
Cuando mi familia salió y la casa quedó en silencio, me puse el vestido rosa, preparé una bandeja con el desayuno y subí a la habitación del invitado con una idea muy clara en la cabeza.
A los cuarenta y siete años creía que el deseo pertenecía al pasado, hasta que lo vio quitarse la camiseta bajo el sol y hundir las manos en la tierra de su jardín abandonado.
Me pidió que la llevara al recital como quien pide un favor inocente. No sabía que esa noche, en el palco, iba a aprender quién manda de verdad.
Llevaba meses imaginando esa consulta. Ese martes entré dispuesta a que el chequeo de rutina se convirtiera en algo que ninguno de los dos íbamos a olvidar.
Don Rómulo me miraba las nalgas cada vez que me agachaba en su tienda. Esa tarde le pasé mi número, sin saber que mi marido lo estaba esperando con la cámara lista.
Llegó sin el traje de dueña ni la voz de mando: vestido negro, pelo suelto con vetas plateadas y una frase que no le había oído nunca, «hoy solo quiero ser mujer».
Llevaba treinta años repitiendo la misma vida, hasta que encontró aquellos pañuelos sobre la mesilla y algo dormido en su interior empezó a despertar.
Cuando supe cuál era la prenda me quedé muda. No por incapaz, sino porque me exponía con un hombre que conocía a media ciudad. Y aun así llegué puntual el primer día.
Me escribió una sola línea: «¿Relato o fantasía?». No imaginé que esa pregunta terminaría con ella desnuda sobre mi camilla, esperando que se lo demostrara.
Sesenta y dos años, casada, abuela y con un cuerpo que detenía el tráfico. Me midió con la mirada y supe que ese fin de semana su piso del noveno sería solo nuestro.
Vi cómo me miraba cada vez que iba a su casa. Esa semana en la playa, lejos de todos, decidí averiguar hasta dónde llegaría el padre de mi novio.
Subió tres pisos sudando, con una caja de vino entre los brazos y la mirada clavada en el suelo. Yo decidí, antes de abrir del todo la puerta, que no se iría tan pronto.
Cuando Eduardo abrió la puerta esperaba encontrarla sola y dócil, como siempre. No esperaba verme arrodillado entre las piernas de su mujer, ni la sonrisa con que ella lo recibió.
Llevaba toda la vida diciendo que eso no era para mí. Una noche, después de cerrar el bar, un hombre me demostró cuánto me había equivocado.
Pensé que la casa de al lado estaba vacía. Cuando levanté la vista del libro y lo vi en el balcón, supe exactamente lo que iba a hacer con él.
Le pidió que se tumbara en el diván como si soñara despierta. Cuando él levantó la vista del lienzo, ella supo que esa tarde no aprendería solo a pintar.
Se fueron las tres solas, con las maletas llenas de bikinis diminutos y una sola intención. Mi mujer me dijo que mejor me lo contaba a la vuelta. Y vaya si me lo contó.
El móvil sonó a las seis con tres besos de su amigo, y Amparo supo, antes de contestar, que esa llamada no terminaría como las otras entre ellos.
Subieron a mi auto creyendo que solo iban a darse un baño y comer caliente. Yo ya había decidido que esa tarde no terminaría con ellos vestidos.
Los relatos de maduras celebran a las mujeres con experiencia: cuarentonas y cincuentonas seguras de sí mismas que saben exactamente lo que quieren en la cama y no tienen miedo de pedirlo. La fantasía de la mujer madura es un clásico de la literatura erótica, y acá está contada sin filtros.
Las historias recorren todos los escenarios típicos del género: la vecina divorciada que invita a un café al joven del edificio, la jefa que se queda hasta tarde con su empleado nuevo, la profesora particular que enseña más de lo previsto, la amiga de mamá y la suegra que mira distinto. Relatos MILF y cougar en español donde la diferencia de edad es el motor del deseo y la experiencia marca la diferencia.
Como siempre, se trata de obras de ficción protagonizadas por adultos y dirigidas a mayores de 18 años. El catálogo de relatos de maduras crece todas las semanas con historias nuevas de mujeres que mejoran con los años.