El que tuvo, retuvo: el ganadero aún tenía hambre
Paró la camioneta junto al pinar, la miró por el retrovisor y supo, con la calma de quien lleva una vida cazando, que esa mañana no volvería con las manos vacías.
Relatos con mujeres experimentadas y seductoras
1202 relatosParó la camioneta junto al pinar, la miró por el retrovisor y supo, con la calma de quien lleva una vida cazando, que esa mañana no volvería con las manos vacías.
Lo último que recordaba era brindar con una mujer preciosa. Lo siguiente, despertar en el suelo de un sótano, sin fuerzas, sin ropa y sin escapatoria posible.
De día imponía respeto con la placa; de noche se arrodillaba en su propio dormitorio y dejaba que un anciano la reclamara como suya.
Volví a casa con el cuerpo todavía encendido por la noche anterior, sin imaginar que una charla en la cocina iba a desarmarme más que cualquier caricia.
A los cincuenta y cinco años creía que el deseo era cosa del pasado, hasta que el marido de mi hija me miró de un modo que el mío había olvidado.
Abrí las cortinas medio dormida y no me di cuenta de que él estaba al otro lado del cristal, mirándome. Y algo en esa mirada me hizo querer dejarlo seguir.
Llevaba años sin verlo, pero cuando abrí la puerta a medianoche y sentí sus manos firmes en mi cintura entendí que mi padrino ya no me miraba como antes.
Subió a mi coche con un vestido suelto y la calma de quien ya no tiene prisa. No imaginé que dos días después me pediría que me desviara hasta su puerta.
Lo decidí la noche anterior, mientras él dormía: a la mañana siguiente empezaría, sola, una rutina que llevaba años imaginando y que nunca me había atrevido a sostener.
Tenía edad para ser su madre, pero él me miró como se mira a una mujer que uno quiere desnudar despacio. Y yo no hice nada por corregir el malentendido.
Cuando me abrió la puerta con aquella bata colorada, supe que el verano no había terminado: todavía nos quedaba una cuenta pendiente entre las sábanas.
Vivíamos los tres bajo el mismo techo y, al principio, lo único raro era el silencio. Después llegaron las copas, los bailes y una confianza que no debía cruzar ninguna puerta.
Llegué tarde al hotel, hambriento y harto de carretera. No imaginaba que esa noche terminaría en la habitación 205, repartiéndome a la camarera con mi compañero.
Llevábamos meses rozándonos con la mirada en el juzgado. Aquella tarde de feria, entre dos coches y lejos de todos, dejamos de fingir que no pasaba nada.
Tenía casi el doble de mi edad y una sonrisa que prometía problemas. Me dijo que iba a comprobar si tenía hambre de verdad o solo estaba aburrido, y ya estaba perdido.
Tenía sesenta y tantos años y un perfume que perduraba en el ascensor; jamás pensé que ayudarla con unos muebles me llevaría a su cama esa misma noche.
Cuando me abrió con aquel vestido amarillo, supe que mi excusa del wifi no engañaba a nadie. Y menos a una mujer que conocía todos mis secretos.
Desperté esposado a una cadena, con un collar al cuello y una mordaza que sabía a suciedad. Frente a mí, la señora sonreía: apenas estaba empezando conmigo.
La primera vez que lo desnudó para el baño, Amparo descubrió que la carne más frágil aún guardaba un fuego capaz de incendiar todos sus votos.
Lo invité a un café sabiendo que no era un café lo que quería. A los cincuenta, Raquel descubrió que la culpa nunca había podido con sus ganas.
Los relatos de maduras celebran a las mujeres con experiencia: cuarentonas y cincuentonas seguras de sí mismas que saben exactamente lo que quieren en la cama y no tienen miedo de pedirlo. La fantasía de la mujer madura es un clásico de la literatura erótica, y acá está contada sin filtros.
Las historias recorren todos los escenarios típicos del género: la vecina divorciada que invita a un café al joven del edificio, la jefa que se queda hasta tarde con su empleado nuevo, la profesora particular que enseña más de lo previsto, la amiga de mamá y la suegra que mira distinto. Relatos MILF y cougar en español donde la diferencia de edad es el motor del deseo y la experiencia marca la diferencia.
Como siempre, se trata de obras de ficción protagonizadas por adultos y dirigidas a mayores de 18 años. El catálogo de relatos de maduras crece todas las semanas con historias nuevas de mujeres que mejoran con los años.