La más joven del club quería mandar esa noche
Me pidió que la llevara al recital como quien pide un favor inocente. No sabía que esa noche, en el palco, iba a aprender quién manda de verdad.
Historias de pasion y deseo entre mujeres
940 relatosMe pidió que la llevara al recital como quien pide un favor inocente. No sabía que esa noche, en el palco, iba a aprender quién manda de verdad.
Nunca había besado a una mujer. Frente al espejo de su recibidor entendí que esa tarde iba a hacer mucho más que mirar.
Cuando el señor partía de viaje, la casa entera cambiaba de reglas: la servidumbre dejaba de obedecer al amo y empezaba a obedecer al deseo.
Creí que mi futuro lo decidiría el dueño del antro más caro de la costa. No imaginé que la prueba final me la pondría su mano derecha, una mujer curtida en el oficio.
Cuando la puerta del baño se abrió, yo ya tenía la pistola en alto y una idea muy clara de cómo iba a doblegar a ese cerdo antes de marcharnos.
La primera vez que Carla cruzó las piernas en el asiento de atrás supe que esos viajes iban a complicarme la vida mucho más de lo que jamás imaginé.
Bastó un comentario fuera de lugar en una foto de la playa para que Nora descubriera quién se escondía detrás de aquel perfil sin rostro.
Nos preparamos como siempre: vestido ceñido, nada debajo y el deseo intacto. La doctora nos esperaba esa misma tarde y las dos sabíamos a qué íbamos.
Creí que pagaría mi descuido con dinero. Él solo quería que le contara, con todo detalle, lo que jamás me había atrevido a confesarle a nadie.
La conocí en el avión de regreso y, dos días después, ya dormía en mi cama jurando que no era lesbiana mientras su mano buscaba la mía bajo las sábanas.
Tenía veinte años y nunca había visto a un hombre desnudo cuando Mariela me llevó de la mano hasta la pared del fondo y susurró que mirara por la grieta.
Me arrodillé en la arena de espaldas a ellas, fingiendo buscar algo en el bolso, sabiendo perfectamente que las dos no podían apartar los ojos de mí.
El ruido venía del gimnasio. Samanta pensó en ladrones; lo que vio detrás de la puerta entreabierta la dejó sin aire y cambió lo que sentía por su madre.
En el templo de obsidiana, Nerea apretó los dedos contra su propio vientre y susurró el deseo que la consumía: ser, por fin, el espejo exacto del cuerpo doble de su amada.
Cuando le bajé el tanga para ponerle crema, noté que la pareja de al lado había dejado de disimular. Y entonces entendí que mirar también era parte del juego.
Llevaba un rato a mi lado, espiándome mientras yo me perdía en el cuadro. Cuando por fin habló, supe que las dos deseábamos exactamente lo mismo.
Cada vez que se inclinaba a anotar mis respuestas, el chaleco se le abría un poco más, y yo ya no lograba concentrarme en ninguna pregunta del cuestionario.
Siempre jugábamos a ser novias delante de todos, hasta que el calor, el río y unas cervezas borraron la línea entre el juego y lo que de verdad queríamos.
Llegué a su casa una hora antes de la cena y la encontré desnuda frente al espejo, dudando entre dos vestidos y a punto de cambiarlo todo.
Eran veinte fotos y un video guardados en una carpeta con una sola letra. Lo abrí pensando en cualquier cosa, menos en lo que estaba a punto de ver.
Los relatos lésbicos exploran la pasión y el deseo entre mujeres en historias eróticas escritas en español y pensadas para todos los lectores adultos. Encuentros cargados de sensualidad donde la química femenina se cuenta sin estereotipos y sin censura, con detalle, tensión y mucha piel.
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Todos los relatos de esta categoría son obras de ficción entre adultas, destinadas a mayores de 18 años. Se publican historias nuevas constantemente, así que cada visita trae encuentros inéditos entre mujeres que saben lo que quieren.