Me descubrió mirando y abrió más la ventana
Busqué los prismáticos casi sin pensarlo. Cuando los enfoqué, ella ya me miraba desde su ventana. Y en lugar de cerrar la cortina, la descorrió del todo.
Busqué los prismáticos casi sin pensarlo. Cuando los enfoqué, ella ya me miraba desde su ventana. Y en lugar de cerrar la cortina, la descorrió del todo.
Llegué al gimnasio con el cabello húmedo, sin ropa interior y temblando. Él me esperaba en la puerta. Cuando cerró la llave, supe que no había vuelta atrás.
Semanas antes habíamos apostado en una partida de cartas. Quien perdiera tendría que cumplir la fantasía más oscura del otro. Él perdió. Y yo estaba a punto de cobrar.
Una puerta entreabierta fue el comienzo. Después vino el espejo que instalé en su cuarto para verla mejor, noche tras noche.