La noche que un desconocido me hizo suya en el baño
Llevaba horas bailando sola cuando lo sentí detrás. Me giré y ahí estaba. Y supe que esa noche no iba a terminar en la pista.
Llevaba horas bailando sola cuando lo sentí detrás. Me giré y ahí estaba. Y supe que esa noche no iba a terminar en la pista.
Cada vez que entraba en su bar, sus ojos buscaban los míos por encima de las gafas. Aquella tarde decidí que ya no podía seguir fingiendo que no me daba cuenta.
Nos quedamos solos en casa con fiebre y aburrimiento. A la tercera noche, con las luces apagadas, Marcos me confió lo que nadie más sabía de él.
Solo fue un fueguito en una story de postureo, pero tres horas después ya no llevaba bragas en mi coche.
Tenía veintiséis años y nunca había hecho nada parecido. Entré a esa sala con las manos temblorosas y salí siendo otra persona.