La librería donde Adriana descubrió su verdadero deseo
Salió de casa sin ropa interior, con una falda de cuero y la certeza de que ese día no iba a ser como los demás. No se equivocó.
Salió de casa sin ropa interior, con una falda de cuero y la certeza de que ese día no iba a ser como los demás. No se equivocó.
Era pasada la una y, en aquella banca escondida del parque, me bajé el dobladillo con dos dedos para ver hasta dónde podía sostenerme antes de correr a casa.