Perdí tres apuestas del Mundial con mi mejor amigo
Tres partidos en una tarde. Tres apuestas. Tres derrotas. Y entre dos amigos, una línea que se cruza una sola vez ya no se vuelve a borrar.
Tres partidos en una tarde. Tres apuestas. Tres derrotas. Y entre dos amigos, una línea que se cruza una sola vez ya no se vuelve a borrar.
Cuando colgué el teléfono, la madre ejemplar ya había muerto. Solo quedaba la mujer dispuesta a entrar a esa suite con vestido morado y tacones.
Mi marido me dejo sola con la mudanza. El encargado tenia manos firmes, mirada directa y algo entre las piernas que no me dejo pensar con claridad.
Cuando abrí la puerta y lo vi allí plantado, con la gorra entre las manos y la entrepierna apretada, entendí al instante por qué mi padre lo había enviado.