Lo que le enseñé al chico de veinte años
Cuando ese chico de veinte años apareció en el marco de mi puerta por segunda vez, con las manos temblorosas y la voz cortada, supe que la noche cambiaría.
Cuando ese chico de veinte años apareció en el marco de mi puerta por segunda vez, con las manos temblorosas y la voz cortada, supe que la noche cambiaría.
Pon el pie al lado del mío, dijo. Después el brazo. Después la mano. Y entonces entendí que no estábamos comparando nada.
Tenía unos sesenta años y una mirada que no disimulaba nada. Cuando me invitó a su casa, supe exactamente lo que iba a pasar.