La confesión oral con la hermana de la empleada
Empezó con roces en el patio y miradas largas; terminó contra la barda, con su respiración rota y mis manos donde ya no había vuelta atrás.
Empezó con roces en el patio y miradas largas; terminó contra la barda, con su respiración rota y mis manos donde ya no había vuelta atrás.