La profesora nos desnudó en la clase práctica
Cuando me hizo pasar al frente, pensé que solo señalaría músculos; no imaginé acabar desnuda, mojada y abierta ante las otras tres.
Cuando me hizo pasar al frente, pensé que solo señalaría músculos; no imaginé acabar desnuda, mojada y abierta ante las otras tres.
Mi mujer solo iba a dejarse mirar, pero cuando vio cómo él se tocaba en la butaca, me pidió al oído que no lo dejáramos fuera.
Bruno me citó en Inferno con una orden clara, y cuando el otro hombre me tocó en plena pista supe que no iba a salir intacta de allí.
Me imaginé tus manos en el volante y tu polla en mi boca antes de llegar al mar; cuando la playa quedó vacía, ya no hubo freno posible.
Todo empezó con una videollamada indecente y acabó en un club privado donde mi esposa decidió no ponerle límites a nada.
Abrí las piernas bajo la mesa para provocar miradas, pero no imaginé hasta dónde iba a llegar esa noche en aquel restaurante.
Cuando ella dijo que quería jugar con cuatro hombres en la calle, ninguno imaginó hasta dónde iba a llegar aquella noche.
Bajé al estacionamiento con las piernas temblando, todavía sudada, sin saber que esa tarde iba a dejar de temerle a su deseo.
Entré al sendero tomada de la mano de un desconocido, con mi esposo vigilando afuera y la falda pegada a mis muslos del puro morbo.
Desperté desnudo entre amigos y una desconocida tatuada; cuando abrí la ventana, entendí que lo más sucio todavía no había terminado.
Bajé la mano por debajo de la mesa mientras las estanterías silenciaban todo. Solo tenía que obedecer la voz al otro lado del auricular y fingir que estudiaba.
Abrí la puerta sin ropa interior, lo dejé mirarme toda la noche y terminé tan mojada que apenas podía disimularlo.
Quería jugar a ser heroína en una noche de lluvia, pero cuando me rodearon en ese callejón entendí que había provocado algo más peligroso.
Cerré la cortina para probarme un vestido y acabé empapada, de espaldas al espejo, viendo cómo su erección ya no cabía en el pantalón.
Cuando vimos cómo se le marcaba la erección al salir del agua, supe que aquella cala no iba a terminar con una simple cerveza.
Cuando se quitó el bikini delante de desconocidos, supe que no iba a conformarme con mirar el mar.
No alcanzamos a llegar al hotel: en cuanto vimos el callejón vacío, supe que iba a follarme ahí mismo contra la pared.
Llevábamos años provocándolo desde la arena, pero aquella tarde mi mujer abrió más las piernas y supe que ya no iba a quedarse solo mirando.
Primero fueron sus ojos desde el edificio de enfrente; después, su bulto rozándome mientras bailábamos en mi sala.
La vi cruzar el parque con una calma fingida, sabiendo que cada paso estaba diseñado para que alguien le clavara los ojos encima.