La sobremesa de domingo en la casa de campo
Bruno se llevaría a los padres a la ciudad y yo me quedaba sola. Lo que nadie esperaba era que la sobremesa del domingo terminara así.
Bruno se llevaría a los padres a la ciudad y yo me quedaba sola. Lo que nadie esperaba era que la sobremesa del domingo terminara así.
Cuando abrí la puerta y lo vi allí plantado, con la gorra entre las manos y la entrepierna apretada, entendí al instante por qué mi padre lo había enviado.
Empujé la puerta esperando encontrarla dormida; la encontré con la tanga cerca de la boca y los ojos abiertos, esperándome sin pudor.