El sastre que espió a la señora cuando nadie miraba
El pueblo entero cerró los ojos. Rodrigo perforó un agujero del tamaño de un guisante en la contraventana y pegó el ojo. Tenía que verla.
El pueblo entero cerró los ojos. Rodrigo perforó un agujero del tamaño de un guisante en la contraventana y pegó el ojo. Tenía que verla.
Cuando me propuso ir al baño juntos, yo llevaba horas esperando que lo dijera. Roma podía esperar. Lo que vino después, no.