Un activo para tres pasivos en Bilbao
Éramos tres y los tres queríamos lo mismo: ser follados bien. La solución fue llamar a un chapero colombiano que tardó veinte minutos en llegar.
Éramos tres y los tres queríamos lo mismo: ser follados bien. La solución fue llamar a un chapero colombiano que tardó veinte minutos en llegar.
Cuando le dije que era mi primera vez, se detuvo un instante y me miró. No con duda, sino con algo que se parecía demasiado a la satisfacción.
Entré a esa zona restringida a propósito. Había algo en esos hombres uniformados que me atraía desde que llegamos, y yo sabía exactamente lo que buscaba.
Llegó recién separado, con una maleta y demasiado tiempo libre. Desde la mañana en la piscina supe que esa semana no iba a ser nada aburrida.
Cuando abrí la puerta, lo primero que noté fueron sus labios. Lo segundo, cómo me miró antes de entrar. Ya sabía cómo iba a terminar la tarde.
Cuando todo el pueblo lo supo, ya no había vuelta atrás. Me había enamorado de él sabiendo que tendría que dejarlo ir. Y aquella noche fue la última que tuvimos juntos.