Acepté ser puta por una noche en aquel hotel
Él me miraba desde el sillón mientras yo me arrodillaba frente al desconocido que había escogido en la barra del bar. Era mi primera noche siendo puta.
Él me miraba desde el sillón mientras yo me arrodillaba frente al desconocido que había escogido en la barra del bar. Era mi primera noche siendo puta.
Cuando me lo confesó, ya estábamos solos en la habitación. Su hermana me la había encargado por el día. Nadie imaginaba lo que iba a pasar entre nosotros.
Nunca pagué por sexo, o eso creía. Esa noche en el solar abandonado aprendí que el deseo no pregunta antes de actuar.