Mi cita con una madura acabó en su coche
Aparqué junto a la casa, encendí un cigarro y, cuando ella salió sin sostén bajo la blusa, supe que esa primera cita no iba a terminar con una simple conversación.
Aparqué junto a la casa, encendí un cigarro y, cuando ella salió sin sostén bajo la blusa, supe que esa primera cita no iba a terminar con una simple conversación.
Nunca pensé que dejaría que un desconocido me sobara el culo entre tanta gente, pero el morbo me pudo y no aparté su mano.
Lo que iba a ser una cena incómoda terminó abriendo una puerta que ninguna de nosotras pensaba volver a cerrar.
Entré solo al cine x, nervioso y caliente, y acabé siguiendo a una pareja madura hasta un coche donde pasó de todo.
La vi caminar descalza al atardecer y, cuando me habló, supe que esa noche no iba a parecerse a ninguna otra de mi vida.
Llevaba tres whiskys y ninguna razón para volver a casa cuando esa pelirroja de ojos ambarinos me pidió que le asegurara la noche.
Entré solo al cine, con el corazón acelerado, y en pocos minutos ya tenía una mano ajena en el culo y los ojos clavados en hombres follando entre las butacas.
Bruno me citó en Inferno con una orden clara, y cuando el otro hombre me tocó en plena pista supe que no iba a salir intacta de allí.
Me imaginé tus manos en el volante y tu polla en mi boca antes de llegar al mar; cuando la playa quedó vacía, ya no hubo freno posible.
Todo empezó con una discusión incómoda en el coche, pero en la fila del cine una señora desconocida lo cambió todo con una tensión que nadie debía notar.
Abrí las piernas bajo la mesa para provocar miradas, pero no imaginé hasta dónde iba a llegar esa noche en aquel restaurante.
Cuando ella dijo que quería jugar con cuatro hombres en la calle, ninguno imaginó hasta dónde iba a llegar aquella noche.
Me bastó ver su collar para mojarme en mitad del turno, pero lo que hizo conmigo en el baño del local fue solo el principio.
Entré al sendero tomada de la mano de un desconocido, con mi esposo vigilando afuera y la falda pegada a mis muslos del puro morbo.
Cuando revisamos el video del jacuzzi, descubrimos que no habíamos estado solos ni un solo segundo.
Desperté desnudo entre amigos y una desconocida tatuada; cuando abrí la ventana, entendí que lo más sucio todavía no había terminado.
Bajé las escaleras del vapor con las ganas al cien y el culo ya palpitando. No esperaba que tres desconocidos me fueran a partir en dos esa misma tarde.
Cada viernes quedaba de servicio en el bar, con el collar puesto y la orden de abrirme para cualquiera que quisiera usarme.
Bajé la mano por debajo de la mesa mientras las estanterías silenciaban todo. Solo tenía que obedecer la voz al otro lado del auricular y fingir que estudiaba.
Solo iba a mirar y a quitarme el morbo, pero cuando le vi la polla supe que no iba a volver a casa siendo el mismo.