La fotógrafa me invitó a su villa y perdí el control
Cuando Aurelia se quitó el vestido frente a mi cámara, supe que aquella sesión de fotos no iba a terminar como las demás.
Cuando Aurelia se quitó el vestido frente a mi cámara, supe que aquella sesión de fotos no iba a terminar como las demás.
Cuando cerré la puerta y los vi a los dos mirándome en silencio, supe que esa noche iba a cruzar una línea que llevaba semanas deseando.
Una cala escondida, un mirador sobre el mar y una apuesta: él tenía un minuto para hacerla llegar antes de que los pillaran.
La brisa nocturna, dos porros encendidos y la certeza de que todos dormían. Solo faltaba que uno dijera en voz alta lo que ambos pensábamos.
Rodrigo tenía dos dedos dentro de mí cuando mamá salió del baño. Lo que vino después no lo había planeado nadie.