Mi primera vez con la médica del turno noche
Apareció en mi cuarto de descanso a las tres de la mañana, casada y peligrosa, y supe que esa noche iba a romperme la vida entera, una mirada después de otra.
Apareció en mi cuarto de descanso a las tres de la mañana, casada y peligrosa, y supe que esa noche iba a romperme la vida entera, una mirada después de otra.
Aceptó el servicio como una fantasía única, pero nunca imaginó que aquel desconocido la llevaría a descubrir orgasmos que ni sabía que existían en su cuerpo.
Cuando pulsé su timbre con el perro a mi lado, no imaginé que esa extraña de mirada esquiva me haría subir hasta su habitación esa misma tarde.
Abrió la puerta del carro con una calma que no esperaba. Sin fotos, sin nombres, sin saber qué vendría. Subió, cerró la puerta, y todo cambió.
Cuando me incliné a propósito y vi cómo me devoraba con la mirada, supe que esa noche, sola en mi habitación, no podría dormir sin terminar lo que él había empezado.
Lo había intentado una vez y dolió. Esta vez me tomé mi tiempo, apagué las luces, me encerré en mi habitación y descubrí que el cuerpo sabe lo que necesita cuando se lo permites.
No era la primera vez que Camila llamaba tarde, pero esa noche algo en su voz era diferente. Supe que no iba a dormir pronto.
Valeria lleva veinte minutos sola en casa, tumbada en la cama, con la tarde entera por delante y un calor entre las piernas que ya no puede ignorar.