Aquella tarde en el campo dejó de ser solo un viaje
Propuso echar un polvo mirando el horizonte, con el campo solo para nosotros y la luz del atardecer cayendo lenta. No lo dudé ni un segundo.
Propuso echar un polvo mirando el horizonte, con el campo solo para nosotros y la luz del atardecer cayendo lenta. No lo dudé ni un segundo.
Necesitaba sentirme deseada. Bastó encender la cámara y dejar que los ojos de cientos de extraños me recordaran lo que valía.
Llevaba meses sin abrir esa carpeta oculta en mi teléfono. Esa noche, el insomnio y el deseo decidieron por mí.
Lo agregué sin pensarlo. Leí todo lo que publicó. Nunca le di un like. Tres años después, sigo sin atreverme a escribirle, pero lo pienso cada noche.