La cena privada que pidió el director del banco
Cuando el director del banco me propuso una cena privada en su suite, yo solo pensaba en salvar el apartamento. No imaginaba lo que despertaría en mí esa noche.
Cuando el director del banco me propuso una cena privada en su suite, yo solo pensaba en salvar el apartamento. No imaginaba lo que despertaría en mí esa noche.
Cuando gritó mi nombre en el parking para que todos la oyeran, supe que la semana entera de tensión en la oficina estaba a punto de explotar.
Llevaba semanas dándole vueltas a la idea de invitar a otro hombre a nuestra cama. Aquella noche, mientras la besaba despacio, por fin le susurré al oído lo que tanto callaba.
Llegamos al hotel como extraños que se conocen de memoria. Así habíamos vivido durante siete meses antes de que todo explotara en esa habitación.
Pegué el oído a la puerta del cuarto de mi madre y desde esa noche ya no pude dejar de mirar. Lo que descubrí me cambió para siempre.
Llevaba todo el día mirándole las piernas en la furgoneta sin saber que esa misma noche ella me esperaría desnuda en un baño termal.