Lo que mi hija me pidió a cambio del regalo
Cuando Lucía se arrodilló frente a mí con esa sonrisa de quien tiene preparado cada argumento, supe que el libro solo había sido el primer movimiento.
Cuando Lucía se arrodilló frente a mí con esa sonrisa de quien tiene preparado cada argumento, supe que el libro solo había sido el primer movimiento.
Cuando me llevó a la escalera de servicio del salón, ya hacía media hora que su mano había decidido por las dos. Yo solo dejé que sucediera.
Bajé sola a la pista, cerré los ojos y dejé que el bajo me poseyera. No supe que aquel desconocido alto me esperaba detrás, observándome desde la oscuridad.