Lo que el padre de mi alumna me enseñó aquel verano
Cuando Claudia se dormía en el sofá, su padre y yo nos quedábamos solos junto a la piscina. Él sabía que yo lo buscaba. Y yo sabía que no iba a resistirse.
Cuando Claudia se dormía en el sofá, su padre y yo nos quedábamos solos junto a la piscina. Él sabía que yo lo buscaba. Y yo sabía que no iba a resistirse.
Llevaba semanas bajando con excusas. Él me miraba de reojo y desviaba la vista. Hasta que llegó un paquete que no cabía en el ascensor y todo cambió.
Cuando escuché la puerta, supe que el almuerzo en la oficina había terminado mal. Yo lo esperaba en la encimera, con las piernas cruzadas y el encaje negro pegado a la piel.
Hay clientes que pagan y creen que eso les da derechos sobre tu cuerpo. Esto es lo que viví durante meses como escort y por qué lo dejé.
Estoy desnuda sobre las sábanas, sola, con la mano que se me escapa al pezón. Apenas me rozo, dejando que el recuerdo de aquella partida me arrastre otra vez.
Marcos se quitó la ropa con naturalidad. Lucía no se cubrió con toalla. La luz rojiza del pasillo convirtió su cuerpo en una invitación silenciosa.
Cuando Natalia empezó a quitarse la blusa, entendí que aquella despedida no iba a ser como las demás. Tenía 18 años y no había tocado a ninguna mujer.
Desde que me subí al coche, sus ojos volvían al espejo una y otra vez. Era obvio que me miraba. Decidí hacer algo al respecto.
Llevábamos cuatro años intercambiando miradas en ese bar. Ella con sus gafas, yo sin saber qué hacer con todo lo que sentía cada vez que me servía.