Mi sobrina llegó sin avisar aquel sábado por la tarde
Cuando me besó por segunda vez ya no quedaba forma de pretender que era un saludo de sobrina. Lo que pasó después fue lo que nunca debí permitir.
Cuando me besó por segunda vez ya no quedaba forma de pretender que era un saludo de sobrina. Lo que pasó después fue lo que nunca debí permitir.
Aquella noche bajé descalza a darle las buenas noches a mi tío. Toqué la puerta dos veces. Cuando la abrí, lo encontré en una situación que no debía haber visto.
Mi tía estaba de viaje y mi tío me ofreció un café. Lo que pasó después no debería habernos pasado, y sin embargo no quise irme.