El placer de que nos vieran en la playa nudista
Cuando su bikini se corrió en la orilla y los hombres de la playa empezaron a mirar, ella no lo ajustó. Se limitó a caminar más despacio.
Cuando su bikini se corrió en la orilla y los hombres de la playa empezaron a mirar, ella no lo ajustó. Se limitó a caminar más despacio.
Llevábamos años en el mismo ritmo hasta que ella aceptó quitarse la ropa en una playa llena de extraños. Lo que vino después fue mejor de lo que imaginé.
Se agachó detrás del contenedor en el callejón y lo que vio al otro lado de la cortina lo dejó sin palabras. La noche cordobesa guardaba secretos que no debía descubrir.
Mi suegra nunca supo que el espejo que tanto agradeció era mi ventana privada hacia ella, cada noche que mi mujer dormía frente a la tele.
Me levanté a buscar agua y el pasillo estaba en silencio. Luego vi la rendija de luz bajo su puerta y escuché sonidos que no debían estar ahí.