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Relatos Ardientes

Lo que vi en la liquidación anual del complejo

Llevaba meses con un mismo deseo carcomiéndome por dentro: la necesidad de tener un cuerpo nuevo al que poseer. Mi visita al complejo «La Cripta» tenía esta vez un objetivo claro, llevarme a alguien. No me importaban ni el género, ni la edad, ni siquiera el aspecto físico. Quería un ser despojado de cualquier voluntad propia, alguien que solo obedeciera, una criatura que viviera únicamente para mi placer.

Todo empezó unas semanas atrás, cuando recibí un correo anunciando la liquidación anual de personal. Eran esclavos descartados por sus dueños, y el complejo, en unas jornadas de puertas abiertas, los ponía a disposición de nuevos amos. Las normas eran sencillas: si te habías cansado de tu esclavo, lo dejabas allí y otro podía quedárselo. Un mercado circular sin transacción ni valor económico; eran simplemente las sobras. Aquellos que no fueran reutilizados pasaban a formar parte del personal del complejo y quedaban a disposición de los huéspedes para uso personal.

Vine sola. Había dejado a mi Puta en casa, encerrado con la jaula puesta y rabiando. Su vena posesiva conmigo me resultaba útil a veces, pero otras tantas tocaba ponerle límites. Por su reacción al despedirme supe que estaba al borde del lloriqueo. No quería que lo sustituyera por otro, pero debía entender que sus deseos no son los que importan, y que con esa actitud lo único que conseguía era acercarme un paso más a cederlo definitivamente.

Quizá, a la vuelta, le tocara aprender la lección.

Al llegar al complejo me recibió Lucien, su director. Era un francés de metro sesenta al que siempre seguía un esclavo de piel oscura, desnudo, de cerca de los dos metros. Su fetiche personal consistía en imaginarse colono del siglo XIX, convencido de que su nacionalidad europea lo elevaba sobre el resto del planeta. Una idiotez bien pagada que mantenía las puertas del complejo abiertas.

—Hola, Vera, qué bueno verte de nuevo por aquí. ¿Qué tal el viaje? ¿Vienes sola esta vez o te has dejado a tu puta en el maletero?

—Lucien —me acerqué y le di un beso en la mejilla—. Esta vez he hecho el viaje sola. Necesito que de vez en cuando entienda que no es imprescindible. Se ha quedado renegando, y tendremos unas palabras cuando vuelva. Esa actitud me está cansando bastante.

—Eres demasiado buena para esa escoria. Deberías dejárnosla unos meses en nuestro programa de adiestramiento; tenemos muy buenas reseñas. Algunos amos están tan contentos que nos los traen un par de meses al año, y luego siempre dicen lo mismo: que es como volver a estrenarlos.

—No te digo que no, pero esta vez vengo a la liquidación. Tengo ganas de un cuerpo para usar y poco más. Que no me dé problemas ni me ponga morros. ¿Algo decente saldrá? No tengo preferencias por nada, vengo con la mente abierta.

—¿Quieres a este? —Señaló al moreno—. Estoy bastante aburrido de él. Lo compré hace dos años en una subasta de Mauritania, y pensaba que me costaría más doblegarlo, pero le gusta demasiado servirme. Si no se rebelan, a mí no me pone castigarlos. Míralo, todo el día empalmado y goteando como un animal en celo. No sabía si meterlo en la liquidación porque todavía no tengo reemplazo, pero puedo apañarme con los del establo hasta la próxima compra. Tiene buena polla, vasectomía hecha y un culo que aguanta lo suyo. Te incluyo la jaula de castidad que le hice a medida; la primera era demasiado pequeña y perdía mucho tiempo metiéndole la polla en hielo cada vez que se la quería poner. Lo bueno es que habla poco; lo malo, que entiende menos, así que tienes que ir con la fusta marcándole de cerca.

—¡Vaya, Lucien! Gracias por el ofrecimiento, pero busco algo más manejable. Algo como una sobra en la esquina, que esté cerca pero que no se note demasiado. Aunque, si no te molesta, puede que te lo pida más tarde para cabalgarlo un rato. Tiene buena polla y necesito quemar algunas calorías después de tanto coche.

—Llévatelo ya, que se encargue de tus maletas y haz lo que quieras con él. Te he asignado a Nadia como esclava doméstica; sé que la última vez te gustó. Está esperándote en la habitación. La liquidación será esta noche después de la cena, así tienen el fin de semana para probarlos y decidir si los quieren o los dejan aquí. Te acompaño a la suite y así te vas relajando del viaje.

Cruzamos juntos el hall principal con el moreno arrastrando mis maletas a nuestras espaldas y la verga más empalmada que cuando llegamos. Por la cara que ponía deduje que entendía bastante más castellano del que Lucien le suponía. Al llegar a la puerta de la suite, esta se abrió de golpe y apareció una pelirroja con el pelo recogido en un moño tirante. Nadia no tendría más de treinta años, bajita, con carnes blandas en todos los huesos, y unos pechos caídos y generosos. Iba completamente depilada y, como correspondía a su rango, desnuda y descalza.

Era una esclava de servicio doméstico; no solía participar en los juegos puramente sexuales del complejo. Servía para mantenerte a tono durante todo el día: lamiendo, masajeando, masturbando. Reconozco que era buena en las tres cosas, y que en mi última visita me había dejado el coño dolorido a fuerza de lengua durante tres días seguidos.

—Adiós, Lucien. Gracias por la bienvenida. Nos vemos esta noche y te devuelvo al moreno cuando termine.

—Sin problemas, todo tuyo hasta que te canses. Voy a ver si han llegado más huéspedes y, ya de paso, a azotar a alguno en la sala de castigo, que se me ha antojado.

***

Entré en la habitación. No era de las más grandes del complejo, pero tenía una cama de dos metros con cabezal preparado para sujetar restricciones. Un jacuzzi humeaba en la esquina, pegado al gran ventanal que daba a los jardines. Aquí las cortinas y la intimidad no aparecían por ninguna parte; no era algo que preocupara a ninguno de los huéspedes. Hice una seña a Nadia para que deshiciera las maletas: la ropa al armario y los juguetes a la mesa central. Salí un momento a la terraza para tomar aire fresco y asomarme a una de las sesiones de entrenamiento grupal de sumisos.

Allí estaban, dos hombres y cuatro mujeres, desnudos en fila. Llevaban cinturones de argollas y pinzas japonesas en los pezones, con cadenas que se enganchaban al cinturón del compañero de delante. Del primero tiraba un entrenador que marcaba un buen ritmo mientras los esclavos avanzaban descalzos sobre piedras. Si alguno se retrasaba, la cadena de los pezones tiraba y apretaba más. Una de las sumisas iba siempre al límite del tirón; para librarse, daba un saltito y el sumiso de detrás se llevaba la sacudida. Resultaba muy entretenido verlos. En una de esas, un sumiso perdió las pinzas, se oyó un grito ahogado y todos pararon en seco.

—¿Qué les había dicho? —gritó el instructor—. ¿Es que no oyen? Llevamos toda la mañana con este ejercicio y no son capaces de mantener el ritmo. Se acabó. Todos a la sala de castigo. Parece que lo estaban buscando. No me extraña que sus amos hayan tirado la toalla con ustedes.

De repente apareció Lucien en escena, con una fusta nueva en la mano y una sonrisa que prometía sangre.

—Mateo, ¿he oído castigo? ¿Me dejas a alguno para ayudarte? Tengo ganas de estrenar la fusta y ver qué tal queda un culo blanco.

—Amo Lucien, será un placer. Elija al que más le apetezca; son todos igual de torpes.

Lucien señaló a la que no podía seguir el ritmo y al que había perdido las pinzas. El resto suspiró aliviado. Todos sabían que el francés era un sádico al que le gustaba ver sangre antes de parar. Hizo arrodillar a los dos elegidos, les enganchó las muñecas a la parte delantera del cinturón de argollas y les bajó la cabeza hasta tocar el suelo. Ninguno dijo nada; sabían que cualquier ruido solo empeoraría el castigo.

Se arremangó la camisa y empezó por la sumisa. No contó, no dijo nada. ¡Zas! ¡Zas! Solo se oían, entre golpe y golpe, los gimoteos contenidos de la chica. Llegó un momento en que no aguantó más de rodillas y cayó de bruces. Lucien tiró de la cadena, la colocó de nuevo en posición y aprovechó para tocarle el coño. Estaba empapado.

—Mira, Mateo —dijo en alto—, ya sabemos por qué la zorra no corría. A esta déjala cerca de mi habitación, que creo que le van a gustar mis juguetes. Está chorreando como una fuente.

Se giró entonces hacia el sumiso, que miraba de reojo a su compañera. Tiró la fusta al suelo y se bajó el pantalón. Estaba completamente empalmado. Le abrió los cachetes, le escupió en el agujero y se la metió de golpe. El grito se oyó hasta la terraza. El chico, que no había hecho nada para merecer aquello, recibió de regalo un tirón de pezones y una estocada del francés.

Lucien empezó a follarlo a buen ritmo, agarrándolo del cinturón para clavársela hasta el fondo. Se oían los gemidos contenidos del sumiso, y se veía cómo la verga se bamboleaba con cada embestida. Mateo había mandado al otro chico a comerle la polla, mientras las otras tres sumisas juntaban los muslos para disimular lo cachondas que estaban con la escena. Con una última embestida, Lucien se corrió dentro del culo del sumiso. Al sacarla, la leche empezó a gotear despacio. Cogió lo que pudo con los dedos y se lo dio de comer al chico, que estaba rojo, jadeando.

—Trágatelo todo —ordenó.

Volvió a subirse los pantalones, se despidió de Mateo con un gesto y desapareció de escena.

Yo me giré y volví a la habitación. Nadia ya había colocado toda mi colección de juguetes sobre la mesa central y estaba acabando de preparar el jacuzzi. El moreno seguía arrodillado en la entrada, las manos apoyadas en los muslos, la mirada baja y la verga bien tiesa. Había oído todo lo que acababa de suceder en el jardín, y estaba listo para recibir su parte.

—De pie —le dije.

La noche apenas empezaba.

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Comentarios (7)

Carlitos_88

Tremendo relato, lo lei dos veces!!

LunaEscondida22

Por favor segui con la historia, el final me dejo con ganas de mas...

AndresBA

Me atrapo desde la primera linea. Eso de venir sola dice todo sin decir nada, tremendo gancho

Monika40

Que manera de meterse en el personaje! Se siente la intensidad en cada parrafo, muy bien escrito

RicardoMDA

jaja me quede leyendo hasta tarde por culpa de este relato, sin arrepentimientos

MarceloKap

La psicologia del personaje es lo mejor, no es el tipico del genero. Felicitaciones!

tatayabel

Que tenso!! Me tuvo pegada hasta el final, excelente

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