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Relatos Ardientes

La fiesta de mi amiga terminó como nunca imaginé

El champán me nublaba la mirada, pero la memoria seguía intacta. Cada minuto de esa madrugada quedó grabado en mi cabeza como si lo hubiera vivido dos veces. La fiesta de Carolina era un cuerpo enorme y caliente: risas mezcladas con música baja, gente medio desnuda en la piscina y un olor a perfume y cloro que entraba por la nariz como una promesa.

Me acerqué por la espalda y le hablé al oído.

—Feliz cumpleaños, reina. Sigues siendo la mejor anfitriona de esta ciudad.

Carolina se rio, bajo, sin mirarme. Me apretó una nalga con los dedos, sin disimulo.

—Tú también, Renata. Siempre lista para romper algo.

Y la verdad es que esa noche ya había roto lo más importante. Una hora antes, mientras los demás daban tumbos en la pista de baile, Damián me había agarrado del brazo y arrastrado detrás de unos setos del jardín. Sin una palabra. Me subió el vestido, me arrancó el liguero con una mano, me empujó contra el muro del fondo y me penetró por el ano de pie, ahí mismo, con la música ahogando todo lo que se me salía por la boca. Cuando terminó, le mordí el antebrazo hasta sentirle el sabor a hierro. Volvimos al jardín como si nada, su semen tibio bajándome despacio entre las nalgas, mojándome el colaless. Nuestro pacto secreto, la marca con la que abríamos la madrugada.

Poco a poco, los invitados se fueron yendo. La terraza se quedó vacía y solo quedamos un círculo cerrado: Carolina, Damián, yo, tres amigos de ella y los dos camareros del catering. Una de ellos era una chica que se llamaba Lucía. Veinte años, cara de niña, cuerpo flaco y un uniforme blanco que le quedaba dos tallas grande.

—¡Por mis putos años, a la mierda la ropa! —gritó Carolina.

Y se tiró a la piscina desnuda, sin avisar. Cuerpo de mujer madura y sin complejos, pelo mojado, risa de borracha feliz. La tensión que llevaba pesando sobre nosotros desde la cena se rompió en una carcajada general.

Damián, sin embargo, ya tenía los ojos puestos en otra parte. Vi cómo se le acercaba a Lucía y le pedía una copa con esa voz suya de cazador. La chica se sonrojó. Bajó la mirada. No se movió. Eso fue lo que me lo dijo todo: que estaba enganchada antes de saberlo.

Unos minutos después, los vi salir de la terraza tomados de la mano. Damián delante, ella detrás, hacia las habitaciones del piso de abajo. Sentí dos cosas a la vez: una punzada de celos y un calor entre las piernas que no me esperaba. Sabía exactamente lo que iba a pasar y, en lugar de doler, me ponía a mí.

***

—La noche se pone interesante, ¿no, Renata?

Era Tomás, uno de los amigos de Carolina, que se había materializado a mi lado con una mano ya posada en mi cintura. Bajó hasta el culo en menos de un segundo.

—Más que interesante —respondí, y dejé que el escote se abriera un poco más.

—¿Y qué te parece si repetimos lo que hiciste hace un rato detrás de los setos? —dijo, acercando la cara—. No creas que no te vi.

Eso me cortó la sonrisa por dentro, pero no por fuera. Le seguí el juego. Le toqué el pecho. Le susurré barbaridades al oído. Lo dejé con una erección que se le marcaba a través del pantalón, sobándomela contra las nalgas mientras yo miraba la piscina.

—Luego, Tomás —le dije al final, soltándome de él—. Ahora voy a buscar a mi hombre.

Me dejó ir, pero antes me apretó el brazo más de lo necesario. Eso lo guardé.

***

La puerta de la habitación estaba entreabierta. No hizo falta que entrara para saber. Los gemidos ahogados de Lucía, el ritmo del cabecero contra la pared. Empujé con un dedo.

Lucía estaba desnuda, boca arriba en la cama, con los ojos cerrados y la boca abierta en un grito que no le salía. Damián entre sus piernas, también desnudo, moviéndose con esa lentitud calculada que él usa cuando quiere asegurarse de que la otra persona no se le olvide nunca. Su miembro entrando y saliendo de esa chica diminuta, y una mancha roja en la sábana, debajo de ella, que me dijo todo lo que tenía que saber. Era su primera vez. Damián se la estaba llevando entera.

Me quité el vestido en silencio y me subí a la cama. Damián me vio y sonrió sin dejar de moverse. Me extendió la mano. Se la tomé.

—Súbete a su cara —me dijo.

Me arrodillé a horcajadas sobre Lucía, una rodilla a cada lado de su cabeza. Ella abrió los ojos. Susto y deseo a la vez.

—Lámeme —le dije—. Sin preguntas.

Y lo hizo. Su lengua era inexperta, pero estaba dispuesta. Encontró mi clítoris al segundo intento y se aferró a él como si en eso le fuera la vida. Damián la penetraba más fuerte, ella gemía contra mí, y de los gemidos contra mi sexo vino un orgasmo que me dobló por la cintura. Me corrí en su cara. La oí toser y volver a chuparme.

Después, me hice a un lado de la cama y los dejé seguir. El champán empezaba a pesar. Cerré los ojos un momento, escuchando los sonidos de los dos cuerpos detrás de mí, y me quedé dormida sin querer.

***

Me despertó algo blando entre las piernas. Abrí los ojos y vi a Lucía sobre mí, comiéndome otra vez. Pero esta vez tenía a Damián detrás, penetrándola por el ano con la misma lentitud con la que había empezado. La cara de la chica era una máscara de placer puro, sin susto ya, entregada del todo.

Me uní a ellos. La besé en la boca, con saliva y con sabor a mí misma. La acaricié, le tiré del pelo despacio, le dije al oído cosas que la hicieron gemir más fuerte. Damián aceleró. La cama empezó a chirriar. Lucía gritaba contra mi sexo con cada embestida.

Cuando él se vino dentro de ella con un sonido ahogado, la sentí temblar y contraerse como si le diera fiebre. Me quedé lamiéndola hasta hacerla terminar otra vez, y otra, hasta que ya no se movía. Las tres quedamos hechas un nudo de piel y sudor, en una cama que olía a sexo y a cumpleaños.

***

El sol entraba ya por la persiana cuando me incorporé. Lucía estaba boca abajo, respirando con dificultad, una rodilla doblada hacia fuera. Damián, tirado de espaldas, con un brazo sobre los ojos. La chica se giró despacio y miró a Damián con una mezcla de cansancio y necesidad que me dio ternura.

—Otra vez —le dijo bajito—. Por favor.

—Te he destrozado, pequeña —respondió él sin abrir los ojos.

—Ya lo sé.

Yo, en cambio, sentía el peso de la noche en cada músculo. Me envolví en una sábana y crucé el pasillo hacia el baño grande. La casa estaba en silencio. Pensé que había llegado a la parte tranquila de la mañana.

Me equivoqué.

***

Tomás me bloqueó el paso a mitad del pasillo. Borracho, la mirada turbia, el aliento agrio.

—Renata… ¿te ibas? Te dije que no te ibas sin mí.

El tono ya no era de coqueteo. Me agarró el brazo con una fuerza que me dejó marcas al instante.

—Suelta, Tomás. En serio.

—Vamos a terminar lo que empezamos.

Me empujó contra la pared. La sábana cayó al suelo de un manotazo suyo. Se sacó el pene, ya erecto, y lo metió entre mis nalgas intentando entrar a la fuerza. El miedo me llegó frío, empezando por los pies y subiendo.

—¡Suelta, hijo de puta! —grité con todo lo que tenía dentro.

Ya está, pensé. Ya pasó la línea.

***

Damián me oyó desde la habitación. Lo supe porque oí la puerta abrirse de golpe contra la pared. En dos pasos estuvo en el pasillo, desnudo, sin un gramo de sueño en la cara. No habló. Agarró a Tomás por el hombro, lo giró con un movimiento seco y le hizo una llave en el brazo que lo arrodilló al instante en el suelo.

—No la mires —le dijo Damián a la cara, muy bajo—. Ni se te ocurra.

Sin soltarlo, lo arrastró por el pasillo hasta una habitación de invitados vacía. Lo empujó dentro, cerró la puerta y echó el pestillo desde fuera. Tomás se quedó ahí, gimoteando, golpeando una vez la madera con el puño y dejándolo.

Yo seguía contra la pared, temblando, con la sábana de vuelta apretada contra el pecho.

***

En ese momento se abrió la puerta del dormitorio principal. Apareció Carolina, envuelta en una bata de seda que se le pegaba al cuerpo. El pelo despeinado, los ojos brillantes, la boca todavía hinchada de algo. Me miró a mí, miró a Damián desnudo, miró la puerta cerrada con pestillo, y entendió todo en dos segundos.

—Mierda, Damián —dijo, riéndose bajo—. Siempre tienes que ser el héroe.

Se acercó a él, le pasó una mano por el pecho, le bajó los dedos hasta la cadera.

—Pero a un héroe se le premia, ¿no? —añadió, sin mirarme—. Y resulta que yo todavía tengo un regalo de cumpleaños sin abrir.

Damián me miró. Yo le hice un gesto con la cabeza, una sonrisa cansada en los labios.

—Voy a darme un baño —le dije—. Te espero.

***

El agua caliente fue la única cosa de toda la noche que me devolvió a mí misma. Me quité la sangre seca de Damián, el sudor mío y de Lucía, el miedo de Tomás. A través de la pared del baño se oían los gemidos de Carolina, agudos, muy distintos a los de Lucía. Eran los gemidos de una mujer que sabía exactamente qué quería y cómo lo quería.

Me quedé un rato larguísimo bajo el agua, los ojos cerrados, dejando que todo se fuera por el desagüe. Cuando salí, la casa estaba otra vez en silencio. Damián me esperaba en la puerta del baño, ya vestido.

—Carolina se fue a dormir —me dijo—. Nos ha dejado solos.

Me tomó de la mano.

—Vamos a casa. Necesitamos descansar.

Lucía, según supe después, se había vestido en silencio mientras yo me bañaba y se había ido por la puerta de servicio sin despedirse. No volví a verla nunca.

***

En el coche, de camino a casa, me recosté en su hombro y no dije nada durante un buen rato. Él tampoco. Tenía la mano sobre mi rodilla, sin apretar, solo presente.

—¿Estás bien? —me preguntó al final, en un semáforo.

—No sé —respondí, y era la respuesta más honesta que le había dado en años—. Lo de la chica fue una cosa. Lo de Tomás fue otra.

—Lo sé.

—Pero estoy aquí.

—Estás aquí —repitió él.

El semáforo se puso verde. Habíamos vivido en una sola noche el sexo más compartido y la violencia más cerca. Habíamos sido pareja, depredadores, espectadores y víctimas, todo en pocas horas. Y al final, como siempre, volvíamos a casa los dos solos.

Confesarlo me costó años. Escribirlo, todavía me cuesta. Pero ya está dicho.

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Comentarios (6)

Pablito32

increible!!! me dejo sin palabras

Confesor22

Que tension desde el principio, uno siente que sabe lo que viene pero igual no puede dejar de leer. Muy bueno

Anto_baires

Por favor continualo, justo cuando se pone mas interesante termina jaja quede con ganas de saber como siguio todo

MikeReads

excelente, sigue asi!!

luci_87

me encanto como narraste esa tension, se siente muy real sin ser exagerado. Felicitaciones

ElPatitoFeo88

Algo parecido me paso en una fiesta hace unos años, uno de esos momentos que no olvidás nunca. Me trajo recuerdos

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