Saltar al contenido
Relatos Ardientes

Mi hermana confesó algo prohibido aquella noche

5 (1)

Me dejé caer en el sillón con la respiración entrecortada y el cuerpo todavía marcado por lo que acababa de pasar. Una mezcla de saliva y semen me bajaba por el muslo, y por un segundo pensé que aquello no podía ser real. Mi mujer y mi hermana, las dos arrodilladas frente a mí pocos minutos antes, todavía intercambiaban miradas cómplices que no necesitaban traducción.

Lorena se quitó el corpiño sin dramatismo, con la naturalidad de quien ya cruzó todos los límites posibles. Iba a sacarse también la tanga blanca cuando la detuve con un gesto.

—Déjatela puesta, Lorena. Te marca un culo precioso.

—Y desde ese ángulo tenés la mejor vista —respondió, mordiéndose el labio.

Camila estaba tendida en el sillón con las piernas separadas, atrayendo la cabeza de mi mujer hacia ella. Lorena se acomodó en cuatro patas, hundiéndole la cara entre los muslos, y de paso me ofreció el espectáculo de su espalda baja, donde el triángulo de tela blanca contrastaba con su piel bronceada. El hilo elástico se perdía entre sus nalgas redondas para reaparecer cubriendo apenas lo necesario. Tenía un cuerpo en forma de corazón, de esos que no se olvidan.

—Hermano, ¿me ayudás un rato con tu mujer? —preguntó Camila con una sonrisa traviesa.

—Para lo que necesites, hermanita.

La mirada que cruzamos en ese instante decía más que cualquier palabra. Habíamos tirado por la borda los últimos prejuicios, las últimas dudas, todo lo que nos había contenido durante tantos años.

—En mi mochila, al lado de la puerta, hay algunas cosas con las que vas a querer jugar.

Fui a buscarla sin responder. Adentro encontré un consolador de silicona, un huevo vibrador y un frasco de lubricante que dejé donde estaba. Esa noche, dudo que hiciera falta.

—¿Por cuál querés empezar? —pregunté, levantando los dos juguetes frente a ella.

—Dame el huevo. Vos quedate con el otro.

Camila tomó las riendas con una confianza que no le conocía. Le pidió a Lorena que se acostara boca arriba sobre la mesa baja del living, con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas. Mi mujer obedeció sin protestar, aunque le rogó a mi hermana que no dejara de comerle el sexo. Camila se arrodilló sobre su cara, mirándome directo a los ojos, y se llevó el huevo a la boca para humedecerlo antes de encenderlo. El zumbido apenas audible llenó el ambiente.

—Ahora vas a ver cómo se moja tu mujer de verdad —me dijo, sin soltarme la mirada.

Apoyó el huevo sobre la tela blanca, justo donde adivinaba el clítoris de Lorena. Los gemidos de mi mujer salieron primero ahogados, después más graves, acompañados de un movimiento rítmico de la pelvis que buscaba más contacto. La tela empezó a oscurecerse en el centro, primero un círculo pequeño, después una mancha clara que se expandía sin disimulo.

—Así, mi puta favorita. Mojate toda. Quiero que te chorree como me chorrea a mí.

Apagó el huevo y se bajó de la mesa. Le pidió a Lorena que se diera vuelta y se pusiera en cuatro, con el culo apuntando hacia mí. Mi mujer, los ojos brillantes y la respiración cortada, hizo lo que le pedían sin chistar.

—Ahora te toca, hermano. Tenés todo el culo de tu mujer para vos y para ese juguete.

Sentí que se me volvía a parar. No habían pasado ni diez minutos desde que había acabado en sus caras y ya estaba listo otra vez. Algo en aquella escena me tenía atravesado por dentro, y no era solo el cuerpo de Lorena.

—Lorena, te voy a abrir el culo con esto —avisé, acercándome con el consolador.

—Hacelo. Hacelo ya. Quiero sentirme bien puta esta noche, con los dos. Quiero que me abran toda.

Le corrí la tanga, que en la parte delantera ya se había vuelto gris de tan empapada. Cuando la deslicé hacia un lado, hilos finos de su humedad se estiraron y quedaron pegados a la tela. Aquello me terminó de enloquecer.

Pasé la punta del consolador por su sexo para humedecerlo bien. Con la otra mano le abrí las nalgas y, sin pensarlo demasiado, le pasé la lengua por el ano. Después empujé el juguete despacio, primero la cabeza, después un poco más, hasta que entró sin resistencia. Lorena gemía con la cara enterrada entre los muslos de Camila, que la besaba en la boca y le susurraba cosas que yo no llegaba a escuchar.

Mi mujer se giró un instante para mirarme, con la voz ronca y los ojos vidriosos.

—Quiero que me la metas toda de una sola vez. Y la tuya, dentro mío.

—Como digas.

Le hundí el consolador hasta la base mientras le metía mi verga en el sexo. La sensación era nueva, intensa, casi imposible de manejar. No conseguía coordinar los dos movimientos al mismo tiempo, así que le hice un gesto a Camila para que se acercara. Ella vino sin prisa, paso a paso, hasta quedar frente a mí, tan cerca que sentía su respiración chocar contra mis labios. Sacó la lengua y me lamió la boca antes de besarme. Fue un beso largo, hambriento, con todo el peso de los años que llevábamos guardándolo.

—La próxima vez que acabes —me dijo al oído—, lo hacés dentro mío. No pienso compartir eso con nadie.

Tomó el consolador por la base y empezó a moverlo, sacándolo casi entero antes de volver a meterlo. Una y otra vez, con un ritmo que Lorena recibía como si llevara toda la vida esperándolo. Yo nunca había visto a mi mujer tan abierta, tan entregada. Le penetraba el sexo con un compás distinto al del juguete, y los dos golpes en contratiempo la hacían gritar.

—¡Sí, así, los dos juntos! No paren, no paren, voy a acabar.

—Mirá cómo me dejás la pija, toda blanca de vos.

—Más, más, no se detengan, me llenan toda…

El orgasmo le llegó de golpe, en una serie de espasmos que la sacudieron de pies a cabeza. Se desplomó sobre la mesa, completamente vencida, con el consolador todavía dentro. No podía ni levantar el brazo para sacárselo. Murmuró algo así como «la mejor cogida de mi vida», y después algo sobre que no se iba a poder sentar al día siguiente. Camila le quitó el juguete con cuidado y la ayudó a recostarse en el sillón. Quedó mirándonos desde ahí, con esa media sonrisa de quien ya no espera nada más.

***

Era el turno de mi hermana.

—¿Y vos, Camila? ¿Qué es lo que tanto querés? —pregunté en voz baja.

Se acercó a mí, pegándose a mi cuerpo, y me habló al oído. La voz le temblaba un poco.

—Tu mujer es la puta que necesita que la rompan, que necesita sentir el deseo de otra mujer. Yo no, Tomás. Yo te quiero a vos. Te quiero besar, abrazar, sentir que estás dentro mío de una vez por todas.

Se me secó la garganta. Hacía años que no la oía hablar así, si es que alguna vez lo había hecho.

—¿Y por qué nunca me dijiste nada antes?

—Por miedo. Porque pensaba que no me ibas a entender. Porque siempre fui insegura. Y porque Lorena hizo todo lo que pudo para taparte, para hacerme sentir mal por sentir esto.

La miré a los ojos. Los tenía húmedos, no de excitación, sino de algo mucho más antiguo.

—Cuando éramos chicos te miraba el pecho cada vez que pasabas en bikini —admití con voz ronca—. Me hice un montón de pajas pensando en vos, escondido, oliendo tu ropa interior cuando no estabas. Yo también arrastro esto desde hace mucho.

—Entonces besame.

Me senté en el sillón, junto a Lorena, que seguía respirando hondo con los ojos entrecerrados. Camila se me trepó al regazo, apoyando las manos en mis hombros, y se acomodó frente a mí con las piernas alrededor de mi cintura. Sus pechos chocaron contra los míos, los pezones duros como guijarros. Tomó mi miembro con una mano, lo guio hasta su entrada y bajó muy despacio, hasta sentarse sobre mí por completo.

Sentir su calor, su humedad, su respiración rozándome la cara, me desbordó. Era todo lo que durante años había estado prohibido, y ahora lo teníamos en las manos, sin nadie que pudiera detenernos.

Se quedó quieta un par de minutos, sin moverse, mirándome a los ojos y besándome con una calma que no se parecía a nada de lo que había vivido antes. No había degradación en aquello. No había pornografía. Había deseo, sí, mucho. Pero también había algo más profundo, más oscuro, más nuestro.

Tantos años, pensé, tantos años cargando esto en silencio.

Me acercó uno de sus pechos a la boca y empezó a moverse despacio. Mi miembro casi no entraba ni salía, solo frotaba su clítoris contra mi pelvis. Adentro, sentía cada centímetro de ella envolviéndome, caliente, palpitando junto al latido de mi propio cuerpo.

Fue subiendo el ritmo de a poco. Me clavó las uñas en la espalda y me apretó con las piernas, como si tuviera miedo de que me escapara, como si después de todos esos años no quisiera correr el riesgo de perderme otra vez.

—Estoy por acabar —susurró—, pero quiero hacerlo con vos. Acabemos juntos, Tomás. Quiero sentir cómo eyaculás dentro mío. Quiero saber que te hice explotar, que te llené yo. Acabame adentro, dale, acabame.

Esas palabras me terminaron de derrumbar. Empecé a vaciarme dentro de ella en oleadas, mientras sus piernas y sus brazos me apretaban con una fuerza que no le conocía. Mi miembro no podía estar más adentro, y aun así seguía intentando hundirse más, como si quisiera quedarse a vivir ahí.

Acabamos al mismo tiempo, abrazados, frente a frente, sin apartarnos un solo milímetro. Mi orgasmo fue largo, hondo, distinto a cualquier otro. Cuando por fin se separó de mí, lo hizo despacio, mirándome a los ojos con una ternura que no esperaba.

—Gracias —dijo en voz muy baja— por dejarnos disfrutar esto.

Lorena, desde el otro extremo del sillón, sonreía con los ojos cerrados, como quien acaba de presenciar algo que sabía que tarde o temprano iba a ocurrir. Nadie habló durante un largo rato. No hacía falta. Lo que había pasado esa noche no se podía deshacer, y ninguno de los tres tenía intención de pretender lo contrario.

Valora este relato

5 (1)

Comentarios (7)

NocturnoCba

increible, no lo pude dejar de leer hasta el final!! muy buen relato

marianabaires

Por favor que haya segunda parte, quede con muchas ganas de saber como sigue todo esto

Roco_lector

Me encanto como fue escalando la situacion, sin apurarse y muy natural. Se nota que saben escribir bien

Fer_nocturno

Las tres copas de vino hacen milagros jaja. Corto pero intenso, me gusto mucho

patri88

Hay segunda parte?? Quedamos justo cuando se ponia mas interesante!

Beto_noches

excelente!!! segui escribiendo

LectorBsAs

Muy bueno el planteo, lo que mas me gusto es el ritmo que tiene. No se hace pesado y te engancha desde el inicio. Espero ver mas relatos en esta categoria, saludos

Deja un comentario

Iniciar sesión o crear cuenta

Elegí cómo querés continuar.