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Relatos Ardientes

Mi tío me hizo squirt por primera vez frente al espejo

Habían pasado casi cuatro semanas desde la primera vez que mi tío Andrés me había hecho suya. Cuatro semanas con su sabor todavía pegado a la memoria, cuatro semanas escuchando su voz cada vez que cerraba los ojos. Mis padres volvían a viajar por trabajo y, como siempre, me dejaron a su cuidado. Nadie en la familia sospechaba nada.

Llegué a su casa con la mochila al hombro, una falda corta y un top escotado. Nada por debajo del top más que la tela. Fue la primera decisión consciente que tomé esa mañana, antes de subirme al taxi: quería que él lo notara enseguida. Que me mirara como me había mirado un mes atrás.

Andrés abrió la puerta y me revisó de arriba abajo sin disimulo. La sonrisa apareció despacio, como si la hubiera estado guardando para mí.

—Princesa —dijo, y la palabra me hizo apretar los muslos.

—Tío.

—Pasa antes de que algún vecino te vea con esa pinta.

Cerró la puerta detrás de mí y, antes de que pudiera dejar la mochila, me apoyó contra la pared del recibidor. Su mano subió por la parte de atrás de mi muslo hasta encontrarse con la tela mínima de la tanga.

—¿Te has portado bien estas semanas?

—Más o menos.

—Más o menos no me sirve. Quiero detalles.

Le iba a contar todo. Siempre le iba a contar todo.

—Pensé en ti todas las noches —admití—. Pero no sé tocarme bien sin ti.

—Eso lo arreglamos hoy.

***

Su cuarto estaba como yo lo recordaba, pero con una diferencia. Frente a la pared del fondo había un espejo enorme, de cuerpo entero, apoyado en un caballete de madera. Andrés había girado el sofá de orejeras de manera que el respaldo quedara mirando al espejo. La escena estaba preparada antes de que yo llegara.

—Siéntate ahí —dijo, señalando el reposabrazos del sofá.

—¿Encima del brazo?

—Encima del brazo. Con la falda subida.

Obedecí. La tela del reposabrazos era tapizada y firme, y el borde redondeado se acomodaba justo entre mis muslos. Andrés se sentó en el sofá detrás de mí, con la espalda contra el respaldo, y desde ahí podía verme a la perfección reflejada en el espejo.

—Empieza a moverte. Despacio.

Empecé. Apoyé las manos en el respaldo del sofá y me deslicé adelante y atrás sobre el reposabrazos. La tela rozaba contra la tanga y la tanga contra mí. Al principio fue un cosquilleo. Después algo más serio. En el espejo veía mi cara, mi top a medio bajar, las puntas de los pezones marcándose contra la tela, y detrás los ojos de mi tío sin perderse nada.

—Mírame mientras lo haces —pidió.

Levanté la vista hacia el espejo. Sus ojos atravesaban los míos a través del cristal y eso me hizo mojarme aún más rápido. Sentía la humedad expandirse por la tela. Él también la veía.

—Se te marca todo, princesa. ¿Tú lo ves?

—Lo veo.

—¿Y te gusta verte así?

—Sí.

***

Andrés se levantó del sofá y se colocó detrás de mí. Sus manos me rodearon la cintura primero, después subieron hasta el dobladillo de la falda y la tiraron hacia arriba. Quedé en top y tanga frente al espejo, todavía a horcajadas sobre el reposabrazos, con la piel erizada.

—Sigue moviéndote.

Lo hice. Él me miraba en el reflejo, pegado a mi espalda, mientras pasaba los dedos por debajo del elástico de la tanga y la deslizaba lateralmente hasta meterla entre mis labios. La presión cambió de inmediato. La tela mojada quedó atrapada justo donde más sentía, y cualquier mínimo balanceo me arrancaba un suspiro.

—Esto es para que aprendas —dijo contra mi oreja—. Para que sepas cómo tocarte sola cuando yo no esté.

Su boca bajó por mi cuello. Me besaba lento, marcaba la piel con los dientes, retrocedía y volvía. Sentía su erección detrás de mí, gruesa y firme contra el algodón de su pantalón. Quise girarme. No me dejó.

—Todavía no.

Bajó el top con dos dedos. Mis pechos cayeron al aire. Son pequeños, pero las aréolas son anchas y oscuras, y los pezones me quedan largos cuando estoy excitada. Lo estaban. Andrés se llevó la mano a la boca, recogió saliva, y después la dejó caer entre mis pechos. Con los pulgares y los índices empezó a estirarme los pezones con esa lentitud calculada que me volvía loca el mes anterior y que yo había repetido sola, peor, tantas noches.

—Mira cómo te quedan cuando los jalo —dijo.

***

Me hizo levantar y darme la vuelta. Me quitó la tanga arrastrándola por las piernas y la dejó caer al suelo. Me sentó otra vez en el reposabrazos, esta vez de cara a él, con las piernas separadas y los pies apenas tocando el suelo. Se arrodilló delante de mí.

—¿Tu tío te debe una merienda, no?

No esperó respuesta. Su lengua me recorrió de abajo hacia arriba, lenta, larga. Repitió el gesto otra vez. Después concentró la punta sobre el clítoris y empezó a mover en círculos pequeños. Cerré los ojos un segundo y me obligué a abrirlos. Quería verlo. Quería ver mi propia cara reflejada del otro lado de la habitación, la cara de una sobrina al borde de venirse en la boca de su tío.

—Andrés…

—Dime.

—No pares.

No paró. Metió dos dedos despacio, los curvó hacia arriba, y entendió enseguida que estaba a punto. Aceleró la lengua. Entonces me deshice.

***

El primer orgasmo me dejó temblando sobre el reposabrazos. Andrés me sostuvo de las caderas para que no me cayera y me besó el muslo interno. Se levantó. Tenía la barbilla brillante y los ojos oscuros.

—Ahora me toca a mí.

Se desabrochó el cinturón. Yo me arrodillé en la alfombra antes de que terminara de bajarse el pantalón. Le bajé el bóxer con los dientes y se la metí entera, todo lo que pude. Lo escuché soltar el aire entre los labios. Me agarró del pelo, no para forzar, solo para guiar. Subí y bajé despacio, lamí desde la base hasta la punta, le tomé los testículos en la boca por turnos como recordaba que le gustaba.

—Así, princesa, justo así.

Cuando sintió que se le iba a escapar, me retiró con suavidad. Me levantó, me dio la vuelta otra vez, y volvió a ponerme sobre el reposabrazos, esta vez con el pecho apoyado contra el respaldo y las piernas abiertas. Detrás de mí, el espejo. Detrás de él, también.

—Mira. Mira cómo entra.

Se hundió de un solo movimiento, hasta el fondo. Inhalé fuerte. En el espejo vi su cuerpo entero pegado al mío, su mano agarrándome de la cintura, su otra mano marcándome una nalga con una palmada que ardió. Empezó a embestirme con un ritmo que no tenía piedad. La tela del sofá crujía. Yo gemía pegada al respaldo.

—¿Esto es lo que querías?

—Sí.

—¿Esto es lo que pensabas todas las noches?

—Sí.

***

Me enderezó tirándome del pelo, sin sacarla. Quedé arqueada contra su pecho, con su mano alrededor de la garganta, sin apretar, solo sosteniendo. Con la otra mano me metió dos dedos en la boca y, cuando los tuvo bien húmedos, los pasó a mis pezones. Los rodeó. Los estiró. Yo veía todo en el espejo. Ver fue casi peor que sentir.

—Tienes las tetas más bonitas de la familia, princesa. ¿Lo sabías?

No le contesté. No podía. Le agarré la muñeca y se la llevé hacia abajo, hasta el clítoris. Él entendió. Empezó a frotarme mientras seguía dentro de mí, lento al principio, luego rápido. El segundo orgasmo me llegó por dentro y por fuera al mismo tiempo, y me dejó las piernas inservibles.

***

Andrés se sentó en el sofá, con la espalda contra el respaldo y las piernas abiertas. Su erección se mantenía dura, brillante de mí. Me hizo señas para que me acercara. Me agaché, lamí desde la base hasta la punta, me limpié todo lo mío con la lengua y después me subí encima.

—Cabálgame.

Me senté lento. Me acomodé. Empecé a moverme. Él me chupaba los pechos sin tregua, mordía las puntas, los dejaba caer y volvía. Yo cabalgaba con las palmas en su pecho y la mirada perdida.

—Acércame esa panocha rica.

Me deslicé hacia adelante, le subí por el cuerpo y le planté la pelvis encima de la cara. Se la entregué sin pudor. Su lengua entró sin avisar. Yo me agarré del cabecero del sofá y empecé a moverme contra su boca, abriéndome con los dedos para que llegara más adentro. Era la primera vez en mi vida que entendía lo que era estar a punto sin que me molestara.

***

Volví a su erección. Esta vez el cabalgar fue distinto. No supe cómo lo hice ni qué se me destrabó por dentro, pero al cuarto o quinto movimiento sentí algo nuevo subiéndome por el centro del cuerpo. Como una ola que avisa antes de romper. Le miré a los ojos.

—Algo me pasa.

—Suéltalo. Lo que sea, suéltalo.

Me solté. Y empezó a salir un chorro de mí que no era orina, no era sudor, no era nada que yo hubiera fabricado antes. Empapé el pantalón de Andrés, el sofá, mis propios muslos. Mis piernas temblaban tanto que tuve que aferrarme a sus hombros para no caerme.

—Eso es un squirt, princesa —jadeó, sin poder despegar los ojos de lo que estaba pasando entre nosotros—. Mírate. Mírate.

Lo hice. Giré la cabeza hacia el espejo y me vi: el pelo pegado a la frente, los pechos al aire, la cara de alguien que acababa de descubrir algo de sí misma que no tenía nombre. Detrás, mi tío con la boca abierta y las manos clavadas en mis caderas.

Volví a cabalgarlo. Volvió a salir. Tres veces. Cuatro. Perdí la cuenta. Andrés me agarró de la cintura, marcó el ritmo desde abajo y yo lo acompañé hasta que sentí que él tampoco aguantaba.

—Adentro —pedí.

—¿Segura?

—Adentro.

Se vino con un gemido grave que le salió desde el estómago. Me llenó. Me quedé encima de él un buen rato sin moverme, con la cara hundida en su cuello, escuchando su corazón calmarse.

***

Esa noche no dormí en la habitación de invitados. Ni la siguiente. Andrés me bañó con calma, me secó él mismo con una toalla limpia y me llevó a su cama. Me dijo que íbamos a seguir aprendiendo cosas todo el fin de semana. Que cada vez le iba a sacar algo nuevo a mi cuerpo.

Yo le creí. Y tenía razón.

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Comentarios (6)

Rafa33

Increible relato, no podia parar de leer. Tiene algo que te atrapa desde el principio

Sofito_82

Por favor que haya segunda parte... me quede con muuuchas ganas de mas

Maru_lectora

Lo que mas me gusto es como describis la tension antes de que todo pase. Se siente bien real. Felicitaciones

AnaSol72

Este tipo de relatos me encantan, tienen ese morbo que no podes evitar aunque quieras jaja. Muy bien escrito

HectorLee

Pregunta, esto esta basado en algo real o es ficcion? Lo pregunto porque se siente muy autentico

lector_ansioso

buenisimo!!!

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