El beso que encendió a Mariana y a su hermanastra
Mariana nunca había besado a otra mujer hasta esa noche. Volvió a casa temblando de deseo, sin imaginar que su hermanastra la observaba en la oscuridad.
Mariana nunca había besado a otra mujer hasta esa noche. Volvió a casa temblando de deseo, sin imaginar que su hermanastra la observaba en la oscuridad.
Pensé que el fin de semana familiar sería como cualquier otro. Hasta que ella cruzó el portón y entendí que el pasado nunca había estado del todo enterrado.
Cuando mi madre por fin decidió casarse, jamás imaginé que el viaje a la isla con mi futura hermanastra terminaría revelándome el secreto de toda la familia.
Cerré los ojos para imaginarlo mirándome. Cuando unas manos me sujetaron la cintura por detrás, pensé que sabía de quién eran. Me equivocaba por completo.
Pensé que sería una tarde tranquila frente a la tele, hasta que el pie descalzo de mi hermanastra empezó a subir por mi muslo y una pregunta lo cambió todo.
Me quité las bragas, las dejé bajo su almohada y me arrimé a su espalda sin darle ni los buenos días. Tenía media hora antes de la primera tutoría.
Dos años llevaba recordando la imagen de su cuerpo desnudo. Cuando nos quedamos solos en la cocina, supe que aquel deseo guardado iba a desbordarse.
Bajó en toalla recién duchado, con una sonrisa que no le conocía. Yo aún no sabía que esa noche iba a ser mi primera vez con un hombre.
Llevábamos meses jugando con los límites de nuestra amistad, pero esa tarde, a solas en su cuarto, me preguntó si podía meterla y no supe decir que no.
Cuando subí a la biblioteca a buscar unos legajos, no esperaba sentir las manos de mi hermanastro sujetándome la cintura como si tuviera derecho a hacerlo.
Lo vi por primera vez en un concierto y supe que era problema. Era el novio de mi hermanastro, así que enterré las ganas. Dos años aguanté, hasta ese viernes.
Cuando vio a Camila apoyada contra la heladera con esa media sonrisa, entendió que ese verano en casa de su padre se le iba a complicar mucho más de lo previsto.