La viuda perfecta que sedujo al inspector
Cuando Rodrigo cruzó la puerta, Valentina lo miró con esa calma de quien sabe exactamente lo que tiene entre manos, y esa noche él tampoco era inocente.
Cuando Rodrigo cruzó la puerta, Valentina lo miró con esa calma de quien sabe exactamente lo que tiene entre manos, y esa noche él tampoco era inocente.
La llave de mi jaula colgaba entre sus pechos esa noche, y supe por su sonrisa que iba a usarla delante de todas. Yo solo podía tragar saliva y rezar.
Llevaba doce años esperando que Valeria me mirara así. Esa noche por fin lo hizo, pero no de la forma que había imaginado.
Su mano subió por mi muslo justo cuando en la pantalla él la empujaba contra la pared. No hizo falta que dijera nada: ya había leído todo en mi respiración.
Caminé hacia la escuela sintiendo el semen de Ramiro entre las piernas. El día apenas empezaba.