La videollamada que convirtió nuestra fantasía en algo real
Sofía llevaba semanas con esa mirada traviesa. Cuando me propuso que un extraño la viera tocarse por cámara mientras yo observaba en silencio, dije que sí sin dudarlo.
Sofía llevaba semanas con esa mirada traviesa. Cuando me propuso que un extraño la viera tocarse por cámara mientras yo observaba en silencio, dije que sí sin dudarlo.
Pedaleé hacia el río con la sangre ya caliente, sabiendo lo que iba a hacer cuando nadie pudiera verme. Esa tarde, por fin, la fantasía sería real.
Las chicas del equipo se habían ido a conocer la ciudad. Yo estaba sola en la habitación cuando llamaron a la puerta. Era él, con esa sonrisa que me ponía nerviosa desde el primer miércoles.
Hay noches en que el cuerpo no acepta un no. El apartamento vacío, el cajón entreabierto y yo con horas por delante para hacer lo que quisiera.
Llevábamos treinta años juntos y yo siempre tuve esa fantasía. Nunca imaginé que ella terminaría desnuda frente a otro hombre diciéndome gracias con una sonrisa.