Lo que descubrí sobre mí esa noche frente al espejo
Cerré las cortinas, apagué la luz y supe que esa noche nadie iba a frenarme. Iba a llevar mi cuerpo hasta donde nunca antes me había animado a llegar.
Cerré las cortinas, apagué la luz y supe que esa noche nadie iba a frenarme. Iba a llevar mi cuerpo hasta donde nunca antes me había animado a llegar.
Su perfume todavía me perseguía cuando abrí la tarjeta en el taxi. Una dirección en Recoleta. La puerta va a estar sin llave, me había dicho.
El calor, el mar y dos parejas demasiado cómodas entre sí. Cuando los dos hombres se alejaron a por cervezas, ninguno imaginaba de qué terminarían hablando.
Levanté el puño para tocar el timbre y la puerta se abrió antes de que mi nudillo rozara la madera. Él llevaba horas contando mis pasos en la calle.