Mi amiga Camila volvió con el pelo teñido de rojo
Llevábamos tres meses sin vernos a solas. Cuando entró al departamento, traía el pelo de un rojo intenso y esa sonrisa torcida que nunca pedía permiso.
Llevábamos tres meses sin vernos a solas. Cuando entró al departamento, traía el pelo de un rojo intenso y esa sonrisa torcida que nunca pedía permiso.
Cuando le pedí que me alcanzara el champú, no esperaba que apartara la cortina y se quedara mirándome con la mano sobre el pezón.
Cuando entró en mi cocina, no tenía ni idea de lo que le esperaba. Yo sí lo sabía, y desde que cruzó la puerta, solo pensé en una cosa.
Cuando los labios de su amiga rozaron los suyos en un juego de prendas, Lucía no sabía que aquel verano iba a desordenarle la cabeza y el cuerpo entero.
La cuarta ronda de daiquiris bajó las defensas, pero nadie esperaba que la confesión de Daniela terminara con todas nosotras enredadas en la alfombra del living.
Cuando Lucía corrió la cortina del probador detrás de nosotras, supe que el vestido verde no iba a salir intacto. Y que yo tampoco saldría como había entrado.