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Relatos Ardientes

Lo que el amo le ordenó decir frente a la cámara

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Marcos le había cortado la respiración tres veces. En la tercera, Valeria notó algo diferente: no solo estaba más duro e hinchado que antes, sino que la presión que ejercía en su garganta seguía una dirección recta y sin contemplaciones. Le indicó a Nadia que cambiara de posición y la joven se apartó. Marcos se bajó.

Por enésima vez Valeria se arrepintió de no haberse depilado. Llevaban varias semanas de trabajo intenso en las que ella y Diego no habían podido coincidir para entrenar juntos, que era cuando aprovechaba para afeitarse. Pero tampoco era que fuera muy sociable. Aparte de la gente del trabajo o del gimnasio, casi no tenía vida social con nadie más.

Con hombres las cosas siempre terminaban mal. Con alguna mujer se llevaba un poco mejor, pero tampoco forzaba las situaciones. Si ni siquiera se depilaba para los vídeos de su canal de contenido adulto, por mucho que Irina se lo pidiera. Alguna vez había leído los comentarios y cuando aparecía depilada, sus seguidores asumían que había tenido sexo. En una ocasión respondió a uno de esos mensajes llamando idiota al tipo y diciéndole que nunca tendría nada con él. Él respondió con una foto de su pene y una propina de doscientos euros con un «por favor sí».

Ahora se lamentaba porque Marcos la estaba viendo por primera vez y ella con toda su naturaleza sin retoques. Un desastre total. Se había fijado en que las otras sumisas iban completamente depiladas.

Marcos la penetró de golpe, duro y sin aviso. Eso la llevó al primer orgasmo, uno que se había gestado en la excitación inesperada derivada de la falta de aire, o quizá de ver cumplida su fantasía de tener ese miembro en su garganta. Tuvo que recurrir a la poca concentración que le quedaba para no perder el control por completo. Pero no pudo terminar de tomar aire porque Nadia le tapó la boca con su sexo y la nariz con el peso de su cuerpo.

Sabía que podía quitársela de encima, pesaba mucho menos que Marcos. Pero a él no le gustaría. Trató de tomar aire. Los golpes constantes de Marcos en su vagina poco usada, el tamaño de su miembro, mucho mayor que el de Diego, y el hecho de que llevaban más de seis semanas sin acostarse juntos, la ponían al límite.

Le faltaba el aire. Se movió. Nadia se elevó un momento y volvió a bajar sin dejarla respirar. Notó que la falta de oxígeno se convertía en excitación dentro de ella, pero aun así prefería respirar. No podía. Cuando estaba a punto de empujar a Nadia fuera, Marcos le jaló el vello del pubis colocándola al borde del clímax. Nadia se levantó y ella inspiró a fondo.

Una inspiración. Respiración profunda. Otra inspiración. La voluntad de aguantar que se traduce en una culminación sin apenas fluido. Otra inspiración, hasta que Nadia volvió a bloquearle la boca y la nariz.

Jamás había sido multiorgásmica con un hombre. Tampoco con las mujeres, salvo cuando le causaban dolor. Y aparte de Diego, y ahora Marcos, nunca había dejado que un hombre le hiciera daño durante el sexo. Le volvía a faltar el aire. Sus pulmones exigían oxígeno con un dolor que iba en aumento. Apretó los dientes sobre el sexo de Nadia. La joven aguantó.

La falta de aire y la fricción la llevaban por segunda vez al límite. Marcos tiró de nuevo de su vello púbico y una punzada de dolor agudo le envió una descarga al clítoris. Su boca fue liberada y algunas gotas cayeron sobre su cara.

¿Se estaba corriendo Nadia —pensó Valeria—, si apenas le había pasado la lengua?

Una gota cayó cerca de la comisura de sus labios. Sacó la lengua. Sabía a metal. La siguiente inspiración fue cortada de nuevo.

Esta vez Valeria sí intentó quitarse de encima a Nadia. Sus pulmones llevaban demasiado tiempo sin recuperarse. Pero Nadia presionó hacia abajo con una fuerza sorprendente para alguien apoyado solo en su propio peso.

¿Hasta qué punto cumplía las órdenes de Marcos? —pensó Valeria—. Si ahogarla era decisión de él, no aguantaría un mordisco en el sexo, a menos que fuera tan masoca como ella misma.

Apretó los dientes con más fuerza. Nadia aguantó. El tiempo se agotaba. Sus pulmones enviaban oleadas de dolor al resto del cuerpo. La presión y la fricción del miembro de Marcos la tenían sin capacidad de concentrarse en nada, pues toda su formación había sido en base al control de la respiración.

Marcos le dio un nuevo tirón del vello púbico, esta vez más fuerte que los anteriores, y después la golpeó en el estómago. No lo pudo controlar. Por primera vez desde sus primeras experiencias con Clara, no importaba si quería o no: su cuerpo ganó. El orgasmo la arrasó por completo, más intenso que los anteriores y más intenso que cualquiera que hubiera sentido en toda su vida.

Y al mismo tiempo que el placer llenaba cada célula de su cuerpo y de su mente, la anoxia apagaba su cerebro.

Vale la pena —fue el último pensamiento de Valeria—, morir por semejante orgasmo.

Valeria perdió el sentido.

***

Marcos reaccionó de inmediato. Hizo la señal de emergencia leve a Nadia y puso los dedos índice y corazón en el muslo de Valeria. Su corazón latía rápido, tal como confirmaba el monitor en pantalla. Por el momento no era emergencia grave. Nadia colocó la mascarilla de oxígeno sobre el rostro inconsciente de Valeria, aunque el cuerpo de esta seguía respondiendo. Sus músculos vaginales apretaban con más fuerza que antes, y el miembro de Marcos se deslizaba más rápido gracias a la cantidad de fluido que surgía de ella.

Nadia verificó que la saturación de Valeria volvía a valores normales. Guardó la mascarilla y se acercó a Marcos.

—¿Tengo que seguir ahogándola, Amo? —preguntó en voz baja.

Marcos negó con la cabeza. Nadia volvió a colocarse en posición, agachándose sin llegar a bloquear la boca ni la nariz de Valeria.

—¡Ahora lame! —ordenó Nadia con la frialdad que Marcos le había indicado—. ¡Venga, que tienes que hacerme correr!

Valeria se mostró reacia. No porque le disgustara, sino porque Nadia la había asfixiado. La joven bajó un poco más y le tapó de nuevo la boca y la nariz.

—¡Lame sin parar hasta que me corra o te vuelvo a dejar sin aire!

Era una jugada arriesgada por parte de la joven. Por suerte para Nadia, a Valeria no le había convencido del todo la experiencia y comenzó a pasar la lengua buscando el clítoris desde abajo. Nadia se incorporó un poco dejándola respirar. Valeria aumentó el ritmo pese a que la boca se le llenó del sabor metálico de su propio mordisco anterior.

***

Pasaron quince minutos desde el orgasmo de Valeria hasta que Nadia se corrió, con una mezcla de insultos y agradecimientos. Y como si ese trato la estimulara, Valeria lo hizo poco después, apretando a Marcos hasta casi estrangularlo con las contracciones de su interior. Esa fue la gota que permitió a Marcos descargar, exigua para lo que era habitual en él, aunque en su defensa llevaba un fin de semana de actividad muy intensa.

Una vez los tres terminaron, Marcos decidió que se ducharan juntos. Entraron en el baño, que contaba con una ducha amplia y varios chorros que él activó.

Mientras Valeria tomó la esponja, la llenó de jabón y empezó a frotarse, Nadia entró la última.

—Dame la esponja —pidió Nadia—. Estúpida.

—Las cosas se piden con educación —replicó Valeria—. Te la paso cuando acabe. Y no me llames eso que ya no te estoy haciendo nada.

—No entiendes nada —la increpó Nadia—. Estúpida.

—Dale la esponja —intervino Marcos, interponiéndose entre Valeria y el chorro de agua—. Estúpida. Y después sal de la ducha, apoya los puños cerrados en el suelo del baño y haz cien flexiones completas. Quiero que los pezones te queden a cinco centímetros del suelo cuando estés abajo. Ahí cuentas quince y subes hasta extender los brazos. Y el cuerpo siempre recto.

—Perdón, Amo —respondió Valeria bajando la cabeza y extendiendo el brazo para entregar la esponja—. Yo… yo no…

—¡Ahora! —subió el tono Marcos, adelantando un paso.

Valeria salió de la ducha y se tendió en el suelo a hacer las flexiones según las indicaciones, mientras Nadia tomó la esponja, la enjuagó y empezó a enjabonar a su amo. Solo se mojaba cuando la posición lo requería. Sin embargo, Marcos fue lo suficientemente hábil para que cuando ella terminó de pasarle la esponja estuviera completamente mojada.

—Mientras me aclaro, enjabónate tú —ordenó Marcos—. Pero no te enjabones el pecho ni el sexo.

—Gracias, Amo.

Una vez Marcos terminó de enjuagarse, vertió jabón en la mano y la pasó por el pecho de Nadia. Después hizo lo mismo con su sexo, haciendo que abriera las piernas y separando los labios para llegar a todos los rincones, metiendo incluso un par de dedos enjabonados en su interior. Para terminar tomó la esponja y la frotó por las zonas enjabonadas. La dejó enjuagarse mientras la manoseaba. Cuando ambos estaban limpios, le susurró órdenes al oído.

Nadia se mojó de nuevo, en especial la cabeza, y salió de la ducha. Se situó entre los brazos de Valeria cuando esta estaba arriba en la flexión sesenta y nueve, obligándola a rozar sus pies con los labios al bajar. Al subir, Nadia dio un paso atrás, se inclinó, tomó su pelo con ambas manos y lo escurrió sobre la cabeza de Valeria, mojándola con el agua mezclada con champú. Valeria contó en ese momento la flexión setenta.

Una vez escurrida la melena, Nadia tomó toallas del armario y volvió al baño para secar a Marcos. Se arrodilló para empezar por los pies. Besó ambos antes de ponerle las zapatillas. Fue subiendo por el cuerpo de su amo con cuidado, cambiando de toalla a medida que avanzaba, besando cada parte antes de secarla.

Valeria había estado mirando de reojo lo que hacía Nadia y cómo se comportaba. Conforme la joven se movía fue consciente de los propios fallos que había tenido.

***

—Estúpida —ordenó Marcos cuando Valeria estaba en la flexión ochenta y ocho—. No te levantes. Avanza así hasta la habitación. Si has recibido parte del entrenamiento militar de tu pareja serás capaz. Además apoyas mal los pies.

Valeria resopló. Siempre se había arrastrado apoyando los codos, no con los brazos en posición de flexión. Le costó moverse. Cuando llegó a la habitación, tanto Marcos como Nadia estaban sentados en la cama.

—Te has movido —la riñó Marcos—. Así que empieza a contar de nuevo. Y añade diez flexiones por apoyar mal los pies.

Mientras Valeria realizaba sus ciento diez flexiones, Marcos y Nadia hablaban en voz baja sobre la posibilidad de cederla a otro hombre. Nadia se mostraba contenta con ello. Cuando Valeria terminó, se incorporó y se dirigió hacia el baño.

—¿Dónde vas? —preguntó Marcos.

—A la ducha, Amo.

—Has perdido ese derecho con tu actitud. Arrodíllate a los pies de la cama.

Valeria obedeció, quedando erguida sobre las rodillas.

—¿Eres consciente de cuál ha sido tu fallo? ¿Has visto cómo se comportaba Nadia?

—No, Amo —replicó Valeria mintiendo a la segunda pregunta, pues temía que hubiera algo más de lo que ella había captado—. Estaba muy ocupada haciendo flexiones.

—Para empezar —respondió Marcos—, tienes que asumir que si quieres ser mi esclava no eres nada. Y eso debes reflejarlo con tu actitud. —Pulsó el botón del intercomunicador—. Iris, pon la escena de la ducha en la pantalla.

—Sí, Amo —respondió una voz distorsionada por el altavoz.

—Como eres amo —se le escapó a Valeria sin pensar—, hasta has reconfigurado el asistente de voz…

Se calló al ver la cara de Marcos. Nadia empezó a reír y se acercó al oído de él. Ambos se rieron. La televisión se encendió mostrando el baño de hacía unos minutos, cuando los tres entraron en la ducha. Marcos dejó que la escena se reprodujera completa sin decir nada, entreteniéndose en meter mano a Nadia mientras esta le lamía la oreja.

—Sabes que te has ganado un castigo por el trato que me diste —habló Marcos una vez concluyó el vídeo—. Y al amanecer ya veremos qué otros.

—Perdón, Amo —dijo Valeria, aunque ni su tono ni su actitud eran los de una súplica—. Es la costumbre. Aceptaré cualquier castigo que me imponga por mi fallo.

—Ten por seguro que te lo impondré —replicó Marcos, que tenía la impresión de que Valeria lo estaba tanteando—. Aunque no ahora porque podría interferir en el trabajo. —Valeria sonrió—. Para empezar relata lo que pasó en la ducha, antes de mandarte a hacer flexiones.

—Sí, Amo. Nadia me llamó eso que me molesta mucho…

—Tienes un problema —la interrumpió Marcos.

—Sí, Amo, lo sé. Es la falta de costumbre en relaciones de este tipo.

—Relaciones en las que follas —precisó Marcos—. ¿Con quién más te acuestas aparte de Diego?

—Con más hombres no lo hago, Amo. Solo con alguna mujer. Se me da mal relacionarme con hombres fuera del trabajo.

—Bien. —Marcos besó a Nadia en los labios—. Ese es tu segundo problema, no el primero. Ahora dilo como corresponde, sin perífrasis ni omisiones. Llamando a las cosas por su nombre.

—No entiendo.

—Graba, Nadia —ordenó Marcos.

La joven se movió y tomó un teléfono apuntando a Valeria. Esta se llevó un brazo al pecho y la otra mano al sexo.

—Separa las rodillas un metro y lleva las manos a la nuca. —Valeria adoptó la posición mientras su rostro se encendía—. Bien. Mientras no te diga otra cosa, cuando estés desnuda y te ordene descanso te pondrás en esa postura, esté quien esté delante. Ahora te daré la frase de ejemplo. Yo la digo y tú la repites a la cámara. Antes de cada frase dirás: «Soy una puta estúpida que no sabe follar y por eso digo mal:». Elige entre la frase de la ducha, la que acabas de decirme y la primera que dijiste cuando te pedí que relataras lo ocurrido.

—Creo que esta última, Amo —respondió Valeria usando el tono correcto.

—Bien. Cuando acabe esperas a que baje la mano. Esa será la señal para que Nadia empiece a grabar. Contarás hasta quince y dirás tu frase de inicio. Nadia no parará el vídeo. Cuando mueva la mano de un lado a otro, cambias a la siguiente frase. ¿Has entendido?

—Sí, Amo. Lo he entendido.

—La frase correcta es: «Con más tíos no follo. Solo jodo con alguna puta, como yo. Se me da mal buscar a tíos para chingar fuera del trabajo». ¿Entendido? —Valeria asintió—. Bien, preparaos.

Marcos bajó la mano y Nadia comenzó a grabar. Valeria, con la cara roja, contó hasta quince.

—Soy una pu… pu… puta estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: Con más tíos no fo… fo… follo. —Cada vez estaba más roja, al borde de la congestión—. Solo jo… jo… jodo con alguna pu… pu… puta estúpida, como yo. Se me da mal buscar a tíos para chi… chin… chingar. Fuera del trabajo.

Marcos sonreía. Valeria estaba al borde del colapso. Él movió la mano de derecha a izquierda.

—Perdón, Amo —dijo Valeria intentando recuperar la respiración—. ¿Cuál va ahora?

—La de la ducha. Y te has ganado otro castigo.

—Soy una pu… puta estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: ¿Dame la esponja?

—Esa no. Tu respuesta. Y con este llevas tres castigos. Vuelve a empezar por tu introducción.

—Lo siento, Amo. Aceptaré cualquier castigo que tenga a bien imponerme.

—Soy una pu… puta estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: ¿Pídemelo por favor? —Marcos hizo un gesto para que continuase y Valeria pareció captar la frase correcta. El rojo de sus mejillas volvió a subir—. No me llames… pu… puta. Estúpida que no te estoy co… co… comiendo.

—Bien, vas captando la idea —aceptó Marcos—. Ahora te falta hacerlo sin tartamudear. Pero tranquila, aunque cacarees, si dices lo que toca no habrá castigo.

—Gracias, Amo.

—Soy una pu… puta estúpida que no sabe fo… fo… follar. Y por eso digo mal: Nadia me llamó puta estúpida, lo cual me molesta mucho porque en mi educación esas palabras estaban prohibidas. También me cuesta hablar de todo lo que se relaciona con el se… sexo.

—Mis padres son creyentes del rito de Santo Tomás —continuó Valeria—. Se llaman así aunque el nombre lleve a confusión.

—¿Un grupo protestante? —la interrumpió Marcos.

—No, Amo. Son parte de la Iglesia Católica —respondió Valeria—. Según me contaron de pequeña, el grupo desciende de los primeros cristianos que el Apóstol Tomás adoctrinó durante su misión en la India, en la región de Kerala. Estuvieron siglos aislados, sin contacto con Roma. Con la llegada de los exploradores portugueses en el siglo XVI retornaron al redil. Negociaron con el Papa mantener sus particularidades a cambio del reconocimiento formal.

—Y así siguieron —continuó Valeria—: principalmente en lugares alejados, en comunidades pequeñas, aceptando la primacía del obispo. Que es más de lo que hicieron otras órdenes en su día.

—El caso es que en todo lo que tiene que ver con el sexo son tan estrictos como el resto de la Iglesia, o más —siguió explicando—. Me educaron con la norma de no decir ciertas palabras que consideraban sucias, usando pronombres y circunloquios para cualquier cosa relacionada con el cuerpo. Y por supuesto con que «hacer ESO con los chicos es malo» —hizo el gesto de las comillas—, «una chica no puede estar a solas con un chico», «lleva cuidado porque pueden meterte eso y hacerte un bebé».

—Mi madre se escandalizó cuando a esa última frase le respondí preguntando si incluso mis hermanos —dijo Valeria—. Tengo cinco hermanos mayores y uno menor, dos hermanas mayores y otras dos menores. Soy la octava de once hijos. —Añadió eso último ante la cara de asombro de los dos.

—Así se explica tu carácter combativo —comentó Marcos—. Porque con lo que cuentas, desde luego no es por educación.

—Ni tampoco por mis hermanos —replicó Valeria—. Ellos eran muy tranquilos. Ni se peleaban ni hablaban de… de seeeexo. —Hizo una pausa—. Perdón, Amo. Incluso para describir lo que era pecado se hacía sin nombrarlo. Al menos en ese tema, porque la violencia estaba directamente prohibida, y sin ninguna vergüenza de referirse a ella siempre que fuese para decir que no se hacía.

—Esa es otra de las peculiaridades del rito —continuó Valeria—: en tiempos pasados predicaban la paz y la mansedumbre absolutas. Y eso me valió mi primer gran castigo. Pero también mi mayor autoconocimiento.

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Comentarios (8)

Laura_C

Tremendo relato!!! me enganchó desde el primer párrafo y no pude parar de leer

Nico_Cordoba

Por favor que haya segunda parte, quede con ganas de saber que pasó después con Valeria

AlejoCosta

Me encantó como lograste transmitir esa mezcla de verguenza y deseo al mismo tiempo. Se siente muy real sin caer en lo burdo, eso es dificil de lograr. Seguí escribiendo!

DiegoBsAs

Excelente!! sigue así

Manu1987

Esto es autobiográfico? suena demasiado autentico jaja. Muy bueno de verdad

DesvelaoTotal

Ufffff de los mejores relatos de esta categoría que leí acá

Paloma_R

Me recordó a cierta experiencia personal jajaja... muy bien narrado, gracias por compartirlo

Vigilante82

Genail!!! esperando ansioso el proximo

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