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Relatos Ardientes

La noche que invitamos a un tercero a nuestra cama

3.8 (6)

La noche empezó igual que siempre: Nuria acurrucada contra mí, la lámpara de la mesita encendida al mínimo, la televisión apagada desde hacía rato. Afuera llovía con esa insistencia monótona que convierte cualquier habitación en un lugar más íntimo de lo que es.

Llevábamos semanas dándole vueltas al asunto. Primero fue una pregunta casual entre risas, después una conversación más larga, después otra. Hasta que una noche, ya sin rodeos, pusimos todo sobre la mesa.

—¿Sigues queriendo hacerlo? —me preguntó con la cabeza apoyada en mi pecho.

—Sí. ¿Y tú?

—También.

Y así quedó decidido.

Lo hablamos con cuidado, sin apresurarnos. Quién, cuándo, qué estaba permitido, qué no. Elegimos a Marcos porque era alguien de confianza, alguien que entendía que esto tenía sus propias reglas y que no iba a confundirlas con otra cosa. Era discreto. Cuando se lo propusimos, aceptó sin drama y sin preguntas que no tocaran al caso.

La semana previa a esa noche, Nuria estuvo más cariñosa que de costumbre. No sé si era nervios o anticipación o las dos cosas mezcladas. Yo también lo noté en mí: ese estado de alerta permanente, como si el cuerpo supiera que algo se acercaba y quisiera estar listo.

El viernes por la tarde, mientras ella se duchaba, me senté en el borde de la cama y me di cuenta de que las manos me temblaban levemente. No de miedo. De otra cosa que no tiene nombre concreto pero que reconocí enseguida.

Antes de que Marcos llegara, Nuria y yo nos miramos un segundo sin decir nada. Era el tipo de mirada que no necesita traducción. Después ella apoyó la frente contra la mía y soltó el aire despacio.

—Si en algún momento quieres que pare, paramos —dije.

—Lo sé —respondió. Y sonrió de una manera que me dejó claro que no iba a querer que parara.

***

Cuando Marcos llegó, Nuria y yo ya estábamos en la cama.

Él entró despacio, dejó la chaqueta sobre la silla del escritorio sin hacer ruido, y se quedó un momento en el umbral. Solo mirando. No dijo nada y no hizo falta.

Nosotros seguíamos besándonos, pero los dos sabíamos que él estaba ahí. Algo cambió en el ambiente de la habitación, como cuando subes el volumen de una canción que ya sonaba bien y de repente todo cobra otro peso.

Marcos se acercó y se sentó al borde de la cama.

Nuria llevaba una camiseta de manga corta que le quedaba larga y nada más. Tenía el pelo suelto sobre la almohada y los labios un poco hinchados de tanto beso. Sus manos me buscaban la nuca, y yo la notaba respirar diferente, con más pausa entre cada inspiración.

Las manos de Marcos empezaron a recorrer su espalda, lentas, con las yemas apenas presionando. Las mías bajaron por su cintura. Nuria tensó la espalda un segundo y luego se relajó completamente, como si hubiera tomado una decisión y ya no hubiera nada más que resolver.

Entonces los tres empezamos a movernos al mismo ritmo, sin que nadie lo dijera en voz alta.

***

Hay momentos en los que el cuerpo pierde su geografía habitual. Ya no sabes con exactitud qué mano es de quién ni desde qué dirección te llega el calor. Todo se vuelve temperatura, presión, respuesta.

Nuria estaba en el centro, y eso era lo que habíamos acordado.

La besé mientras le bajaba la ropa interior despacio. Ella tenía los ojos entornados y la respiración acelerada, con una mano sobre mi nuca y la otra apretando la sábana. Marcos le acariciaba la espalda con las yemas, siguiendo la columna de arriba abajo, tomándose su tiempo.

La noté húmeda antes de tocarla. Eso siempre me había dicho algo sobre ella: su cuerpo respondía antes que sus palabras.

Me coloqué entre sus piernas y la penetré lentamente. Ella arqueó la espalda y soltó un sonido que no era exactamente un gemido, sino algo más hondo, más contenido. Sus piernas se cerraron un momento alrededor de mí y luego se abrieron de nuevo.

Marcos se puso a su lado y empezó a acariciarla con los dedos, rozando la superficie, haciendo círculos sin presionar. Nuria apretó los dientes y movió las caderas hacia atrás, buscando más sin pedirlo con palabras.

Los tres encontramos un ritmo sin hablarlo.

***

Yo la miraba a los ojos mientras me movía dentro de ella. Ella me miraba a mí, pero también lo miraba a él, y había algo en su expresión que no había visto antes: una especie de concentración, de goce calculado, como si quisiera registrar cada sensación por separado para no olvidar ninguna.

—Más —dijo en voz baja. Y no quedó claro a cuál de los dos se lo decía.

Los dos respondimos.

Pasado un rato, Nuria me puso una mano en el pecho y me empujó suavemente hacia un lado. Sabía lo que quería decir. Me eché a un lado y dejé que Marcos se colocara entre sus piernas.

Me quedé junto a ella, mirándola mientras él la penetraba. Sus caderas se movían en un arco lento, buscando el ángulo que le funcionaba a ella, ajustándose sin necesidad de instrucciones. Nuria tenía la cabeza echada hacia atrás, los labios entreabiertos, con esa expresión en la cara que tiene cuando algo le funciona bien de verdad.

Le pasé una mano por el costado y bajé despacio hasta encontrar su clítoris. Ella gimió y me agarró la muñeca, no para detenerme sino para retenerme exactamente ahí. Sus caderas marcaban el ritmo para los dos.

Abrió los ojos y me buscó.

—Bésame —dijo.

La besé mientras Marcos seguía moviéndose dentro de ella. Sentí cómo sus piernas temblaban a intervalos cortos y cómo cada contracción llegaba hasta la mano que tenía apoyada en su cadera.

Después Nuria se incorporó un poco y tomó a Marcos entre los labios. Él se tensó un momento y cerró los ojos. Ella lo tomó con calma, sin prisa, mirándome de reojo mientras lo hacía. Ese gesto era para mí también.

Yo la observé durante un rato antes de colocarme de nuevo entre sus piernas.

***

Fue ella quien lo pidió. Me lo esperaba y no me lo esperaba al mismo tiempo.

Me miró con esa media sonrisa que conozco bien, la que usa cuando va a decir algo que va a cambiar el tono de la habitación.

—Quiero verte —susurró.

No hizo falta más explicación.

Me incorporé y me coloqué delante de ella. Marcos se puso detrás de mí.

Empecé a penetrar a Nuria otra vez, despacio, sintiendo cómo su cuerpo respondía con ese apretón que me deja sin pensamiento durante unos segundos. Ella suspiró y subió las rodillas.

Marcos me preparó con cuidado y sin prisa. Primero con los dedos, con paciencia, dejando que mi cuerpo se adaptara a la presión antes de avanzar. Era una sensación extraña al principio, intensa de una manera que no era solo física. Después dejó de ser extraña y se convirtió en algo que no sabría clasificar con palabras normales.

Me tensé sin querer.

Nuria lo notó y me puso una mano en la mejilla, obligándome a mirarla.

—Aquí —dijo. Solo eso.

Respiré.

Aflojé.

Y avancé.

***

Los tres formamos una cadena.

Marcos detrás de mí. Yo dentro de Nuria. Ella en el centro, recibiéndolo todo, con los ojos abiertos y la mirada fija en mí.

Cada vez que Marcos empujaba, yo empujaba también. Nuria lo sentía de otra manera, con ese efecto en cascada que la hacía moverse hacia adelante y hacia atrás, marcando el tempo para los tres sin una sola palabra.

Me sentía dividido en dos: la mitad que recibía y la mitad que daba. Ambas al mismo tiempo, en sincronía perfecta con los dos cuerpos que tenía alrededor. Era una sensación que no me había imaginado con suficiente precisión cuando lo habíamos hablado.

Los sonidos en la habitación eran bajos, contenidos. Ninguno de los tres sentía necesidad de volumen. Lo que estaba pasando era suficiente sin añadirle nada.

Nuria me besó con urgencia, con las dos manos en mi cara, y sentí que me temblaban las piernas.

—No pares —me dijo contra los labios.

No paré.

Marcos aceleró. Yo aceleré también. Nuria arqueó la espalda y buscó más de los dos al mismo tiempo. Sus dedos se clavaron en mis hombros.

Hubo un momento breve en el que los tres nos quedamos sin respirar.

***

El clímax llegó de manera escalonada, con esa sensación de inevitabilidad que tienes cuando ya no hay marcha atrás y tampoco quieres que la haya.

Marcos llegó primero, detrás de mí, con una sacudida lenta y profunda que me atravesó de una manera que no esperaba. Yo llegué segundos después, vaciándome dentro de Nuria, con las manos aferradas a sus caderas y los ojos cerrados.

Ella llegó la última. Apretó fuerte, de forma rítmica, y soltó ese sonido que sale desde el fondo del pecho y que es completamente distinto a cualquier otro que haga.

Nos quedamos los tres quietos unos segundos, jadeando despacio, sin separarnos todavía.

Después, poco a poco, todo se deshizo.

***

Marcos recogió su ropa del suelo sin apresurarse. Se vistió en silencio, se pasó una mano por el pelo, y antes de irse nos miró a los dos con una expresión tranquila, casi afectuosa.

No dijo nada. Solo asintió con la cabeza, una vez, y cerró la puerta con cuidado.

Nuria y yo nos quedamos solos.

Las sábanas estaban revueltas, la lámpara seguía encendida, y afuera la lluvia había parado sin que ninguno de los dos lo hubiera notado. Me giré hacia ella. Ella me miró.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Muy bien —dijo.

No era la respuesta de alguien que lo dice por cortesía. Era la respuesta de alguien que acaba de confirmar algo que ya sospechaba sobre sí misma.

Me acerqué y la abracé. Ella hundió la cabeza en mi cuello y suspiró lentamente, con esa calidad de suspiro que solo aparece cuando el cuerpo ha liberado toda la tensión que llevaba acumulada.

Apagué la lámpara. Nos quedamos en silencio.

Antes de quedarme dormido, con su respiración ya lenta y regular sobre mi pecho, pensé que hay cosas que no se pueden planear del todo aunque lo intentes. La noche había salido como queríamos, sí. Pero lo que quedaba en la habitación después de que Marcos se fue, eso no lo habíamos hablado de antemano. Era solo nuestro. Una parte de la noche que no le pertenecía a nadie más.

Nuria me buscó la mano en la oscuridad.

Yo la dejé encontrarla.

Y eso fue todo lo que necesitamos saber.

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3.8 (6)

Comentarios (9)

Gochita2022

Que relato!!! me dejo sin palabras, hace tiempo que no leia algo tan bien narrado

PacoLector

Por favor continuá, quedé con ganas de saber cómo siguio todo despues de esa noche. Se hace muy corto!!!

NocheDePlata

Esa tensión antes de que llegue él... uff. Se siente completamente real, muy bien contado

diana_78

Y después de esa noche, ¿volvieron a repetirlo? me quede con la duda jaja

Sole22

Increible de verdad. Seguí subiendo por favor

Romi_84

La parte de la puerta me puso nerviosisima, que momento tan intenso. Bravo

CuriosaLectora34

Me recordo algo que yo siempre quise vivir pero nunca me anime. Muy bien contado, gracias por compartirlo

LectoraEnSombras

De las mejores confesiones que lei aca. Se agradece la honestidad, no es facil contar algo tan personal

Mateo_Bn

jaja la tension del inicio es una locura, se sienten los nervios de los dos. Muy bueno

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