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Relatos Ardientes

Me arrodillé bajo su escritorio mientras él jugaba

Estoy desnuda en nuestra cama, mirando el techo, esperándolo. Llegará en una hora o quizá dos. La sábana se siente fría contra mi piel y mi mano sube por el costado del cuerpo casi sin pedirme permiso. Cuando él no está, mi cabeza se llena de él. De su voz, de sus manos, de su boca. Y de aquella noche que no me saco de la cabeza desde hace meses.

Estaba jugando con sus amigos. Uno de esos juegos de disparos en línea, con micrófono abierto y los gritos de los demás saliendo por los auriculares. Llevaba más de dos horas frente a la pantalla, desnudo después de la ducha, sentado en la silla del escritorio con un toallón a medio caer. Yo lo escuchaba desde el sillón, en bombacha y remerita, fingiendo leer.

Cada vez que él puteaba bajito al micrófono, yo levantaba la mirada. Cada vez que se reía, algo en mí se apretaba un poco. Llevaba tres días de viaje y era nuestra primera noche juntos en una semana. No iba a esperar a que terminara la partida.

Me saqué la remera primero. Después la bombacha. Me quedé solamente con la tanga negra que sé que le encanta. La que tiene una tira fina en la cadera y una transparencia atrás que en realidad no tapa nada.

Te voy a hacer perder.

Caminé descalza hasta detrás de la silla, sin que él me oyera. La cabeza la tenía pegada al monitor. Apoyé las manos en sus hombros, suaves, y antes de que pudiera reaccionar, le bajé las tetas contra la nuca. Sentí cómo se le tensó la espalda. Sentí también cómo se quedó mudo medio segundo y enseguida murmuró algo al micrófono para disimular.

—¿Estás bien, gato? —escuché a alguien preguntarle por los auriculares.

—Sí, sí, todo bien, sigan ustedes —contestó con un tono que casi no pude reconocer.

Empecé por el cuello. Lo besé despacio, mordiéndole apenas la piel debajo de la oreja, esa parte que sé que lo desarma. Él seguía moviendo el mouse, intentando apuntar, intentando no respirar fuerte. Sus dedos en el teclado vacilaron. Falló dos disparos seguidos.

—Concéntrate, capo —le dijo otra voz por el chat, y los dos nos reímos por dentro. Él, sin sonido. Yo, contra su piel.

Le mordí la oreja. Le pasé la lengua por el lóbulo. Bajé hasta el hombro y crucé hacia el pecho, rodeándolo por el costado. Cuando me asomé por debajo de su brazo derecho, el que sostenía el mouse, lo vi apretar la mandíbula. Tenía la mirada clavada en la pantalla y los labios apretados como si por nada del mundo fuera a abrirlos.

Aproveché el momento para arrodillarme.

***

El escritorio era angosto. Tuve que pedirle, en silencio, con un toque en la rodilla, que se corriera apenas hacia atrás. Él lo hizo sin pensarlo. Hay cosas que no se piensan: el cuerpo entiende antes que la cabeza.

Me metí entre la silla y el mueble. Quedé sentada en mis talones, con la cara a la altura de su panza. Le besé el ombligo. Le pasé la lengua por la línea de pelo que baja desde ahí. Él dejó escapar un suspiro y enseguida tosió fuerte para taparlo.

Su pija ya estaba semidura. Yo veía cómo iba creciendo contra su muslo a medida que avanzaba con la lengua. La agarré con una mano, suave, y levanté la mirada. Él tenía los ojos en el monitor, las cejas fruncidas, y un esfuerzo tremendo dibujado en la boca.

Sin avisar, me la metí entera.

Lo sentí estremecerse desde adentro. Una sacudida que le subió por las piernas, le pasó por la cintura y le llegó hasta los hombros. La mano izquierda voló al micrófono y lo silenció en el mismo instante en que dejaba escapar un gemido bajo, ronco, que solo escuché yo.

—Mierda —murmuró—, no podés.

—Sí puedo —le contesté con la boca llena, sabiendo que no me iba a entender pero igual.

Empecé despacio. Me importaba el ritmo. Quería que me sintiera crecer en mi boca, que percibiera cada milímetro, que se diera cuenta de que esto era una venganza por todos los días que había estado lejos. Él volvió a abrir el micrófono después de unos segundos, recompuesto a medias, y le dijo a sus amigos algo sobre cubrirlos por el flanco izquierdo.

Yo tragué la mitad y subí. Tragué la mitad y subí.

Lo escuché soltar un suspiro largo, demasiado largo, y enseguida fingir que era cansancio. El personaje del amigo necesitaba ayuda en alguna parte de la pantalla. Él se obligó a volver al juego. Sus dedos se aferraron al mouse con más fuerza de la necesaria.

Yo cambié de ritmo. Combiné estocadas profundas con succiones lentas en la punta. Babeé sobre su pija, dejé que la saliva le corriera por los huevos, lo miré desde abajo con esa mirada que él me reconoce siempre, esa mirada que dice quiero que me uses.

Sentí cómo el calor empezaba a bajarme. Cómo entre las piernas algo latía con cada estocada en mi garganta. Mi tanga ya no servía para nada. La aparté con dos dedos.

***

Me toqué.

Apenas un roce al principio, en círculos pequeños sobre el clítoris. Y mientras me tocaba, lo seguía chupando. Una mano firme en la base, la otra entre mis piernas. Sentí que se me empezaba a escapar un gemido y lo ahogué contra él. Mi gemido vibró contra su piel, contra el largo de su pija, y él volvió a apretar la mandíbula como si lo hubieran golpeado.

—Estoy yendo a curarte —dijo al micrófono con una voz que no era suya. Estaba quebrada por dentro y solo yo lo notaba.

Mis dedos se metieron en mí. Estaba mojada como hacía mucho no me acordaba. Una entrada, dos entradas, y de nuevo el clítoris en círculos. Aceleré el ritmo arriba para acompañar el de abajo. Mi cabeza subía y bajaba en su entrepierna, los ojos llorosos, la baba en la barbilla, mientras yo me corría contra mi propia mano sin pedir permiso.

El primer orgasmo me agarró sin aviso. Tuve que sacar la pija de mi boca para no morderlo. La apreté contra mi mejilla mientras las contracciones me sacudían entre las piernas. Mi cara contra su muslo, su mano libre que me bajó al pelo y me lo agarró fuerte. Él no sabía que me estaba viniendo. Para él era una pausa. Para mí era el primer pico de la noche.

Cuando volví a mirarlo, jadeando, él me miraba a mí. Había abandonado por un segundo la pantalla. Había micrófono silenciado, juego pausado, y dos ojos negros clavándome al piso.

—Seguí —me dijo bajito, en un tono que no tenía nada de suplicante—. No pares.

***

Volví a metérmela entera. Esta vez sin paciencia. Me importaba menos él y más yo, en ese momento extraño en que una mujer se da cuenta de que está chupando para correrse de nuevo. Aumenté la presión de la lengua en cada pasada. Apreté la base con la mano y empecé un vaivén sincronizado: la mano hacia abajo, mi boca hacia arriba; la mano hacia arriba, mi boca hacia abajo. Llenándolo de saliva, llenándome de saliva.

Él intentó volver al juego. Lo intentó de verdad. Murmuró una excusa rápida a sus amigos, algo como chicos, me llaman, vuelvo en cinco, y apagó el micrófono del todo.

Apenas se cortó esa última conexión con el afuera, sus dos manos se hundieron en mi pelo. Me agarró la cabeza con la firmeza justa, sin lastimar, pero sin dudas. Marcó el ritmo. Marcó la profundidad. Yo lo dejé. Lo dejé porque era lo que yo había venido a buscar desde el principio.

Mi propia mano no paraba abajo. Tenía dos dedos adentro y el pulgar girando sobre el clítoris. Mis piernas temblaban arrodilladas, los muslos se me apretaban entre sí, y cada empujón suyo en mi garganta era un latigazo de placer que me bajaba directo al centro.

Lo escuché gruñir. Un gruñido animal, que ya no podía contener. Y supe que estaba cerca.

—Voy a acabar —me avisó, agarrándome más fuerte el pelo.

Asentí con los ojos llenos de lágrimas. Él me clavó la cabeza una vez más, dos, tres, y al cuarto empuje soltó un grito gutural que seguro escuchó algún vecino. Sentí su pija engrosarse en mi boca y después la inundación caliente, espesa, contra el fondo de mi garganta.

Tragué lo que pude. El resto se me escapó por las comisuras y me bajó por el cuello, por las tetas, hasta el ombligo. Saqué la lengua para limpiarlo, lamiendo de abajo hacia arriba mientras él, todavía dentro de mí, se seguía estremeciendo.

***

Quedé sentada en el piso de madera, con las piernas abiertas, jadeando. Él seguía con los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás, una mano todavía enredada en mi pelo y la otra ya floja sobre el apoyabrazos. La pantalla del juego mostraba la pantalla de carga. Sus amigos seguían hablando por los auriculares y él no los escuchaba.

Yo no había terminado.

Llevé los dedos manchados de él a mi pezón, lo apreté fuerte. Con la otra mano volví entre mis piernas. Lo miré desde el piso. Le mostré cómo me tocaba. Le mostré cómo lo necesitaba todavía. Y él, cansado, sudado, derramado, no me sacó la mirada de encima ni un segundo mientras yo me venía por segunda vez contra mis propios dedos.

***

Y ahora, sola en la cama, esos recuerdos me arrastran a otro orgasmo más. Mis dedos repiten exactamente lo que hacían esa noche: dos adentro, el pulgar afuera, el ritmo errático, la cabeza en otro plano. Los gemidos se me escapan sin control, porque no hay vecinos que me importen y porque sé que él va a llegar y se va a dar cuenta. La sábana ya está húmeda debajo de mí. Hay una marca clara, oscura, que no voy a alcanzar a esconder. Tampoco quiero esconderla.

Una sonrisa traviesa se me dibuja en los labios. Me imagino su cara cuando entre por la puerta, cuando me encuentre desnuda, despeinada, todavía mojada, con los dedos pegajosos y la mirada perdida.

Me imagino lo que va a decir.

Y, si tengo suerte, lo que va a decidir hacerme por haber arruinado las sábanas otra vez.

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Comentarios (9)

ElCordobes99

jajaja el micrófono silenciado me mató!! eso fue lo mejor, tremendo final

Juli89

Por favor seguí escribiendo!! Me quede con ganas de saber si los amigos notaron algo jaja

Ricky_CBA

Me encanto como lo contaste, se siente completamente real. Ese tipo de momentos solo los que los vivieron entienden lo que cuestan jaja. Gracias por compartir!

SebaBsAs

increible, no lo pude soltar hasta el final. 10 puntos

Clara_Noche

La tension que fuiste construyendo esta muy lograda. Me tuvo pegada de principio a fin. Esperando mas confesiones tuyas!

Lucas1988

jajajaja estos gamers la tienen mas facil de lo que uno piensa

Nico_mdq

Muy bueno!! Me recordó a algo que pasó en casa una vez, no voy a entrar en detalles pero digamos que fue parecido jaja. De los mejores que lei ultimamente.

LectorNocturno99

Se nota que escribís desde la experiencia, eso se siente en cada linea. Seguí así!!

Paloma_sf

Que atrevida jaja me encanto que lo compartiste, hay que animarse mas a estos caprichos

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