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Relatos Ardientes

Mi mamá y yo compartimos al mismo hombre sin planearlo

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Mi mamá se tomó su tiempo en subir. Yo esperaba sentada en la cocina sin saber si esa noche me tocaría hacer las maletas para irme a casa de mi padre o llamar a alguna amiga para quedarme a dormir. Cuando al fin apareció, traía en la mano una botella de ron que había sacado del depósito de la cafetería. La botella ya iba por la mitad. Se sentó frente a mí y me llamó con un gesto para que me acercara.

Esperaba un reclamo. Un sermón. Algo de madre a hija. Pero lo que vino fue una disculpa. Hablaba como si fuera una amiga que le hubiera robado el chico a otra, no como la mujer que me dio la vida. No se disculpaba por haberse follado a Matías, sino por haberme ocultado que ella también se había encoñado de él.

Yo le había contado todo lo que sentía. Le había abierto el corazón semanas atrás. Y ella eligió callarse.

Le serví un vaso lleno de ron. Se lo tomó de un trago. Entonces empezó a hablar de verdad.

***

Hacía algunos meses, mi mamá había terminado con su novio de turno. Justo ese mismo fin de semana, Matías también había roto con mi hermano Lucas, que se negaba a que se la metiera por el culo por miedo al tamaño. Yo había salido esa noche, no recuerdo si con mis amigas o con mi ex. Al cierre de la cafetería, los dos se quedaron solos.

Empezaron a conversar como amigos. Se contaron sus problemas. Mi mamá abrió otra botella y ambos bebieron mientras hablaban de sus fracasos sentimentales. Ella le confesó que su ex no la hacía correrse ni una vez, que la dejaba siempre a medias con una polla chiquita que ni sentía. Él admitió que a él le pasaba lo contrario: que su verga era tan grande que espantaba a todos los que la veían. Se rieron de la ironía. Siguieron bebiendo.

La conversación subió de tono. Mi mamá, algo entonada, le preguntó directamente si nosotras le poníamos dura la polla. Dijo que ya había notado cómo nos miraba las tetas y el culo cuando andábamos con poca ropa por la casa. Matías, con el alcohol aflojándole la lengua, confesó que sí, que ambas le hacíamos correrse a solas cuando pensaba en nosotras, pero que prefería no meterse con ninguna porque las dos teníamos pareja.

Mi mamá fue la que dio el primer paso. Lo besó metiéndole la lengua hasta la garganta. Él no la rechazó.

Le serví otro vaso. Necesitaba que siguiera hablando.

Me contó que ahí mismo, en el pequeño sofá donde los clientes esperan sus pedidos, se dejaron llevar. Matías le abrió la blusa del uniforme de un tirón y le arrancó los botones. Le sacó el corpiño y se le prendió de los pezones como un ternero hambriento, mordiéndoselos con fuerza, chupándoselos hasta dejárselos rojos y erectos, mientras ella le clavaba las uñas en la nuca para que no parara. Después le bajó la falda y las bragas de un tirón, le abrió las piernas en el sofá y le hundió dos dedos en el coño de golpe, sacándolos y metiéndolos hasta que el chorro de flujo le corría por la muñeca. Mi mamá me confesó que en menos de un minuto ya se había corrido en los dedos de Matías, apretándole la mano entre los muslos, temblando como una perra en celo.

Aquí mi mamá quiso detenerse. Insistí. No paré hasta que continuó.

Me contó que después él se puso de pie frente a ella y se bajó los pantalones. Cuando le vio la verga, mi mamá casi se atraganta. Le contó que era la polla más gruesa y más larga que había visto en su vida, con las venas marcadas, la punta morada y goteando líquido preseminal. Instintivamente se inclinó hacia adelante, la agarró con las dos manos —porque con una no le abarcaba— y se la metió en la boca. Le chupó la punta primero, saboreándole el precum salado, y después trató de tragársela entera. Se atragantó a la mitad. Matías la sujetó del pelo y le fue metiendo la verga hasta el fondo de la garganta, sacándosela y volviéndosela a meter mientras a ella le caía la baba por el mentón y los ojos se le llenaban de lágrimas. Mi mamá me lo contó riendo, borracha, diciendo que nunca había mamado una polla así, que se la habría chupado toda la noche.

Pero Matías tenía otros planes. La tiró de espaldas contra el sofá, se acomodó entre sus piernas y frotó la cabeza de la polla contra su coño empapado, embadurnándose de flujo. Cuando terminó el juego previo, se la metió de golpe, hasta el fondo, sin darle tiempo a arrepentirse. Mi mamá casi grita. Nunca había tenido una verga tan grande partiéndole el coño en dos. Sintió cómo se le abría por dentro, cómo la polla le tocaba lugares que ninguno le había tocado nunca, cómo el vientre se le llenaba de carne caliente y palpitante.

Él no esperó. Empezó a follársela con fuerza, embistiéndola contra el respaldo del sofá, con un ritmo constante y brutal que le hacía rebotar las tetas contra la cara. Le agarró los pezones y se los pellizcó con crueldad mientras la penetraba, y mi mamá gritaba con cada envión, pidiéndole más, pidiéndole que se la rompiera. Se corrió dos veces mientras él la clavaba contra el sofá, chorreándole todo el pubis y los muslos. Después de casi una hora, cuando él ya no aguantaba más, la puso de rodillas frente a él, le agarró la cabeza con las dos manos y le descargó todo el semen entre las tetas y la boca. Mi mamá, casi hipnotizada, abría la boca y sacaba la lengua para recibir los chorros calientes de leche que le caían en la cara. Después se pasó los dedos por el pecho, recogió lo que le había quedado entre las tetas y se lo llevó a la boca, tragándoselo todo mientras lo miraba a los ojos.

Mi mamá me confesó que nunca le había gustado eso de que le acabaran en la boca. Pero con Matías fue diferente. Ella misma le pidió que le acabara en la cara.

***

Después de esa noche, empezaron a verse a escondidas. Matías esperaba a que yo saliera al instituto para meterse en el cuarto de mi mamá y follársela dos o tres veces seguidas antes del mediodía. Cuando volvía por la tarde, ambos se escapaban a la bodega de la cafetería para un polvo rápido contra las cajas de mercadería antes de abrir. Ella se subía las faldas, se corría las bragas a un lado, y él se la metía parada, tapándole la boca con la mano para que los clientes de afuera no oyeran los gemidos. En las noches, se escabullían al tercer piso para follar sin miedo a que los descubriera.

Le pregunté si se había cuidado. Me dijo que no podía comprar anticonceptivos porque temía que yo los encontrara y sospechara. Siempre intentaban que él terminara fuera, acabándole en las tetas, en la cara, en el culo, o en la boca. La única vez que no lo hizo, que se corrió dentro de su coño llenándola de leche, fue el día en que los descubrí.

Esa mañana, cuando yo los encontré juntos, ella quiso bajar a explicarme todo. Pero Matías no la dejó. La situación lo había puesto durísimo, con la polla marcada bajo la sábana. Apenas salí del cuarto, la agarró por las caderas, la puso en cuatro sobre la cama y se la metió por detrás de una sola embestida. Ella forcejeó un poco, todavía llorando por lo que había visto en mi cara, pero en cuanto sintió la verga entrándole hasta el fondo del coño, las fuerzas se le fueron. Me confesó que en tres minutos ya se estaba corriendo, apretando la polla de Matías con el coño mientras él le tironeaba del pelo y le daba nalgadas hasta dejarle las nalgas rojas.

Después vino algo que mi mamá me confesó con vergüenza. Mientras la tomaba por detrás, él empezó a acariciarle el orto con el pulgar mojado en saliva y flujo, donde nunca nadie la había tocado. Mi mamá todavía era virgen del culo. Al principio pensó que solo jugaba. Le metió la punta del dedo y se lo movió en círculos. La sensación era incómoda pero le mandaba corrientes por toda la espalda. Después le metió el dedo entero y lo movió al ritmo de las embestidas del coño. Mi mamá me juró que se corrió otra vez con el dedo adentro. Hasta que sintió cómo él se le acomodaba, se sacaba la polla del coño y le apoyaba la cabeza en el ojete, empujando con fuerza para tratar de entrarle por el culo. El dolor fue tan intenso que empezó a patalear y a suplicarle que parara, que ahí no, que la iba a romper. Luchó con todo lo que tenía. Y esa vez ganó ella. Pero Matías no quedó satisfecho. La volteó boca arriba, le abrió las piernas hasta atrás y le clavó la polla de nuevo en el coño con furia, follándosela como un animal, descargando toda su frustración a golpes de cadera. Le agarró el cuello con una mano y las tetas con la otra, y le vació todo el semen adentro contra su voluntad, corriéndose durante lo que a ella le parecieron minutos, llenándole el vientre de leche caliente.

Esa fue toda la confesión que le saqué a mi mamá esa noche.

***

Entonces le pregunté qué quería hacer. Me respondió que no podía negarse cuando él la buscaba. Que nunca había estado con una polla tan grande, con un hombre tan dominante, tan bruto en la cama. Que su coño ya no podía estar sin esa verga adentro. Le pregunté si estaba enamorada. Me dijo que no. Que lo suyo era solo follar.

No sé qué tenía en la cabeza en ese momento, pero algo travieso se despertó en mí. La tomé de las manos y le confesé que yo sí estaba enamorada de Matías. Que no quería renunciar a él, pero que tampoco quería que ella se hiciera a un lado si solo era polla. Le propuse que dejáramos que él decidiera: una de las dos, o las dos.

Mi mamá dudó bastante. Pero la llevé, medio tambaleándose, hasta la habitación de Matías. Él estaba viendo la televisión con la mano metida dentro del pantalón, esperando a saber cómo había terminado nuestra conversación.

Cuando nos vio paradas en la puerta, se quedó inmóvil. Yo entré primero, apagué el televisor y me acerqué gateando por la cama. Le susurré al oído que estábamos ahí porque queríamos saber con cuál de las dos quería follar. Le di un beso suave, le metí la lengua en la boca y empecé a desabrocharle el pantalón. Se la saqué. Con la mano se la trabajé despacio, mirándola crecer hasta la punta morada, y le solté un escupitajo en la cabeza para deslizar mejor la mano.

Mi mamá seguía en la puerta, sin moverse, observando cómo yo le hacía una paja lenta a Matías. Cuando me incliné y me metí la polla entera en la boca, tragándomela hasta la garganta, mi madre finalmente se acercó. Tardó un momento, pero al final se arrodilló junto a mí en el borde de la cama. Mientras yo me sacaba la ropa, ella agarró la verga con las dos manos y la empezó a chupar por un lado mientras yo la chupaba por el otro. Nos íbamos turnando la punta, lamiéndosela juntas, chocándose nuestras lenguas alrededor del glande. Matías gemía como un poseído, con las dos manos, una en la cabeza de cada una, guiándonos.

Esa fue la primera noche que compartimos cama los tres.

***

Matías fue metódico, casi caballeroso a su manera. Primero me besó a mí con la boca todavía llena del sabor de nuestras salivas, luego a ella, como pidiendo permiso. Me tiró de espaldas sobre la cama, me abrió las piernas y me hundió la lengua en el coño hasta hacerme correr en menos de dos minutos, con mi mamá mirando todo desde el costado. Después se acomodó sobre mí y me hizo suya, metiéndomela despacio, dejándome sentir cada centímetro de esa polla enorme abriéndome por dentro. Mi mamá nos observaba mordiéndose el labio, con una mano entre las piernas, tocándose el coño mientras él se movía dentro de mí. Después ella se inclinó sobre mis pechos y empezó a mamarme los pezones, a mordérmelos y tironear con los dientes, sacándome un chillido que la hizo reír.

—Eres igual que yo —me dijo entre risas, con el pezón todavía entre los labios—. Las tetas son tu punto débil.

El ataque de ambos lados me tenía al borde. Matías bombeando sin descanso, hundiéndome la verga hasta el útero con cada embestida, mi mamá torturándome los pezones con mordiscos y pellizcos, chupándomelos alternadamente, escupiéndome encima y volviendo a mamarlos. Terminé varias veces seguidas, una detrás de otra, chorreando en la polla de Matías, empapando la sábana, temblando descontrolada mientras mi madre me metía la lengua en la boca y me tragaba los gemidos, hasta que él anunció que estaba a punto de acabar. Crucé mis piernas detrás de su espalda para que no pudiera salir, apretándole las nalgas con los talones.

Sentí cada pulso caliente de semen adentro de mí, chorro tras chorro llenándome el coño, tantos que sentí cómo empezaba a desbordarme y a chorrear por debajo. Cuando se retiró, la verga le salió cubierta de leche y flujo mío, y mi mamá se adelantó como una lechuza sobre la presa y se la metió en la boca, limpiándosela con la lengua, tragándose cada gota, chupándole hasta la última gota que yo había ordeñado antes de que yo pudiera reaccionar. Eso me molestó. Primero me había maltratado las tetas a su antojo y ahora se tomaba la leche que yo había sacado. Era mi turno de cobrarme la revancha.

***

Matías tuvo la idea de que mi mamá se acostara encima de mí, tetas contra tetas, coño contra coño, con nuestros cuerpos frotándose. Él quería tomarla por detrás, metérsela en el coño mientras nosotras nos besábamos. Empezamos así: ella encima, restregándome sus tetas grandes contra las mías, mordiéndome el cuello, mientras Matías la penetraba a ella por detrás y con cada embestida la empujaba contra mí. Sentía la polla entrando y saliendo del coño de mi madre a través de nuestros vientres pegados. Pero yo tuve una idea mejor. Metí una mano entre nuestros cuerpos y le agarré las nalgas de mi mamá, se las abrí bien, y con la otra mano le hice a Matías la señal de que subiera. Le abrí el ojete con los dedos para que él viera exactamente lo que le estaba proponiendo.

Cuando mi mamá sintió la presión de la punta de la polla en el lugar equivocado, sobre el orto todavía virgen, intentó escapar. Trató de zafarse hacia adelante. Pero yo crucé mis piernas con las suyas y la abracé con fuerza, inmovilizándola contra mi cuerpo, y le agarré la nuca para que no pudiera girar la cara. Tenía su cara pegada a la mía, su boca sobre la mía. Podía ver el miedo y la rabia en sus ojos mientras Matías se escupía en la mano, se embadurnaba la polla de saliva y del semen que todavía le chorreaba a ella del coño, y empezaba a empujar contra su culo virgen.

El forcejeo fue largo. Me costó mucho trabajo someterla. Ella gritaba contra mi boca, me mordía los labios, me pedía por favor que la soltara, que se le iba a partir el culo. Pero yo la sostuve firme, susurrándole al oído que se relajara, que aguantara, que era lo mismo que ella me había hecho a mí con las tetas. Al final vi cómo abrió los ojos de golpe, dilatados por el shock, y soltó un grito de dolor que me retumbó en la cabeza. Matías había logrado meterle la cabeza de la polla en el culo. Una vez superado el anillo, empujó lento pero constante, centímetro a centímetro, hasta hundirle la verga entera hasta las bolas en el ojete. Mi mamá temblaba como una hoja, chorreando lágrimas sobre mi cara, y me maldecía en susurros por haberla entregado, jurando que me iba a hacer lo mismo cuando pudiera.

Fueron varios minutos de agonía hasta que pudo acostumbrarse al tamaño. Cuando Matías empezó a moverse con más fuerza, sacándosela hasta la punta y volviéndosela a meter entera, yo sentía cada embestida como si nos empujara a las dos contra la cabecera. La verga entrándole en el culo hacía que el hueso púbico de mi mamá se restregara contra mi clítoris con cada golpe, y sin quererlo empecé a correrme yo también, gimiendo en su boca mientras ella gritaba de dolor. Poco a poco los gritos se fueron mezclando con gemidos. Se le empezó a mojar el coño de nuevo, y yo lo sentía chorrear contra mi vientre. No sé cuánto tiempo pasó, pero pareció una eternidad hasta que él terminó, hundiéndose entero, aplastándonos a ambas contra el colchón mientras le vaciaba todo el semen dentro del culo. Cuando se retiró, mi mamá quedó destrozada encima de mí, con el ojete abierto y chorreando leche sobre mi vientre.

***

Dejamos que mi mamá descansara. Matías y yo nos fuimos a mi cuarto, donde me hizo suya una vez más antes de que nos durmiéramos. Me la metió por detrás, en el coño, agarrándome del pelo, follándome despacio esta vez, susurrándome al oído que era su preferida, que yo era la que él quería, y me llenó el coño de leche antes de que nos quedáramos abrazados. Cuando desperté a la mañana siguiente, él no estaba. Lo encontré en la habitación de mi mamá, con la polla dura, besándole el cuello y jugándole con los pezones mientras ella recién despertaba.

Pensé que se levantaría furiosa por lo del culo. Pero sonrió con los ojos entrecerrados y le preguntó en tono meloso si había venido a darle los buenos días o algo más. Él le respondió agarrándole la mano y llevándosela a la verga. Insistió en repetir lo de la noche anterior, en volver a metérsela por el culo. Ella se negó, todavía dolorida, pero le abrió las piernas y le ofreció el coño. Él siguió insistiendo con lo otro, entre besos y mordiscos en el cuello.

No hacía falta que me quedara para saber cómo terminaba eso. Me fui a preparar el desayuno. A los pocos minutos escuché un quejido largo, agudo, seguido de súplicas y después de una serie de gemidos entrecortados al ritmo de los golpes de la cama contra la pared.

Cuando el desayuno estuvo listo, volví al cuarto. Matías tenía a mi mamá boca abajo, con la almohada mordida entre los dientes para no gritar, mientras él le arremetía sin piedad, esta vez sí, por el culo. Tenía una mano hundida en su nuca, aplastándole la cara contra la almohada, y con la otra le agarraba una nalga, abriéndosela para meterle la polla entera. Los ruidos húmedos de la penetración se mezclaban con los quejidos ahogados de mi madre. Les avisé que estaba servido. Matías terminó poco después, hundiéndose entero, vaciándole otra carga de leche en el ojete, y salió con la polla goteando semen y algún resto que prefiero no describir.

En la cocina, cuando mi mamá se sentó, hizo una mueca de dolor que me arrancó una risa. Ella me miró seria, con el pelo revuelto y las mejillas rojas, y me dijo que cuando me tocara a mí que él me la metiera por el culo, ya veríamos si seguía riéndome.

***

Los tres desayunamos juntos como si fuéramos una familia normal. Hablamos de los estudios, de la cafetería, de cualquier cosa con tal de postergar la conversación incómoda. Pero cuando se acabaron las excusas, tuvimos que enfrentarla.

Yo estaba enamorada de Matías. Él me quería a mí, pero admitió que había empezado a sentir algo por mi mamá, más allá del sexo. Ella nos confesó que seguía queriendo a su ex novio. Que lo de Matías empezó por debilidad, por curiosidad por esa polla enorme, que no estaba enamorada, pero que tampoco quería renunciar a la manera en que Matías la partía por la mitad.

Le preguntó a Matías si aceptaría una relación solo de follar sabiendo que ella tenía a otra persona. Él dijo que sí. Me preguntó a mí si me molestaría compartir a mi novio y su verga. Le dije que no.

Oficialmente, Matías y yo nos volvimos pareja. Una relación abierta en la que mi mamá participaba cuando quería.

***

Las semanas siguientes fueron un torbellino. Matías nos buscaba a cualquier hora, sin aviso, sin vergüenza. Me despertaba a la madrugada metiéndome la lengua en el coño, se aparecía en la cocina y me follaba parada contra la mesada, me esperaba en el baño para meterme la polla mientras yo me lavaba los dientes. A veces dormía conmigo, a veces con ella. De vez en cuando, los tres juntos: mi mamá y yo chupándosela entre las dos, o él follándose a una mientras la otra le lamía las bolas.

Mi mamá volvió con su ex y se la veía genuinamente feliz con él. Era un buen tipo. Nos caía bien. En broma le dijimos que lo invitara a pasar la noche con nosotros, que se la metiera él por adelante mientras Matías se la metía por el culo. Ella se enojó y dijo que ni en sueños.

Ambas empezamos a tomar anticonceptivos para evitar sorpresas, así Matías podía acabarnos adentro sin cuidarse. Aunque yo ya había hecho planes secretos para dejar de tomarlas y que él me embarazara en cuanto terminara los estudios.

Dos meses después llegó mi turno de enfrentar lo mismo que mi mamá. Me preparé en secreto: compré un dilatador anal cada vez más grueso, y cremas relajantes que me juraron que servían. Me lo metía todos los días, sola en el baño con la puerta cerrada, forzándomelo hasta el fondo, aguantando el ardor, sin que nadie lo notara. Cuando llegó la noche, le pedí a mi mamá que saliera con su novio. Tenía vergüenza de que me viera gritar como ella había gritado.

Matías fue paciente al principio. Me besó de arriba a abajo, me chupó los pezones despacio, me mordió los muslos y me devoró el coño, hundiéndome la lengua bien adentro, haciéndome correr dos veces con la boca. Después me lamió el ojete, me lo humedeció bien con la lengua y me metió un dedo, después dos, abriéndome de a poco, preparándome hasta que sentí que estaba lista. Pero cuando puso la cabeza de la verga en la entrada y empezó a empujar, el dolor fue tan horrible que quise salir corriendo. Ni las cremas ni el dilatador habían sido suficientes para una polla como la suya.

Él insistió con paciencia durante un buen rato, presionando de a poco, retirándose y volviendo a intentarlo con más lubricante, hasta que en un instante en que me relajé, aprovechó, me sujetó las caderas con las dos manos y entró de golpe, metiendo la polla entera hasta las bolas. El dolor me superó. Sentí como si me clavaran un fierro caliente adentro. Me desvanecí por unos segundos. Cuando recuperé la conciencia, él ya se estaba moviendo, con la verga entera enterrada en mi culo, sacándomela hasta la punta y volviéndomela a hundir hasta el fondo. Sentía dolor y placer mezclados en partes iguales, una sensación que me subía por la espina como electricidad. No podía hablar. Solo sentía cómo esa polla enorme me abría por dentro.

Le supliqué que fuera despacio. Él se disculpó, me dijo que me quería, y entonces empujó hasta el fondo de golpe, con más fuerza que antes, arrancándome un grito.

La sensación fue tan intensa que me quedé paralizada. Después empezó a follarme el culo con fuerza, sujetándome de las caderas, dándome nalgadas que me dejaban las marcas de sus dedos. Yo lloraba con la cara contra la almohada, pero estaba completamente sometida, con la polla enterrada hasta el fondo del orto. Me metió la mano por debajo y me empezó a frotar el clítoris al ritmo de las embestidas, y no sé en qué momento el dolor dejó de ser dolor y empecé a mover mis caderas hacia atrás para recibirlo entero, empalándome sola en su verga. Mi primer orgasmo así me tomó completamente por sorpresa. Nunca pensé que fuera posible correrse con una polla adentro del culo. Pero ahí estaba, gimiendo como una perra, apretándole la verga con el ojete, chorreando por el coño mientras él seguía sin detenerse.

Me hizo cambiar de posición, me puso boca arriba con las piernas sobre sus hombros y me miró a los ojos mientras me volvía a meter la polla en el culo. Así me sacó otros dos orgasmos, mordiéndome los pezones, escupiéndome en la boca. Terminó dentro de mí, vaciándome toda la leche adentro del ojete, apretándome tanto las caderas que al día siguiente todavía tenía las marcas.

***

A la mañana siguiente me desperté sola en la cama, con el culo ardiendo y la sensación de que todavía me chorreaba semen por dentro. No hacía falta mucha imaginación para saber dónde estaba Matías. Caminé con cuidado, con las piernas separadas, hasta el cuarto de mi mamá y lo encontré dándole los buenos días a su manera. Ella estaba en cuatro con él detrás, la polla enterrada hasta el fondo del coño esta vez, moviéndose sin piedad, agarrándola de la cintura y clavándola contra su pelvis con cada embestida. Le rebotaban las tetas contra el colchón, y ella gemía con la cara apoyada en la almohada.

Entré como si fuera lo más natural del mundo. Me acerqué, me subí a la cama, lo besé sin sacarle la verga a mi madre, le pregunté cómo había dormido, y me fui a preparar el desayuno mientras de fondo se escuchaban los gemidos de mi madre acompasados con el chapoteo de la polla entrando y saliendo de su coño.

Cuando mi mamá llegó a la cocina, me vio caminar con dificultad y me dio una palmada en el trasero que me hizo saltar y soltar un quejido.

—Ahora estamos a mano —dijo con una sonrisa.

***

Las semanas pasaron volando. El sexo era increíble, todos los días, en todas las posiciones, en todos los agujeros. Matías fue entrenando mi cuerpo poco a poco, sobre todo el culo, hasta que lo que antes era doloroso se convirtió en una parte más de la rutina. Podía metérmela por el ojete sin apenas preparación, y yo me corría igual o más que por el coño.

Entonces pasó lo inesperado. El periodo de mi mamá no llegó. El mío tampoco. Ella se hizo un test: positivo. Yo me hice otro: también positivo. Revisamos el paquete de anticonceptivos que habíamos abierto un mes antes. La fecha de caducidad había pasado.

Yo tenía certeza de que mi bebé era de Matías. Era el único hombre con el que había estado, la única polla que había entrado en mi coño. Mi mamá, en cambio, se cogía a su novio y a Matías casi con la misma frecuencia. Cuando comprobó las fechas, coincidían tanto con él como con Matías. Sin dudarlo mucho, decidió que el padre era su novio. No quiso discutir. Matías y yo lo entendimos.

Su novio nos invitó a cenar para darnos la noticia del embarazo y de la boda. Nosotros fingimos sorpresa y aprovechamos para anunciar lo nuestro. Se alegró por todos.

Mi mamá tuvo una niña hermosa, de piel morena y pelo negro. Una copia de ella misma. Hasta hoy sigo sin tener certeza de quién es el verdadero padre. Yo tuve un varón que se convirtió en la alegría de los padres de Matías.

***

Han pasado algunos años. De vez en cuando todavía dejo que mi esposo visite a mi mamá para un buen polvo. Nunca más hemos vuelto a compartir cama los tres. Pero últimamente el marido de mi mamá le ha estado diciendo que quiere otro hijo. Y yo no pienso permitir que Matías le llene el coño de leche a mi madre y le haga otro bebé antes que a mí.

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4.7(31)

Comentarios(10)

MiriamV_ok

increible!!! no me lo esperaba para nada, me dejo con la boca abierta

NandoPlaya

Por favor necesito saber como siguio esto, una segunda parte ya!!!

Silvina_BA

Dios que situacion tan complicada... lo contaste muy bien, se siente real. Gracias por animarte a compartirlo

Rosana_cba

¿y como quedo la relacion con ella despues de todo? eso es lo que mas me intriga

lino40

Me enganche desde la primera linea, es de los mejores que lei en este sitio. Muy bueno

pedro_nocturno

jajaja la vida siempre te sorprende... tremendo relato, sigue escribiendo!

Sandra_Mdq

Que mezcla de emociones, no sabia bien como sentirme mientras lo leia. Me gusto mucho como lo narraste, muy honesto

Enrique77

Esperando la continuacion ansioso, esto no puede quedar aca

TomasLector

muy bueno. Gracias por compartirlo

DulceJulieta

Me recordo a una situacion complicada que vivi yo tambien, aunque no tan intensa jeje. Excelente forma de contarlo

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