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Relatos Ardientes

Mis fantasías que nunca le he contado a nadie

Hace tiempo que quería escribir esto. No como un diario, sino como una confesión de verdad, de las que dan vergüenza decir en voz alta pero que uno carga en la cabeza todo el tiempo.

Tengo veintiocho años. Sé lo que implica esa cifra en el imaginario colectivo: una mujer que ya debería tenerlo todo resuelto, que debería conocerse de memoria, que no debería sorprenderse con sus propios deseos. Pero la verdad es que a los veintiocho todavía descubro cosas sobre mí misma que no sabía que estaban ahí. Todavía me encuentro con las bragas empapadas en el momento menos esperado, todavía me sorprendo con la cantidad de veces que puedo correrme en una misma noche cuando estoy sola y nadie me apura.

No voy a hablar demasiado de mi vida personal. Solo lo suficiente para que se entienda el contexto. He tenido períodos complicados en los últimos años, de esos en los que uno se levanta sin ganas de nada y se acuesta con la sensación de que el día no sirvió para nada. Períodos en los que la única constante fue el cajón del lado izquierdo de mi cama, con sus tres o cuatro compañeros de silicona que nunca me fallaron.

Eso también es una confesión. Que hubo semanas en que me corrí más veces con mis juguetes que palabras dije en voz alta. Que hubo noches en que me metí dos dedos en el coño y el vibrador en el clítoris al mismo tiempo, sola en el silencio del departamento, y me mordí la almohada para no despertar a los vecinos.

Pero últimamente he estado más activa, más presente en mi propio cuerpo, con más ganas de explorar. Y eso me llevó a hacer algo que nunca había hecho: sentarme a escribir en orden todo lo que quiero experimentar. Todas las fantasías que tengo guardadas y que rara vez comparto con nadie.

Esta es esa lista.

***

La primera fantasía es la que más me cuesta admitir en voz alta, aunque en la cabeza la tengo clarísima: el transporte público.

No sé cuándo empezó exactamente. Tal vez una tarde de hace años, apretujada en el metro en hora pico, cuando sentí el calor del cuerpo de alguien detrás de mí y mi mente fue directo a un lugar que no tenía nada de inocente. Era un desconocido. Olía a algo limpio y fresco. No llegué a verle la cara. Pero sentí clarísimo el bulto de su polla contra mi culo, separado apenas por la tela de mi pantalón y la de su vaquero, y en lugar de moverme me quedé quieta con el corazón golpeándome entre las piernas.

Desde entonces tengo esa imagen recurrente: ir de pie en un vagón lleno, rodeada de gente que mira el teléfono o finge mirar por la ventana, y que alguien —nadie en particular, un personaje que cambia cada vez— se acerque lo suficiente como para que la situación sea completamente posible y completamente prohibida al mismo tiempo.

Me imagino la textura fría del pasamanos bajo la palma. El ruido del vagón. La vibración constante del suelo. Y esa mano que no debería estar donde está, subiéndome despacio por debajo de la falda, encontrando el elástico de la tanga, apartándola de un tirón suave. Un dedo que se abre paso entre los labios de mi coño y descubre que estoy chorreando desde antes de que empezara a tocarme. Dos dedos que entran hasta el fondo mientras yo aprieto los dientes y respiro por la nariz para que la mujer que va sentada enfrente no note nada. El pulgar frotándome el clítoris con una precisión de desconocido que sabe exactamente lo que hace, y yo corriéndome apretada contra el pasamanos, mordiéndome el interior de la mejilla para no gemir, sintiendo cómo se me escapa un chorro de flujo por los muslos mientras el vagón frena en la próxima estación y él saca la mano y baja como si nada.

Lo que me excita de esa fantasía no es la falta de control. Es exactamente lo contrario: la elección. La decisión consciente de dejar que suceda. De abrir un poco más las piernas en lugar de cerrarlas.

***

Otra fantasía tiene que ver con el tamaño. Lo voy a decir sin rodeos porque no tiene sentido darle vueltas.

He tenido relaciones con varios hombres. Ninguno fue exactamente una decepción, pero siempre quedé con la pregunta. Con esa curiosidad sobre si la diferencia física produce una diferencia real en la experiencia o si es simplemente un mito que el porno se encargó de instalar en la cabeza de toda una generación.

Quiero saberlo. Quiero sentirlo una vez y que la pregunta se quede quieta. Quiero una polla que me obligue a abrir la boca del todo para poder metérmela, que se me atragante cuando intente chuparla hasta la base, que me haga escupir saliva por las comisuras mientras la lengo hasta la garganta. Y después quiero que me la meta despacio, centímetro a centímetro, y que yo sienta cómo se me acomoda por dentro, cómo me estira, cómo me llega a un lugar donde nunca me llegó nadie. Quiero terminar con las piernas temblando, con el coño ardiendo, con la marca real de haber sido follada por algo que no me entraba entero.

***

Hay una fantasía que me parece más íntima que las anteriores, aunque en apariencia suene más sencilla. Que alguien me bese los senos el tiempo suficiente como para llevarme al orgasmo solo con eso. Sin que pase a otra cosa, sin apuros, sin el impulso constante de avanzar hacia el siguiente paso.

La he buscado. No he tenido suerte.

No es que mis parejas no hayan prestado atención a esa parte de mi cuerpo. El problema es que siempre lo hacen como un trámite previo, como un paso obligatorio antes de continuar con lo que consideran el tema principal. Dos o tres minutos y ya se pasa a otra cosa.

Yo quiero que alguien se quede. Que decida que eso es el destino y no el trayecto. Que me chupe los pezones hasta ponérmelos duros como piedras, que los muerda con la fuerza justa para que yo arquee la espalda y jadee sin darme cuenta. Que se los meta enteros en la boca, uno y después el otro, que me los lama en círculos lentos hasta que yo sienta que la humedad se me acumula entre las piernas sin que nadie me haya tocado ahí. Que se tome el tiempo de aprender qué presión, qué ritmo, qué temperatura. Que entienda que si me presta la atención correcta en ese lugar, no necesita hacer nada más para que el resultado sea exactamente el que busca: yo corriéndome con las tetas al aire, con los pezones enrojecidos por su boca, sin que su mano haya bajado ni una vez a mi coño.

***

El squirt es otra obsesión de la lista. Llevo años persiguiéndolo.

He visto videos, leído artículos, escuchado a amigas describirlo con gestos en la cara que mezclan el escándalo y la nostalgia en proporciones iguales. Dicen que el cuerpo toma el control completamente, que uno deja de pensar, que hay un momento en que el cerebro simplemente se apaga y lo que queda es solo sensación pura y sin nombre. Que la cama queda empapada, que las sábanas hay que cambiarlas, que uno se queda tirada boca arriba con los muslos brillando y sin poder cerrar las piernas porque los músculos ya no responden.

Lo quiero.

Sé que depende de la estimulación correcta, del ángulo correcto, de cierta relajación que no siempre consigo porque en el momento preciso mi cabeza decide ponerse a procesar pendientes del día. Pero sigo intentándolo. Con mis juguetes, en las posiciones que dicen que funcionan, curvando los dedos hacia adelante buscando ese punto rugoso que dicen que está a un par de centímetros de la entrada. A veces siento que estoy cerca, que hay una presión que va creciendo, que el coño se me contrae de una manera distinta a la del orgasmo normal, pero justo cuando parece que va a pasar algo mi cabeza se cierra y el momento se me escapa entre los dedos.

Todavía no ha pasado. Pero cuando pase, lo voy a saber. Y quiero que sea con alguien encima, follándome con paciencia y con método, alguien que no se asuste cuando sienta el primer chorro y que siga hasta que yo esté completamente vacía.

***

El sexo oral es un capítulo aparte en esta lista.

Nadie me lo ha hecho bien. Lo digo con toda la calma del mundo y sin necesidad de señalar a nadie, porque estoy bastante segura de que no es un problema de mi cuerpo. He tenido parejas que lo intentaron con buena voluntad pero sin orientación. Parejas que lo tratan como un favor que conceden y no como algo que podrían aprender a hacer bien, o incluso disfrutar. Parejas que van directo al clítoris con la lengua tiesa y lo atacan como si fuera un botón que hay que apretar hasta que suene la alarma.

El resultado: no siento nada. O peor, siento una incomodidad vaga, como cuando alguien te toca repetidamente en el lugar equivocado y uno no encuentra la manera de decir para.

Quiero que alguien me lo haga bien de verdad. Que me abra las piernas despacio y se tome un segundo para mirar. Que empiece besándome el interior de los muslos, subiendo con la boca hasta la ingle sin tocar el coño todavía, hasta que yo esté pidiéndoselo con las caderas. Que me lama de abajo hacia arriba con la lengua plana, entera, desde el perineo hasta el clítoris en un solo movimiento largo, y que repita eso hasta que yo esté empapando su barbilla. Que me chupe los labios, uno por uno, que me meta la lengua en el coño y la mueva en círculos por dentro, que después vuelva al clítoris y lo trabaje con la punta suave, en el ritmo que yo le marque con las caderas. Que escuche las señales. Que me meta dos dedos y los curve hacia arriba mientras me sigue lamiendo, que sienta cómo me contraigo y no cambie el ritmo justo antes de que me corra en su boca. Que se quede ahí después, lamiendo despacio mientras yo tiemblo, sin sacar la lengua, aprovechando el momento en que el cuerpo pide un poco más aunque el cerebro diga basta.

***

El anal es una historia diferente.

Llevo un tiempo explorando esa posibilidad en solitario. Con los juguetes adecuados, con mucho cuidado, y he descubierto que la sensación me gusta más de lo que esperaba. He empezado con plugs pequeños, dejándomelos puestos mientras me masturbaba con el vibrador en el clítoris, y descubrí que correrme con el culo lleno es un tipo de orgasmo distinto: más profundo, más largo, con contracciones que se sienten por todas partes al mismo tiempo. Después subí de tamaño, con lubricante en cantidad, respirando hondo mientras el juguete se iba abriendo paso, y me sorprendió lo mucho que me gustó la sensación de estar llena por los dos lados a la vez.

El problema es logístico: el lubricante adecuado, el tiempo necesario, la paciencia de no tener prisa.

No siempre cumplo esas condiciones. A veces la impaciencia llega antes que el criterio. Lo sé y lo acepto, aunque también sé que no es lo ideal.

Con una pareja todavía no lo he intentado, y no es porque no quiera. Es porque requiere el nivel correcto de confianza y la persona correcta. Alguien que no lo trate como una conquista sino como algo que exploramos juntos, con cuidado y atención recíproca, sin apuros y sin ego de por medio. Alguien que se tome el tiempo de prepararme, que me llene primero de lubricante, que me meta un dedo, después dos, que me abra despacio con la boca en el coño para que la mezcla de sensaciones me haga aflojar todo. Y que después, cuando yo esté lista, me la meta centímetro a centímetro, esperando cada vez que le pida una pausa, hasta que esté entera adentro y podamos empezar a movernos juntos.

***

Los juguetes forman parte de mi vida cotidiana desde hace años. No de manera triste, como si fueran un sustituto de algo que falta, sino de manera práctica y sin drama. Los tengo, los uso, me hacen bien. Tengo un vibrador de succión que me hace correrme en menos de cinco minutos cuando no tengo tiempo, un consolador con base curva para los días en que quiero algo más profundo, y un par de plugs para cuando quiero jugar con el culo.

Lo que me frustra es que varios hombres con los que he salido se ponen incómodos cuando los ven. Como si su presencia fuera un comentario implícito sobre su desempeño, cuando en realidad no tiene nada que ver con eso.

He tenido que guardarlos antes de que alguien llegara porque sabía que si los veía, la noche iba a tomar un giro innecesariamente complicado. Como si admitir que me masturbo sola fuera una especie de amenaza.

Quiero una pareja que no solo los tolere sino que quiera incorporarlos. Que me pida ver cómo los uso, que se siente en el borde de la cama y me mire mientras me abro de piernas y me meto el consolador hasta el fondo, que se toque la polla mientras yo me hago venir para él. Que después me arranque el juguete de las manos y me lo use él mismo, moviéndomelo mientras me chupa el clítoris. Que me ponga el plug en el culo antes de follarme por el coño, para que yo sienta las dos cosas a la vez. Que entienda que no estoy reemplazando nada, que estoy sumando.

***

Los tríos están en la lista en dos versiones posibles.

La primera: dos hombres y yo. Me imagino la dinámica de atención doble y simultánea, la sensación de estar completamente presente en todos los sentidos al mismo tiempo. Uno debajo, con su polla dentro de mí, moviéndome despacio de arriba abajo mientras el otro se me para al lado de la cara y me mete la suya en la boca. Cuatro manos recorriéndome el cuerpo al mismo tiempo, dos bocas alternándose en mis pezones, y yo en el medio sin saber a dónde mirar ni con qué agujero concentrarme. Que se turnen. Que uno me folle mientras el otro me lame el clítoris. Que después cambien de lugar sin decir palabra, con la sincronía de dos que saben lo que hacen. Que terminen los dos encima de mí, uno corriéndose en mi boca y el otro en mis tetas, y yo tragando lo que uno me da mientras el otro me pinta el pecho de semen caliente.

La segunda versión me genera más curiosidad todavía: otra mujer y un hombre. Porque eso significaría la primera vez que estaría con una mujer de verdad, y eso también está en la lista por derecho propio.

He besado a una mujer una vez. En una fiesta, hace varios años, con suficiente alcohol como para no saber con claridad qué era lo que sentí exactamente. Desde entonces me pregunto qué habría pasado si hubiéramos tenido privacidad y ninguna prisa. Si la fiesta no hubiera existido. Si en lugar de separarnos hubiéramos ido a un cuarto y nos hubiéramos desnudado, si yo le hubiera lamido las tetas primero, si ella me hubiera bajado la ropa interior con los dientes, si hubiéramos terminado con la boca de una en el coño de la otra hasta correrse las dos al mismo tiempo.

***

Con mujeres en general: es algo que quiero explorar con calma y sin etiquetas. No sé si me gustaría más o menos que con hombres, o simplemente diferente. Sospecho que una mujer sabría exactamente cómo tocar a otra mujer, porque conoce el terreno desde adentro. Que sabría cuánta presión aplicar en el clítoris, cuándo bajar el ritmo, cuándo meter los dedos y curvarlos. Que sabría chupar unos pezones sin tratarlos como una escala técnica. No lo sé porque todavía no lo he vivido de verdad, y no saberlo genera una curiosidad que a veces se siente como impaciencia.

Lo mismo pasa con la experiencia trans. He conocido chicas trans y hay algo en esa mezcla de familiaridad y diferencia que me resulta genuinamente atractivo. No como fetiche ni como exotismo, sino como curiosidad auténtica. Como ganas de conectar con alguien que vive su cuerpo y su deseo de una manera que yo no conozco todavía.

***

El sexo al aire libre también está en la lista. En un bosque, en una playa de noche, en cualquier lugar donde el techo sea cielo y el suelo tenga textura real. No sé exactamente qué me atrae más de esa idea: si es el riesgo latente de que alguien pase, o la sensación de ser pequeña en un espacio enorme, o simplemente el contraste entre el aire frío de la noche y el calor de dos cuerpos juntos que no quieren separarse. Me imagino en la arena, con la falda subida hasta la cintura, con alguien encima follándome mientras las olas rompen a pocos metros y yo trato de no gritar demasiado fuerte por si viene alguien caminando. Me imagino en el bosque, apoyada contra un árbol, con la corteza raspándome la espalda mientras me lo hace de pie, con una pierna mía enganchada en su cintura y la otra apenas rozando el suelo.

Y en un coche. Ese también. Con todo lo que implica de logística incómoda: los asientos que no cooperan, el espacio insuficiente, las ventanas que se empañan desde adentro. Hay algo en esa incomodidad que lo hace más intenso, no menos. Como si el cuerpo se adaptara a los límites y encontrara ahí algo que no encuentra en la comodidad de una cama bien hecha. Me imagino en el asiento trasero, con la ropa a medio quitar, montándolo a horcajadas mientras el techo del coche me obliga a estar encorvada, con el freno de mano clavándose en algún lado, y sin embargo corriéndome más fuerte que en muchas camas donde todo era perfecto.

***

Escribir esto fue más difícil de lo que pensé al principio.

No porque me avergüencen las fantasías en sí, sino porque articularlas me obliga a reconocer cuántas llevan años esperando. Cuántas veces estuve con alguien y pensé una cosa mientras hacía otra, porque la situación no daba para más o porque no me animé a pedir lo que realmente quería.

Eso también es parte de la confesión: que sigo aprendiendo a pedir. A decir esto sí y esto no, esto más despacio, esto quiero intentarlo, chúpame acá, méteme un dedo mientras me lames. No es que no sepa lo que quiero. Es que a veces el espacio para decirlo no aparece, o cuando aparece ya pasó el momento, o simplemente tengo miedo de que la persona del otro lado lo interprete como una crítica cuando lo único que estoy haciendo es ser honesta.

Tengo veintiocho años y todavía estoy descubriendo mi propio cuerpo. Todavía estoy aprendiendo qué pedir, cómo pedirlo, y con quién vale la pena pedirlo. Y mientras aprendo, sigo explorando, sigo escribiendo, sigo descubriendo qué es lo que mi cuerpo ya sabe y qué tiene todavía pendiente.

Esta fue mi confesión de hoy.

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Comentarios(8)

SolMartinez

sin filtros y sin rodeos, justo como me gusta leerlo!! excelente

martin1010

quede con ganas de mas... Por favor seguí escribiendo, una segunda parte seria increible!

confesando_todo

me animaste a escribir las mias jaja. Siempre creí que ciertas fantasias eran raras pero leyendote me di cuenta que no soy el unico. Muy bueno, de verdad.

elena_lectora

que valiente, no es facil ser tan honesta asi. Me encanto mucho

felipemdz22

me acordé de una situacion parecida que tuve hace años y nunca se la conte a nadie tampoco jaja. Gran relato!

NocheLector77

jajaja cuando creía que terminaba seguía, me tuvo en vilo todo el tiempo. Tremendo

LectorBA_99

esperando mas confesiones!! dale sigue, esto es lo que me gusta encontrar aca

PabloDeNoche

la forma en que lo contaste es muy natural, sin exageraciones ni adornos. Se nota que es genuino

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