Primeras vacaciones con mi novia en la playa
Valen apoyó la mano en mi muslo en mitad de la autopista. Llevábamos cuarenta minutos y ya sabíamos las dos cómo iba a terminar el día.
Valen apoyó la mano en mi muslo en mitad de la autopista. Llevábamos cuarenta minutos y ya sabíamos las dos cómo iba a terminar el día.
Abrí la puerta y algo en su sonrisa me dijo que esa tarde no iba a ser una simple charla entre la novia de mi hijo y su futura suegra.
Fui a cambiarme los zapatos y terminé espiando al matrimonio dueño de la finca. A la mañana siguiente, su hija y su madre hicieron que yo también participara.
Cuando vi la foto de su barriga redonda en el chat, debería haber roto el teléfono. En vez de eso abrí el cajón, saqué el vibrador y empecé a imaginar.
Le había pedido el vestido azul y nada debajo. Cuando subió al coche y cruzó las piernas, supe que esa noche iba a obedecer todo lo que se me ocurriera.
Me puse los pantalones más ajustados que tenía y no usé nada debajo. Lo que vino después fue un secreto que solo yo conocía mientras trabajaba.
Sabía que meternos juntas al probador no iba a terminar en una simple prueba de ropa. Con Lara nunca terminaba así.
Pusimos música bajita, apagamos las luces y nos prometimos que lo que se dijera esa noche no saldría de ahí. La promesa más difícil de cumplir.
Una cala escondida, un mirador sobre el mar y una apuesta: él tenía un minuto para hacerla llegar antes de que los pillaran.