La travesti que nadie me avisó que vendría
Carmen y yo teníamos todo listo cuando Sofía llegó al estudio. Era tan guapa que no pude dejar de mirarla. Nadie nos había dicho lo que encontraríamos bajo su lencería.
Carmen y yo teníamos todo listo cuando Sofía llegó al estudio. Era tan guapa que no pude dejar de mirarla. Nadie nos había dicho lo que encontraríamos bajo su lencería.
Llegué antes que Daniela y una chica me ofreció copa en la barra. No sabía que esa noche acabaríamos las tres en una cama, haciendo cosas que ninguna tenía en mente.
Quedamos solos en el gimnasio, él me dijo algo sobre mi cuerpo y todo cambió. Esa tarde en el vestuario fue exactamente lo que siempre quise que pasara.
Llevaba semanas hablando con él en la app, pero hasta esa noche nunca habíamos quedado. Tenía la imagen de su cuerpo grabada y una erección que no me dejaba pensar.
Cuando la tijera terminó su trabajo, el espejo le devolvió una mirada que no era del todo suya. Y la voz que escuchó en ese salón no lo dejó en paz.
La peluca, el vestido y los tacones estaban en el cajón de mi escritorio. Mi jefe lo sabía desde hacía meses. Y eso cambiaba todo lo que pasaba entre nosotros.
Cuarenta y tres grados, las cuatro de la tarde, y ella asomada al balcón con la camisola pegada al cuerpo, sabiendo perfectamente que iba a hacerme subir cinco pisos.
Venía todas las noches al bar, se sentaba en el mismo lugar y no molestaba a nadie. Solo la miraba. Y Sofía, que ya había visto de todo, empezaba a devolver la mirada.
Andrés estaba de viaje y yo llevaba puesta mi falda nueva. Cuando sonó el timbre y vi a mi tío en la puerta, supe que mi secreto había terminado.
Rodrigo tenía dos dedos dentro de mí cuando mamá salió del baño. Lo que vino después no lo había planeado nadie.