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Relatos Ardientes

Cuando trajeron al chico del cine a casa esa noche

Marina estaba sentada en el sofá de cuero negro con las piernas abiertas en V descarada. La luz baja del salón le iluminaba el coño hinchado, todavía rebosante de la mezcla espesa que los dos hombres le habían dejado en el cine y en la primera ronda dentro de casa. Las medias rotas a la altura de la entrepierna le colgaban como cintas inútiles, pegoteadas por la humedad. Las tetas pesadas le subían y bajaban con cada respiración profunda, los pezones duros como guijarros, brillando todavía con saliva seca y restos blancos. Tenía la cara marcada por chorros viejos y los labios hinchados de tanto chupar.

Miraba a los dos hombres con los ojos vidriosos, satisfecha pero todavía hambrienta. Las uñas se le clavaban en el cuero del sofá. La voz le había quedado ronca y rota de tanto gritar.

—Esta vez sin medias tintas —dijo, y se separó los labios mayores con dos dedos para mostrar el interior rojo y chorreante—. Os quiero a los dos dentro de mí al mismo tiempo. Quiero sentir cómo vuestras pollas se rozan a través de la pared. Quiero que me reventéis hasta que mañana no pueda cerrar las piernas. Y mientras me folláis, quiero que os toquéis. Que os beséis. Que os comáis si os apetece. Sin vergüenza. Sin freno.

Mateo seguía jadeando en el otro extremo del sofá. La polla, larga y venosa, semidura, le colgaba entre los muslos jóvenes. Tragó saliva audible. En los ojos le brillaba algo que ya no podía esconder: una mezcla de miedo, vértigo y curiosidad oscura. Miró a Diego, que se limpiaba la barba plateada con el dorso de la mano. La polla gruesa de Diego latía visible, morada, goteando precum sin parar.

—No sé si voy a poder con tanto —murmuró Mateo, y la voz le tembló—. Nunca he… con un tío. No sé hasta dónde puedo llegar.

Diego se acercó despacio. Se sentó al lado del chico y le apoyó la mano grande y callosa en el muslo interno, rozándole los huevos sin apretar. Solo un roce cálido y firme. La polla de Mateo dio un salto.

—Nadie te obliga a nada, chaval —le dijo con voz grave, casi paternal pero cargada de deseo—. Pero mírate. Se te pone más dura cada vez que ella habla de los dos dentro. Cada vez que te lamo los huevos o cuando mi polla roza la tuya. Y a mí me pone enfermo de ganas. Verte follar a mi mujer. Verte correrte dentro de ella. Verte gemir cuando te chupo. Si quieres probar más, prueba. Si no, paramos donde tú digas. Pero no te vayas mañana arrepintiéndote de no haberlo intentado. Esta noche es para romper todo lo que quede.

Marina gateó por la alfombra hasta quedar entre las piernas abiertas de los dos. Agarró las dos pollas con las manos: la de Mateo, larga y juvenil, ya endureciéndose en su palma caliente; la de Diego, gruesa y madura, latiendo con fuerza contra los dedos. Las masturbó despacio, recogiendo el precum con los pulgares y untándolo por las cabezas hinchadas hasta que las dos brillaban iguales bajo la luz amarilla del salón.

—Mirad —susurró con la voz ronca—. Las dos duras por mí. Por nosotros. Quiero chuparlas juntas. Quiero que os beséis encima de mí mientras os la tengo en la boca a la vez.

Se inclinó y se metió las dos puntas en la boca al mismo tiempo. La lengua bailó entre las dos cabezas, succionando el precum salado y dulce mezclado, los labios estirados al límite alrededor del doble grosor. Mateo y Diego se miraron un segundo, dudando. Diego se inclinó primero. Le besó al chico despacio: labios contra labios, la barba raspando la piel lampiña, la lengua entrando profunda. Mateo respondió tímido al principio, después con hambre cruda. Las lenguas se enredaron, los gemidos quedaron ahogados contra la boca del otro mientras Marina chupaba con saña, alternando una polla y otra, con la mano masturbando la que quedaba libre, la saliva cayéndole en hilos por la barbilla y las tetas.

Diego rompió el beso. Miró a Mateo con los ojos oscuros y hambrientos.

—Chúpamela, chaval. Quiero sentir tu boca mientras ella te abre el culo con los dedos.

Mateo dudó un segundo más, pero la excitación lo arrastró. Se arrodilló en el suelo, frente a Diego sentado en el borde del sofá. Marina se colocó detrás del chico, escupió en sus dedos y le metió dos de golpe en el ano apretado. Mateo gruñó, una mezcla de dolor y vértigo, pero se inclinó y tomó la polla de Diego en la boca. La lengua trazó la vena gruesa, los labios chuparon la cabeza hinchada, la garganta se abrió hasta atragantarse con la mitad. Diego le agarró el pelo y le folló la boca con embestidas cortas, controladas, sin pasarse.

—Así, chaval. Trágatela. Joder, qué boca tan caliente y húmeda.

Marina le metió un tercer dedo, los giró dentro, frotándole la próstata con saña. Mateo gimió alrededor de la polla de Diego, la baba cayéndole por la barbilla, la suya propia dura como piedra latiendo entre las piernas, soltando precum que le manchaba los muslos y la alfombra.

Marina no aguantó más. Se tumbó en el sofá boca arriba, abrió las piernas en V extrema, el coño y el culo expuestos y chorreando.

—Los dos dentro —ordenó con la voz quebrada—. Mateo en el coño. Diego en el culo. Folladme juntos. Ya.

Mateo se colocó primero. La polla larga entró en el coño hinchado y lleno hasta los huevos, y un gemido compartido resonó en el salón. Diego se puso detrás, escupió en su polla gruesa, alineó la cabeza con el ano dilatado y empujó. Sintió la resistencia un instante. Después entró entero, y al hacerlo notó cómo la polla de Mateo le rozaba la suya a través de la carne fina y caliente. Marina gritó ronco. El cuerpo le tembló entero, las tetas rebotando con cada embestida sincronizada.

—Más fuerte… joder… destrozadme… rozad vuestras pollas dentro de mí… correos juntos… llenadme hasta que rebose por las piernas…

Las embestidas se volvieron brutales y descoordinadas. Mateo aceleraba en el coño, los huevos golpeando el perineo. Diego le reventaba el culo con fuerza madura, sintiendo cada latido de la polla joven contra la suya. Marina metió la mano entre las piernas y se frotó el clítoris con furia salvaje. Con la otra se pellizcaba los pezones hasta dejarlos rojos e hinchados.

Mateo se inclinó hacia adelante por encima del hombro de Marina y besó a Diego otra vez. Las lenguas se enredaron sin freno mientras la seguían follando sin piedad. La fricción dentro era insoportable. Las pollas rozándose, el calor apretado, los gemidos ahogados contra la boca del otro.

Marina se corrió la primera. Un alarido animal que casi tapó la película de acción que seguía sonando de fondo. El squirt salpicó el abdomen de Mateo. El coño y el culo se le contrajeron como tenazas alrededor de las dos pollas, ordeñándolas con espasmos violentos. Mateo no resistió más. Empujó hasta el fondo y descargó con un grito roto y profundo. Los chorros calientes y juveniles llenaron el coño hasta rebosar, goteando por el culo donde Diego seguía bombeando sin parar.

Diego sintió la contracción y el semen ajeno rozándole. Salió del culo de Marina y se masturbó furioso a dos manos. Descargó sobre la cara de ella. Los chorros gruesos y abundantes le pintaron las mejillas, la nariz, los labios entreabiertos. Una parte se le coló dentro de la boca y le chorreó por la barbilla hasta el cuello. Marina tragó lo que pudo. El resto le resbaló por las clavículas en hilos pegajosos y se le quedó secándose entre las tetas.

—No paréis —gimió ella, todavía temblando—. Otra vez. No me dejéis vacía.

***

Cambiaron de posición sin hablar. Mateo se tumbó en el sofá. Marina se montó a horcajadas y se ensartó la polla del chico en el coño rebosante. Diego se colocó detrás, le metió la polla en el culo ya dilatado y chorreando. Doble penetración otra vez, pero más salvaje. Las embestidas descoordinadas, las pollas chocando dentro, Marina gritando sin control. Las uñas se le clavaron en el pecho de Mateo y le dejaron surcos rojos.

—Rozad… joder… sentid vuestras pollas latiendo juntas… reventadme… quiero que os corráis otra vez… dentro y fuera… pintadme entera…

Diego alargó la mano y agarró la polla de Mateo desde abajo, masturbándola entre los empujes mientras entraba y salía del coño de Marina. Mateo hizo lo mismo. Le rodeó la base a Diego y sintió el tronco grueso y venoso latir contra la palma. Se miraron por encima del hombro de Marina entre las embestidas. No hizo falta decir nada.

Marina explotó otra vez. Un orgasmo múltiple que le sacudió la columna entera. El squirt le salpicó los muslos y manchó el cuero del sofá. El cuerpo se le convulsionó entre los dos hombres. Los gritos roncos se mezclaron con los disparos y las explosiones de la película que seguía sonando en la tele.

Los dos se corrieron casi al unísono. Mateo descargó dentro del coño otra vez, los chorros calientes desbordando ya por los lados. Diego rebosó por el culo con un gruñido sordo, el semen abundante saliéndose por el borde y goteando por los muslos de Marina hasta los tobillos.

Se derrumbaron los tres encima del sofá: cuerpos sudados, pegajosos, cubiertos de jugos y semen viejos y nuevos. Marina quedó en medio, con la cara pintada, el coño y el culo chorreando sin parar, las tetas marcadas de mordidas y pellizcos, las medias rotas colgándole de las piernas como trofeos. Respiraba hondo. Sonreía con los labios manchados.

—Joder, qué noche —jadeó. Se pasó la lengua por los labios y saboreó la mezcla de los dos—. ¿Mañana repetimos? Con más amigos del cine si os apetece. O solos. Pero repetimos.

Diego se inclinó por encima del pecho de Marina, agarró a Mateo por la nuca y volvió a besarlo. Lengua con lengua, la barba raspándole la piel joven, sin prisa.

—Mañana —dijo cuando se separó—. Y pasado. Y todas las noches que tú quieras, chaval.

Mateo no contestó. Solo sonrió, los párpados pesados, la polla todavía latiendo débil contra el muslo de Marina. En la tele, los créditos empezaban a subir despacio sobre un fondo negro, y nadie se molestó en apagarla.

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Comentarios (5)

NachoMDP

buenisimo!!! relato corto pero muy intenso, sigue subiendo mas

Luli_mdq

Por favor que haya segunda parte, me dejo con muchas ganas jaja

Peli_fan22

la pelicula de accion de fondo fue un detalle muy bueno, le dio ese toque raro que lo hace diferente a otros

Tomas_BsAs

Que personaje Marina, de verdad. Narrás muy bien, se siente autentico. Seguí contando sus historias por favor

Marce_sur

me recordo a una situacion parecida que me paso hace unos años, aunque mucho mas tranquila jaja. muy bueno

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