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Relatos Ardientes

Lo que pasó en la cala secreta nos cambió a todos

La travesía empezaba a mediodía y, mirando al grupo subir al yate desde el muelle de Barcelona, nadie habría dicho que aquello era una reunión de directivos. El barco se llamaba Valkyria, cuarenta y cinco metros de eslora, blanco impecable, con rumbo previsto a Málaga y una escala «técnica» en una cala diminuta de la costa ibicenca. Esa escala iba a durar mucho más de lo que figuraba en el itinerario.

Damián Solís llevaba el timón los primeros minutos como si el mar le perteneciera. Cuarenta y un años, un metro setenta y siete, complexión trabajada sin caer en lo aparatoso. Lo distinguían dos largas trenzas rubias con mechones grises plateados que le caían sobre los hombros, los lados de la cabeza rapados al cero y la tinta que le subía por los antebrazos hasta el pecho, donde un lobo de mandíbulas abiertas parecía gruñir cada vez que respiraba hondo. Llevaba solo un bañador negro corto. No hacía esfuerzos por disimular nada.

Lucía Martín, la co-CEO, treinta y tres años, llegó con dos copas de vino blanco y una sonrisa que ya prometía problemas. Bikini negro mínimo, piel morena dorada, caderas anchas y un cabello negro ondulado que se rizaba con la humedad del mar. Cuando se inclinó para dejar las copas sobre la mesa de teca, todo a bordo cambió de temperatura.

—¿Lista para la «estrategia de equipo»? —preguntó Damián, sin soltar el timón.

—Llevo lista desde que firmamos esta excursión —respondió ella, mordiéndose el labio inferior—. Y sospecho que no soy la única.

No lo era.

***

El equipo a bordo de la Valkyria estaba elegido con un cuidado que ninguno de los implicados habría admitido en voz alta delante de Recursos Humanos. Costa Bravía Sports —la multinacional deportiva que Damián y Lucía habían levantado en seis años— se había convertido en una empresa donde el talento iba acompañado de cierta presencia física. Esa escapada anual era el único lugar donde la directiva soltaba el lazo.

Carla Vidal, directora de eventos, veintiocho años, un metro sesenta y ocho, atlética como la triatleta que era los fines de semana. Bikini rojo, piel clara con pecas en los hombros y un cabello rubio corto que se ahuecaba con el viento. Hablaba mirando a los ojos de un modo que descolocaba.

Bianca Reyes, marketing digital, treinta años. Curvas pronunciadas, bikini blanco que le costaba contener el pecho, melena negra hasta media espalda y unos labios gruesos que parecían decidir por sí solos cuándo abrirse en una sonrisa traviesa.

Iván Castro, operaciones, treinta y seis años, un metro ochenta y cinco. Moreno, fornido, barba de tres días, abdomen tensado bajo un bañador gris ajustado. Hablaba poco y observaba mucho.

Hugo Méndez, innovación tecnológica, veintisiete. Más esbelto, hombros de nadador, sonrisa fácil. El benjamín de la directiva.

El capitán, Néstor Aguirre, cuarenta y cinco, barba canosa y manos curtidas. La camarera Paula, veinticinco; y el camarero Sergio, veinticuatro. Tripulación habitual de la Valkyria. Todos habían firmado en su día un acuerdo de confidencialidad redactado por el equipo legal de Costa Bravía, y ese acuerdo iba a ganarse el sueldo del año.

***

La primera hora de navegación fue casi inocente. Casi.

Carla se subió a la tumbona de proa con un libro que no abrió ni una sola página. Bianca cruzaba y descruzaba las piernas en el sofá de popa cada vez que Damián volvía la cabeza. Iván, sentado al lado de Hugo en el lounge, no hizo el menor esfuerzo por disimular la erección que se le marcaba bajo el bañador gris. Hugo apartaba la vista, sonreía, y le rozaba el muslo a Iván «sin querer» cada dos minutos.

—¿Y bien, jefes? —dijo Carla levantando la copa—. ¿En qué consiste exactamente la «sesión de brainstorming» de esta tarde?

Lucía cruzó una mirada con Damián. Él dejó el timón a Néstor y se sentó en el sofá grande, las piernas abiertas, la mano apoyada en el muslo de Lucía cuando ella se acomodó a su lado.

—La idea era hablar de la apertura en Andalucía —empezó él, con voz ronca—. Pero llevamos seis horas a bordo y nadie ha mencionado un solo número. Creo que el cuerpo de la junta nos está pidiendo otra cosa.

Bianca se atragantó con el vino. Iván esbozó una sonrisa lateral.

—¿Qué propones? —preguntó Carla, fingiendo no entender nada.

—Propongo que dejemos de fingir —dijo Lucía, y se quitó la parte de arriba del bikini sin más ceremonia.

Sus pechos morenos quedaron al sol. Pezones oscuros, ya endurecidos por la brisa o por la mirada de cinco personas que de pronto no respiraban. Lucía se giró hacia Damián, se sentó a horcajadas sobre él y le besó. Beso largo, sucio, con la lengua y los dientes. La mano de él viajó directamente a la nuca de ella; las trenzas rubias le cayeron sobre el pecho.

—Las normas son sencillas —dijo Lucía cuando soltó la boca de su socio, sin moverse de su regazo—. Lo que pasa a bordo se queda a bordo. Si alguien se baja, se baja entero, no a medias. Y nadie hace lo que no quiera.

Bianca dejó la copa sin terminar.

—Yo entré a este barco con una idea muy clara —dijo, levantándose del sofá—. Y desde luego no era irme con sed.

Cruzó la cubierta hasta Damián, se inclinó por encima del hombro de Lucía y le pasó la lengua por el cuello, justo donde empezaba el tatuaje del lobo. Damián cerró los ojos un segundo.

***

Néstor redujo la marcha. La Valkyria entró en una bahía pequeña, escondida entre acantilados rojizos, accesible solo desde el mar. Cala dels Pins, la llamaban los pocos que la conocían. Aguas turquesa, fondo de arena, cero presencia humana en kilómetros.

El ancla cayó al agua y, con ella, los últimos pretextos.

Carla se desató el bikini rojo y lo lanzó por encima de la barandilla. Saltó al sofá de popa de un brinco y se quedó arrodillada frente a Iván, que la miraba como si llevara meses esperando ese momento concreto. Le bajó el bañador con las dos manos. La polla de Iván salió tensa, gruesa, ya goteando. Carla la sostuvo un segundo en la mano antes de metérsela en la boca, hasta el fondo.

—Joder, Carla —murmuró Iván, agarrándole el pelo corto.

A dos metros, Hugo no aguantó más. Se quitó el bañador, se sentó a horcajadas sobre el muslo de Iván y le ofreció su propia polla a Carla, que sin soltar a Iván giró la cabeza y empezó a alternar entre los dos. Iván tiró de la nuca de Hugo y le besó. Beso de hombre que llevaba meses queriendo besar a otro hombre y nunca había encontrado la excusa.

En el sofá grande, Damián desató el bikini de Lucía y, mientras la besaba de pie, Bianca se arrodilló entre los dos y empezó a chuparle la polla a su jefe sin pedir permiso. Damián gruñó algo en voz baja. Lucía agarró a Bianca del pelo, le subió la cara y la besó también, mientras los dedos de Damián se hundían entre las piernas de su socia y la otra mano apretaba uno de los pechos enormes de Bianca.

—Tú detrás de ella —le dijo Lucía a Damián, señalando a Bianca—. Yo arriba. Quiero veros desde aquí.

Lucía se sentó en el respaldo del sofá. Bianca se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre los muslos de su jefa, y lamió. Damián se colocó detrás, le apartó la braga del bikini blanco con dos dedos y la penetró de una embestida lenta, larga, completa. Bianca gimió contra el sexo de Lucía, y Lucía echó la cabeza atrás contra la barandilla y cerró los ojos.

Esto no es una junta directiva, pensó Damián mientras seguía empujando. Esto es otra cosa, y ya no hay vuelta.

***

A esas alturas el yate entero se había convertido en un único cuerpo en movimiento.

Paula, la camarera, había dejado la bandeja en algún momento sin que nadie lo notara. Apareció desnuda en la cubierta, con los pechos altos y firmes, y se acercó al puente. Néstor seguía de pie frente al timón cuando ella se le arrodilló delante y le bajó el short blanco. Sergio llegó por detrás de Paula, le acarició la espalda con las dos manos y se hundió en ella sin decir una palabra. Néstor agarró el pelo de la chica con la misma firmeza con la que llevaba el barco. Los tres se quedaron así, en silencio salvo por la respiración.

Damián, sudado, con las trenzas pegadas al cuello y los tatuajes brillando a la luz del atardecer, salió de Bianca y miró a Lucía.

—Ven —le dijo.

Lucía bajó del respaldo. Damián la inclinó sobre la barandilla de popa, las dos manos de ella aferradas al metal caliente. La cala se extendía detrás como una postal absurda. Damián la penetró de espaldas, agarrándole una trenza propia con la mano izquierda como si fuera una rienda. Lucía se rio entre dientes, gimió, se mordió el dorso de la mano, le pidió más fuerte. Bianca se arrodilló debajo de ella y empezó a lamerle el clítoris mientras Damián seguía empujando.

A unos metros, Carla acabó tumbada en el sofá con Hugo encima e Iván de pie junto a su cabeza. Ella alternaba entre la polla de Iván en la boca y los dedos de Hugo dentro. Hugo le miraba la cara con una concentración casi tierna, atento a cada cambio de expresión, ajustando el ritmo. Iván tenía una mano sobre el hombro de Hugo. La otra recorría el pecho pequeño y perfecto de Carla.

***

El sol bajó. Las sombras de los acantilados rojizos empezaron a alargarse sobre el casco. Nadie había mirado el reloj en horas.

Hubo intercambios. Damián se separó de Lucía y terminó cogiendo a Bianca contra el palo de la cubierta, mientras Lucía se metía bajo el cuerpo de Carla en el sofá y empezaba a comerle el sexo con una calma que contrastaba con la urgencia del resto. Iván encontró a Hugo de pie en la zona de proa y los dos se enroscaron en un abrazo medio inocente medio descarado, besándose como adolescentes durante un buen rato antes de pasar a otra cosa. Sergio y Paula compartieron a Néstor en el puente, y el capitán —que probablemente había visto cosas peores en sus veinte años de mar— terminó riéndose en voz baja entre los dos.

Cuando Damián se vino, lo hizo sobre los pechos de Bianca y de Lucía, que se habían colocado juntas para recibirlo. Las dos se miraron, se rieron, se lamieron mutuamente con una complicidad nueva. Carla tuvo dos orgasmos seguidos, el segundo casi callado, solo un temblor largo. Iván se vino dentro de Hugo. Paula terminó tumbada sobre la cubierta con Sergio acariciándole el pelo y Néstor sentado al lado, encendiendo un cigarrillo en silencio.

Nadie habló durante un buen rato.

***

El sol ya estaba bajo cuando Lucía, todavía desnuda, se levantó a buscar agua. Volvió con una bandeja improvisada de botellas frías y se la pasó al grupo en silencio. Damián la atrajo del codo y la sentó en su regazo, ya sin urgencia.

—Esto era solo la escala —murmuró él contra su oído, jugando con una de sus propias trenzas, enredándole la punta entre los dedos—. Mañana llegamos a Málaga. La multinacional va a recordar este viaje durante mucho tiempo.

Lucía sonrió. Tenía marcas rojas en las caderas, semen secándose en el pecho, una sonrisa que no se parecía a la que había llevado en el muelle. Le pasó un dedo a Damián por el labio inferior y se lo llevó después a la boca.

—No te emociones, vikingo —le dijo en voz baja—. Esto no termina aquí, pero no manda tu polla. Esto lo decidimos los dos, como todo.

Damián se rio. Lucía también.

A su alrededor, el resto del equipo seguía repartido en pequeños grupos por la cubierta de la Valkyria. Bianca apoyada contra el pecho de Iván, Carla y Hugo enredados en una toalla, Paula y Sergio compartiendo la última copa con Néstor. La cala dels Pins seguía vacía. El mar seguía siendo turquesa. El acuerdo de confidencialidad seguía valiendo lo que pesaba.

Lo que pasó a bordo no salió de allí. Pero pasó.

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Comentarios (7)

Gaston_MDQ

Buenisimo!!! uno de los mejores que lei en mucho tiempo

Marcos_BCN

Por favor seguí con esto, quede con muchas ganas de saber que paso despues entre todos. Segunda parte!

NicoV_arg

Me recuerda a unas vacaciones en Menorca hace unos años... esas situaciones se dan mas de lo que la gente cree jaja

AndreaCba

¿Esto paso de verdad? Se siente muy autentico. La tension que describe desde el principio es perfecta, se te mete adentro

confesor77

Tremendo. El Mediterraneo y un velero... combinacion explosiva. Espero la continuacion

SolRomero

Me encanto como lo contaste, sin ser burdo pero diciendo todo. Eso es lo mas dificil de lograr y aca lo lograste. Sigue subiendo

LectorNocturno22

increible!!!

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