La excusa que usó para subirse a mi coche
Cuando se desabrochó el botón del pantalón en el asiento del copiloto, supe que esa tarde no iba a llegar a casa por el camino más corto.
Cuando se desabrochó el botón del pantalón en el asiento del copiloto, supe que esa tarde no iba a llegar a casa por el camino más corto.
Bajé al evento solo por la banda, pero terminé sentada sobre las piernas del único hombre del salón al que llevaba semanas evitando con la mirada.
Mintió delante de todos en el estacionamiento para subirse a mi coche. Antes de salir de la ciudad, ya había buscado mi mano. Y yo tampoco quería volver a casa así.
Cuando le dije que se dejara llevar, no imaginé que esa noche Valeria iba a convertirse en la protagonista más inesperada de toda la reunión.
Apenas salimos del estacionamiento, ella ya tenía la mano bajo la ropa. «Busca un camino donde podamos parar», me dijo con los ojos cerrados.
Cuando apagué el motor en aquel camino sin salida, ella ya se había bajado el cinturón y abierto el botón del pantalón. Y no habíamos cruzado una sola palabra.