La habitación compartida que nos cambió para siempre
Cuando cerré la puerta y los vi a los dos mirándome en silencio, supe que esa noche iba a cruzar una línea que llevaba semanas deseando.
Cuando cerré la puerta y los vi a los dos mirándome en silencio, supe que esa noche iba a cruzar una línea que llevaba semanas deseando.
Lucía soltó el timón, se apoyó contra mi pecho y sentí cómo movía las caderas buscando lo que ya no podía disimular bajo el bañador.
Cuando le vendé los ojos con la servilleta y le dije que abriera las piernas, supe que aquella noche iba a superar con creces a la primera.
Fuimos a la playa nudista a relajarnos. Lo que empezo con miradas furtivas termino con ella gimiendo entre desconocidos mientras yo no podia dejar de mirar.
Sobre la almohada encontré un sobre con una dirección, una hora y una frase que me hizo temblar. No sabía que él lo había organizado todo.
Le di permiso para estar con otro. Lo que no esperaba era quedarme pegado al telefono, escuchando todo, sin poder colgar.
Marcos se quitó la ropa con naturalidad. Lucía no se cubrió con toalla. La luz rojiza del pasillo convirtió su cuerpo en una invitación silenciosa.
Lucía se subió la falda sin mirarme, como si ya hubiera decidido por los dos. El extraño sonrió y cerró la puerta del baño con llave.
Todo empezó la noche en que descubrí que mi madre llevaba meses acostándose con el hombre del que yo estaba enamorada.
Tres activos, un cubículo y yo boca arriba con las piernas en alto. La mejor noche de mi vida en la sauna.
Vivir bajo el mismo techo con dos hombres hambrientos y ser la única mujer de la casa tiene sus consecuencias.