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Relatos Ardientes

La noche que convirtieron a Bruno en su esclavo

Para cuando la puerta de la habitación 412 se abrió por tercera vez aquella noche, Bruno ya había dejado de contar las horas. Estaba en el suelo, sobre la moqueta áspera, con la espalda apoyada en el pie de la cama y el cuerpo entero temblando de cansancio. Lorena y su novio seguían en el sillón del rincón, vestidos, observándolo como quien mira un programa que no termina de aburrirlo. Bruno solo quería que alguien lo dejara dormir.

No iba a pasar.

La que entró fue Renata. La misma de la primera ronda, la morena de pecho grande y mirada oscura que reía cada vez que él obedecía. Traía una botella de licor barato en la mano y una sonrisa torcida que no prometía descanso. Cerró la puerta con el talón sin apartar los ojos de él.

—Mira quién sigue respirando —dijo, y dio un trago largo antes de pasarle la botella a Lorena.

Lo llamaban «el esclavo» desde el principio de la noche. Bruno había llegado a ese hotel por su propia voluntad, atraído por un anuncio y por una curiosidad que llevaba años negándose, y ahora esa curiosidad lo tenía desnudo en el suelo, con la cara todavía pegajosa y las rodillas marcadas por la moqueta. No era la primera vez que fantaseaba con perder el control. Sí era la primera que alguien se lo quitaba de verdad.

Renata se acercó y le empujó el vientre con la punta del pie descalzo. No fue un golpe, fue un recordatorio. A Bruno se le escapó un gemido sin permiso.

—Te eché de menos —dijo ella, y empezó a desabrocharse la blusa con una lentitud calculada—. Pero esta vez quiero algo distinto. Y tú me vas a ayudar.

Giró la cabeza hacia la pared. Apoyadas contra ella, fumando un cigarrillo a medias, estaban Vera y Daniela, las dos chicas trans que habían dirigido buena parte de la velada. Vera tenía los brazos cubiertos de tatuajes y una calma que daba más miedo que cualquier grito. Daniela observaba con esa mezcla de aburrimiento y hambre que él ya había aprendido a temer.

—Tú —le dijo Renata a Vera, señalándola con un gesto del mentón—. Ven aquí.

Bruno cerró los ojos un segundo. Otra vez no, pensó. Por favor, otra vez no. Pero el pensamiento no era del todo sincero, y ellas lo sabían mejor que él.

***

Renata se subió a la cama y se colocó a cuatro patas, con la cadera en alto y la mirada fija en Bruno por encima del hombro. Se había quitado los vaqueros de un tirón y los había dejado caer al borde del colchón.

—Tú me vas a follar como un hombre —le dijo a Vera, mientras se relamía—. No como este pobre desgraciado.

El desprecio iba dirigido a él, y lo curioso es que lo encendió. Bruno había pasado toda su vida adulta siendo el que decidía, el que mandaba en la oficina, el que pagaba las cuentas y cargaba con todo. Allí, en el suelo de aquella habitación, alguien por fin había decidido por él, y su cuerpo respondía con una claridad que su orgullo no quería admitir.

Vera se acercó sin prisa. Se humedeció la mano, se acomodó detrás de Renata y entró en ella de un solo movimiento firme. Renata soltó un grito agudo que rebotó contra las paredes finas del hotel y empujó las caderas hacia atrás, buscando más.

—Así, joder, así —jadeó.

Bruno se quedó quieto, esperando, porque para entonces ya había entendido que esperar también era parte del juego. Renata no lo dejó esperar mucho.

—Ven aquí —ordenó, y estiró el brazo para agarrarlo del pelo—. Túmbate debajo de mí.

Lo arrastró sin delicadeza hasta que él quedó tendido bocarriba, con el cuerpo de ella encima y su sexo a centímetros de su cara. El olor le llenó la nariz, denso y caliente. Vera la seguía embistiendo desde atrás, y cada golpe la hacía descender un poco más sobre él.

—Lámeme mientras me folla —dijo Renata—. Y hazlo bien, o le digo a Daniela que busque el cinturón.

Bruno obedeció. Sacó la lengua y la pasó entre los labios mojados de ella, primero con torpeza, después con una entrega que lo sorprendió a él mismo. El sabor era intenso, ácido, mezclado con el sudor que goteaba de un cuerpo al otro. Renata gemía más fuerte, atrapada entre la verga de Vera y la boca de él, restregándose como si quisiera borrarle la cara.

—Más rápido, inútil.

Una bofetada le cruzó la mejilla y el ardor le corrió hasta la oreja. No paró. Lamió, chupó, buscó el ritmo de aquellas caderas y se acopló a él, y su propio cuerpo se endureció contra el suelo a pesar de la humillación, o quizá precisamente por ella. Esa fue la lección de la noche: que la línea entre lo que temía y lo que deseaba era mucho más fina de lo que había creído.

***

Vera aceleró. Sus embestidas hacían crujir la cama y temblar a Renata, que apretó los dedos contra las sábanas y bajó la voz hasta convertirla en un susurro venenoso.

—Cuando estés por terminar —le dijo a Vera—, asegúrate de que este cerdo lo reciba.

Vera asintió sin dejar de moverse. Bruno sentía, desde abajo, cómo el peso de su cuerpo le rozaba la barbilla con cada golpe, caliente, insistente. No tenía escapatoria, y para ser honesto consigo mismo, tampoco la buscaba ya. Había algo en rendirse del todo, en dejar de fingir que aquello no le gustaba, que lo soltaba por dentro de una manera que no había sentido nunca.

—Lámela a ella también —ordenó Renata, empujándole la cabeza hacia un lado—. Que sepa que estás aquí para servir.

Bruno estiró la lengua hacia Vera mientras ella seguía dentro de Renata, y el gesto la hizo gruñir. El placer le subió por la espalda como una corriente; se notó en la forma en que sus dedos se clavaron en las caderas de Renata, en cómo su ritmo se volvió más brusco, menos preciso.

—Abre la boca —dijo Vera, y la voz le salió ronca.

Salió de Renata con un movimiento rápido y agarró a Bruno del pelo antes de que él pudiera reaccionar. Lo que vino después fue brutal y breve. Le llenó la boca, espeso y amargo, hasta que se le derramó por la comisura y la barbilla. Bruno se atragantó, las arcadas le sacudieron el pecho, pero Vera lo sostuvo ahí, firme, obligándolo a tragar mientras Renata se reía a carcajadas desde el borde de la cama.

—Qué buena perra resultaste, esclavo —dijo Renata, y bajó de la cama para hundirle el pie en las costillas, sin fuerza real, solo para marcar quién mandaba.

Vera lo soltó y lo dejó caer de lado sobre la moqueta. Bruno se quedó ahí, jadeando, con la cara empapada y el cuerpo deshecho, mientras Lorena y su novio aplaudían desde el sillón como si acabaran de ver el final de una función. Daniela lo miraba desde la pared con una sonrisa que decía, sin necesidad de palabras, que su turno llegaría.

***

Renata se agachó frente a él y le sujetó la cara con una mano, obligándolo a mirarla. Tenía la respiración todavía agitada y el maquillaje corrido, y aun así seguía siendo la persona con más control de toda la habitación.

—No te confundas —dijo en voz baja, casi con dulzura—. Esto que sentiste, esta libertad de no tener que decidir nada, esto es lo que viniste a buscar. Y nosotras te lo damos. Eres nuestro. Hasta que decidamos lo contrario.

Bruno asintió. No por miedo, sino porque era verdad y los dos lo sabían. Durante años había sostenido una vida entera sobre los hombros, y aquella noche, en el suelo de una habitación de hotel que olía a sudor y a licor barato, alguien por fin le había quitado el peso de encima a cambio de su dignidad. Era un intercambio que, para su propia sorpresa, no lamentaba haber hecho.

—Descansa —dijo Renata, incorporándose—. Daniela todavía no ha jugado contigo, y la noche es larga.

Bruno cerró los ojos. Oyó el roce de la ropa, el clic del mechero, el murmullo de las voces que decidían qué harían con él a continuación. Una parte de él, la que había llegado allí con la corbata floja y el orgullo intacto, ya no existía. La otra, la que se quedó tirada en la moqueta esperando órdenes, respiraba despacio y, por primera vez en mucho tiempo, no sentía la necesidad de controlar absolutamente nada.

La puerta no se abrió de nuevo enseguida. Pero él sabía que lo haría, y por una vez en su vida no quiso adelantarse a lo que vendría. Solo esperó, en silencio, listo para lo que ellas decidieran.

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Comentarios (6)

GatoNocturno22

buenisimo!!! uno de los mejores que lei en mucho tiempo

Flavio_bsas

Por favor seguilo, quede con muchas ganas de saber como termina todo esto

NachoDelValle

La tension que le das al relato es increible, se siente todo muy real. Sigue asi!

Nocturnox33

tremendo jajaja Bruno no sabia en lo que se estaba metiendo

CarlaBS

Me encanto, aunque se hizo corto. Esperando la continuacion :)

DiegoK_Rdl

Muy buen relato, el ritmo esta bien logrado. Me tuvo enganchado de principio a fin

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